Una sola historia, un solo espacio construido que la relata

Se trata de considerar un continuum“, que no eluda lo que el hombre, con sus méritos y bajezas es capaz de realizar. No hay dos asentamientos, hay uno que carga la paradoja de esas mutaciones del espacio construido. No hay una América que murió y otra que nació en 1492: hay un continente nacido de una feroz mixtura que hasta el presente nunca termina de construirse en su eterno y doloroso parto.

Cuando la historia mundial es considerada cronológicamente se ha convenido la referencia del nacimiento de Jesucristo como hito para decir “antes de Cristo” o “después de Cristo”. Una manera oportuna y respetuosa de referenciar hechos en el tiempo sin por ello presumir que hay fechas de mayor o menor categoría.

Sin embargo, en muchas ciudades de América latina se considera su existencia desde la fundación por parte de la colonización española, cuando en algunos casos ésta se ha producido sobre una ciudad anteriormente construida por culturas previas. Quizás la misma palabra “ciudad” encierra un concepto de categoría en la que pareciera no entrar el anterior asentamiento. Tal el caso de Cuzco y Tenochtitlán, donde no solo había importantísimos asentamientos humanos, sino que además fueron horriblemente destruidos, así como vulneradas las culturas preexistentes.

Revisando el conceptociudad podríamos decir que denomina un modelo predeterminado, más común para definir actualmente los asentamientos humanos de cierta escala, pero limitado a una acepción europea del espacio.

En cambio, estos asentamientos precolombinos establecían estructuras basadas fuertemente en los edificios centrales de gran presencia por su volumetría exterior, de expresión material maciza y piramidal, plasmada en conjuntos religiosos de espacio abierto que eran rodeados por las viviendas. Muy diferente a la posterior trama cuadriculada y amanzanamiento que indicaba la Ley de Indias para el trazado de los colonizadores, inspirada en el control territorial y en los conceptos europeos de la propiedad. También, lejos quedaban los modelos europeos de ciudades amuralladas con sus grandes castillos, emblemas de la guerra y del poder, expresiones físicas de sus propias mutaciones e historias.

Otras historias de asentamientos que abarcan la paradoja planteada la constituyen, por ejemplo, asentamientos como los Quilmes, en el norte argentino, donde no hay sustitución, sino un cruel desalojo que abandonó ruinas como un mudo testigo de la felonía.

Se trata entonces de considerar un “continuum“ que no eluda lo que el hombre, con sus méritos y bajezas es capaz de realizar. No hay dos asentamientos, hay uno que carga la paradoja de esas mutaciones del espacio construido. No hay una América que murió y otra que nació en 1492: hay un continente nacido de una feroz mixtura que hasta el presente nunca termina de construirse en su eterno y doloroso parto.

Hoy, los asentamientos y barriadas más pobres del continente dan cuenta, del mismo modo, de ciudades modernas que conllevan en su entraña la injusticia, plasmándola en paisajes de contraste con la riqueza. No hay una ciudad “correcta” y otra “incorrecta”: hay una ciudad dual portadora de la historia que continúa tallando su identidad contradictoria. Pero, solo construyendo justicia la humanidad transformará esa materialidad hacia un mundo más equitativo y solidario.

(*) El autor es arquitecto. Exdirector del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) y extitular de la cátedra de Vivienda Popular de la Universidad Nacional de Córdoba.

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