24 de octubre de 2026 - 00:20

¿Puede Argentina recuperar Malvinas? ¿Por qué el Reino Unido habría de renunciar a las islas?

La superioridad militar británica explica por qué Londres puede conservar las islas; sus intereses estratégicos, políticos y económicos ayudan a explicar por qué quiere hacerlo. Mientras ambas condiciones persistan, ni el rearme ni la diplomacia argentina bastarán por sí solos para modificar la situación.

Malvinas es una de las reivindicaciones más transversales de Argentina. Pero más allá de su legitimidad, ¿qué posibilidades reales existen de recuperar las islas?

La respuesta geopolítica es incómoda: en el horizonte previsible no existe una alternativa militar viable ni condiciones diplomáticas para esperar una transferencia de soberanía.

El mito de una victoria cercana

En distintas conferencias sobre la guerra de Malvinas de 1982 he observado cierta decepción cuando explico que las posibilidades argentinas de ganar eran muy escasas, por no decir nulas. Persiste la creencia de que estuvimos cerca de vencer y que algunos misiles Exocet adicionales u otras decisiones militares habrían cambiado el desenlace.

Es posible que esos factores hubieran impuesto mayores pérdidas a las fuerzas británicas. Pero alterar el desarrollo de una guerra no equivale necesariamente a cambiar su resultado estratégico.

El coraje y sacrificio de numerosos combatientes argentinos merecen reconocimiento. Sus logros no necesitan exageraciones para ser valorados.

Una victoria militar argentina habría requerido resistir la ofensiva británica, conservar el control de las islas y sostener su defensa y abastecimiento frente a una potencia nuclear con capacidades militares y logísticas muy superiores, que además podía contar con el apoyo de sus aliados occidentales.

El problema surge al proyectar aquel mito sobre el presente: creer que modernizar las Fuerzas Armadas bastaría para una nueva recuperación militar.

Una posición estratégica que Londres tiene razones para conservar

Malvinas no es solamente un territorio cuya soberanía disputan Argentina y el Reino Unido. Constituye también una posición británica de considerable valor geopolítico.

El archipiélago ofrece una posición avanzada en el Atlántico sudoccidental, próxima a los accesos atlánticos del pasaje de Drake y a las comunicaciones entre los océanos Atlántico y Pacífico.

Las islas no controlan por sí solas esas rutas, pero facilitan la vigilancia, el apoyo logístico y la proyección militar regional. Su proximidad a la Antártida, donde Londres mantiene intereses científicos, logísticos y reivindicaciones territoriales, añade otra dimensión estratégica. También cuentan los recursos pesqueros y los proyectos de explotación de hidrocarburos.

La base de Mount Pleasant, con aviones de combate e infraestructura logística, sostiene una presencia militar permanente. La Revisión Estratégica de Defensa británica de 2025 contempla mantener una postura defensiva en Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

Una retirada implicaría abandonar una posición de considerable valor para Londres, cuya importancia también debe analizarse en el contexto de sus alianzas y de la presencia occidental en el Atlántico Sur.

Una asimetría que el rearme no resuelve

La diferencia fundamental es que el Reino Unido ya controla las islas y dispone de infraestructura para defenderlas. Argentina tendría que modificar esa situación por la fuerza y, posteriormente, sostenerla.

Londres cuenta con submarinos estratégicos portadores de su disuasión nuclear, submarinos de ataque de propulsión nuclear y capacidades aeronavales superiores a las argentinas. Su condición de potencia nuclear no significa que utilizaría ese armamento en una confrontación por Malvinas, pero introduce una dimensión adicional en cualquier escenario de escalada.

El obstáculo principal, sin embargo, es convencional y operacional. Una operación argentina debería superar las defensas del archipiélago, establecer condiciones favorables en el aire y el mar, transportar y abastecer fuerzas y mantener el control territorial frente a una respuesta británica.

Porque conquistar un territorio y conservarlo son dos problemas militares diferentes.

Malvinas tampoco está comprendida en el ámbito geográfico de defensa colectiva automática establecido por los artículos 5 y 6 del Tratado de la OTAN. Pero eso no impide que Londres reciba asistencia política, logística, tecnológica o militar de sus aliados.

Sería incorrecto dar por descontada una intervención occidental, pero igualmente imprudente suponer que una confrontación quedaría aislada de las relaciones internacionales de poder.

Qué capacidades defensivas debería desarrollar Argentina, frente a qué amenazas y a qué costo constituye un debate legítimo. Incluso una modernización militar considerable difícilmente modificaría la asimetría estratégica que hace inviable una recuperación de las islas por la fuerza.

La diplomacia y los intereses británicos

La superioridad militar británica explica por qué Londres puede conservar las islas; sus intereses estratégicos, políticos y económicos ayudan a explicar por qué quiere hacerlo. Mientras ambas condiciones persistan, ni el rearme ni la diplomacia argentina bastarán por sí solos para modificar la situación.

