miércoles 3 de marzo de 2021

Puente de Inca, uno de los atractivos turísticos en alta montaña.
Opinión

Turismo interno en desarrollo

Estamos ante una oportunidad histórica para mostrar las potencialidades locales, porque casi todas la actividades que se pueden desarrollar no pertenecen al turismo masivo, sector que está jaqueado por la pandemia.

Puente de Inca, uno de los atractivos turísticos en alta montaña.

Siempre recuerdo lo que nos comentaba el profesor Luis Triviño en sus clases de Antropología Social y Cultural, que poco tiene el mendocino de montañés a pesar de que nos reconozcamos como tales. Bueno, se encargaba de aclarar que el vecino de Polvaredas, Puente del Inca o Las Cuevas si se lo puede considerar así porque vive entre las montañas. Pero la gran mayoría reside en el valle, donde se asienta el área metropolitana, la zona más poblada de la provincia. Estudios arqueológicos han demostrado que en tiempos de nuestros antepasados mendocinos existía una interrelación entre las montañas, el valle y las lagunas en Lavalle. En general, en las partes más altas, un grupo se encargaba de cazar guanacos, mientras que en las bajas los antiguos habitantes de estas tierras se dedicaban a los cultivos y a la pesca.

El panorama cambió mucho en estos años, los guanacos son una especie protegida, gran parte del territorio Lavallino ahora es secano y desde la colonización se incorporaron las cabras, que son fuente económica muy importante para este sector. Y en las zonas bajas se ha logrado mantener suelos fértiles para la producción agrícola, con la vitivinicultura como estandarte de la actividad provincial. Esto es gracias, entre otras cosas, a la disponibilidad de agua, que proviene de las montañas.

Esa interrelación entre la cordillera y el resto del territorio se mantiene firme, ahora por necesidades económicas, por transporte y varias razonas más. Y entre ellas está el turismo. Y, como ya han dicho muchos especialistas, estamos ante una oportunidad histórica para mostrar las potencialidades locales, porque casi todas la actividades que se pueden desarrollar no pertenecen al turismo masivo, sector que está jaqueado por la pandemia.

Participar de una visita a una bodega con degustación en pequeños grupos, recorrer los viñedos en bici o hacer una caminata hasta la base del cerro Aconcagua por grandes espacios abiertos son claros ejemplos de una tendencia que se encamina a consolidarse: un turismo de experiencias y sustentable. “De viaje lento”, como recalcan los entendidos.

Durante los próximos meses los propios mendocinos seremos los responsables de sostener y hasta darle impulso a esta movida, teniendo en cuenta que es relativamente escasa la cantidad de visitas que recibiremos de otras provincias y menos aún de otros países. Será al menos un buen momento para conocer nuestros lugares en vez de andar pensando en sitios fuera de nuestros límites provinciales.

Y también será época para darle forma a antiguos proyectos turísticos y proveer de infraestructura a algunos sitios que hace años esperan un desarrollo. Para el primer caso, por ejemplo, Lavalle impulsa el proyecto del “Tren de las arenas”, que en una primera etapa pretende unir las localidades de Costa de Araujo y Lagunas del Rosario, valiéndose de las antiguas estaciones existentes del ramal A10 del ex ferrocarril Belgrano. El recorrido permitirá conocer la riqueza cultural de las comunidades del secano, disfrutar de los paisajes y la gastronomía típica.

Sobre la provisión de infraestructura, el caso testigo es el embalse Potrerillos, cuyos principales objetivos son generar energía hidroeléctrica y contar con disponibilidad de agua para riego y consumo en forma permanente. Pero entre los fines secundarios está el turismo y allí también habrá que apuntar para que el Gran Mendoza cuente con un punto destinado a la recreación con las comodidades y servicios necesarios para que pueda competir con otros polos mendocinos y de provincias vecinas. Es que desde hace 18 años se esperan por lo menos los servicios básicos, como sanitarios y depósitos de residuos en ambas márgenes.

Y si hablamos de reflotar proyectos, la reactivación del tren trasandino de cargas y turístico es más una expresión de deseo que una realidad, pero vale la pena recordarlo, especialmente porque es una idea que permanece entre nosotros, es palpable. Basta caminar por alguno de sus tramos para ponerse a pensar en el gran error que cometimos de dejarlo librado al abandono por años. Un tren que unía el valle con la cordillera.