La Resolución 2065 de Naciones Unidas reconoció en 1965 la disputa de soberanía e instó a ambos países a negociar teniendo en cuenta los intereses de los habitantes. El Reino Unido invoca la autodeterminación de los isleños, expresada también en el referéndum de 2013, mientras Argentina cuestiona que ese principio resuelva por sí mismo la controversia.

El obstáculo no es exclusivamente jurídico. Es fundamentalmente político y geopolítico.

La pregunta decisiva no es solamente por qué Argentina considera legítimo su reclamo, sino por qué el Reino Unido habría de renunciar a las islas. ¿Qué beneficio estratégico, político o económico justificaría para Londres abandonar una posición que ya controla, enfrentar la oposición de sus habitantes y asumir el costo interno de una transferencia de soberanía?

En las condiciones actuales, no se advierte una combinación de incentivos y presiones capaz de producir ese resultado.

Malvinas, la política interna y el factor Milei

La cuestión Malvinas ha ocupado históricamente un lugar destacado en la política interna argentina y ha sido utilizada recurrentemente, tanto por gobiernos de facto como democráticos, como instrumento de legitimación y movilización política. La dictadura militar recurrió a la guerra de 1982 en medio de una profunda crisis de legitimidad. Desde el regreso de la democracia, gobiernos de orientaciones muy diferentes —de Alfonsín a Milei— mantuvieron el reclamo mediante estrategias diversas. En determinados momentos, la reivindicación también adquirió una dimensión de legitimación política, movilización popular y eventual aprovechamiento electoral.

Las responsabilidades no son equiparables, pero Malvinas conserva su capacidad de movilizar emociones y generar impacto interno.

El gobierno de Javier Milei ofrece el ejemplo más reciente. Sus iniciativas contra la explotación petrolera en las islas, incluida la solicitud de medidas provisionales presentada por Argentina ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar en octubre de 2026, han devuelto protagonismo al reclamo. Con las elecciones de 2027 en el horizonte, cabe preguntarse si estas acciones, además de sus objetivos diplomáticos, pueden proporcionar réditos políticos o electorales.

Pero existe una paradoja geopolítica todavía más significativa. Milei ha convertido el alineamiento con Estados Unidos en uno de los pilares de su política exterior, mientras reclama la soberanía de un territorio administrado por el Reino Unido, uno de los principales aliados estratégicos de Washington.

Las declaraciones de Donald Trump sobre una eventual revisión de la posición estadounidense han generado expectativas en Buenos Aires, aunque su alcance fue ambiguo. Ante una pregunta periodística, Trump señaló que revisa todas las posiciones, sin anunciar ninguna modificación concreta. Washington mantiene una alianza estratégica fundamental con Londres y no hay indicios de que esté dispuesto a presionar al Reino Unido para que negocie la soberanía. En geopolítica, la afinidad entre presidentes no necesariamente modifica los intereses permanentes de los Estados.

La cuestión trasciende al actual presidente: ¿hasta qué punto las sucesivas iniciativas argentinas han respondido a estrategias capaces de modificar la posición británica y hasta qué punto han servido también para fortalecer la legitimidad política de quienes las impulsaron?

Malvinas puede proporcionar visibilidad, adhesión y réditos electorales a un gobierno argentino. Lo que no proporciona, por sí sola, es una razón para que el Reino Unido renuncie a las islas.

Entre la reivindicación y la realidad geopolítica

Desde mi perspectiva, una recuperación militar de Malvinas resulta inviable en el horizonte geopolítico previsible. La vía diplomática, por su parte, ofrece posibilidades prácticamente nulas mientras permanezca intacta la estructura de intereses que sostiene la posición británica.

Y si utilizo la palabra «prácticamente», es más por respeto a lo imprevisible de la historia que porque advierta hoy una posibilidad realista de recuperación.

Solo un verdadero terremoto geopolítico, capaz de alterar profundamente las prioridades de Londres, el valor estratégico de las islas o el equilibrio internacional de poder podría modificar ese escenario.

Reconocer estos límites no significa renunciar a la reivindicación argentina. Significa comprender que el derecho a reclamar un territorio y la capacidad de recuperarlo son cuestiones diferentes.

Porque la geopolítica no se define por lo que un país considera legítimamente suyo, sino por las relaciones de poder y los intereses que determinan lo que efectivamente puede conseguir.

* El autor es analista geopolítico argentino, especializado en geopolítica militar, conflictos armados, armamentismo y narcotráfico. Investiga desde 2009 cuestiones vinculadas con la defensa y la desmilitarización argentina. Ha publicado análisis en medios argentinos e internacionales, entre ellos Geopolitical Monitor, Géoéconomie y Política Argentina.

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