Meter las narices

El soneto de Quevedo, burla absoluta a un hombre narigón: “Érase un hombre a una nariz pegado, /érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un pez espada muy barbado. [...]
El soneto de Quevedo, burla absoluta a un hombre narigón: “Érase un hombre a una nariz pegado, /érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un pez espada muy barbado. [...]

No nos agrada que digan de nosotros que “nos llevaron de las narices” pues indicará que se hace exactamente lo que otro nos pide, sin voluntad propia.

En estas tardes de verano, excesivamente cálidas, escuchamos que alguien exclama: “¡Hace un calor de narices!”; el diccionario nos hace saber que la forma “de narices” constituye una locución coloquial cuyo significado es “muy grande”; lo mismo puede decirse con otra locución: “De dos pares de narices”.

Inmediatamente, corroboramos la existencia de varias expresiones con el vocablo “nariz”, todas ellas usadas coloquialmente. La primera que encontramos es “asomar las narices”, usada para significar que una persona aparece en un lugar para husmear o fisgar: “Ni se te ocurra asomar las narices por ese sitio, que es su escondite”. Si alguien se acerca a la cocina a la hora en que se prepara una comida, es probable que perciba su olor; entonces, se dirá que tal o cual aroma “le dio en las narices”.

Puede suceder que, en una situación determinada, hayamos chasqueado a alguien y lo hayamos privado de aquello que esperaba conseguir. La expresión que usamos para señalarlo es “dejar (a esa persona) con un palmo de narices”. Y si me encuentro bruscamente con alguien, lo indicaré diciendo que “me di de narices con él o ella”: “Andaba por los pasillos judiciales y, repentinamente, me di de narices con Juancito”.

Todos conocemos a personas gangosas o que ganguean: esto significa que hablan con una resonancia nasal producida por algún defecto en los conductos de la nariz. La locución que alude a ello es que “habla por las narices”: “Entre el barbijo y que habla por las narices, se dificulta entenderle”.

La locución “hacerse alguien las narices” puede tener dos interpretaciones, aunque hoy son ambas desusadas: la primera hace alusión a que alguien ha sufrido un golpe grande en ellas, casi hasta resultar deshechas; la segunda, en cambio, posee un sentido figurado pues indica que sucede algo en contra o en perjuicio de lo que se pretende. Con el primer valor, decimos “Pedro, en el choque, se hizo las narices”; con el segundo, “Después de esa medida financiera, varios se hicieron las narices”.

A veces, alguna determinada situación nos produce hastío y lo indicamos con la locución “hasta las narices”: “La situación lo descolocó y dijo estar con ella hasta las narices”. Similar es la locución “hinchársele a alguien las narices”, que también tiene el valor de “hartarlo, enfadarlo”. Todos conocemos a personas entremetidas; de ellas decimos que “meten las narices” porque curiosean, se inmiscuyen sin ser llamadas. Hay una locución que posee una interpretación literal y otra figurada. Ella dice: “No ver más allá de sus narices”. Literalmente, equivale a ver muy poco”, como en “Ponete tus nuevos lentes, que no ves más allá de tus narices”. Pero, figuradamente, la usamos para señalar que esa persona es corta de alcances: “¿Qué va a hacer en ese cargo si no ve más allá de sus narices?”.

A veces, una persona se presenta como incapaz o con muy poco talento: entonces, se dice de ella que “no sabe dónde tiene las narices”, aunque también puede decirse que “no sabe cuál es su mano derecha”. Resulta sumamente desagradable decir, respecto de algo y de alguien, que se lo “pasó/restregó por las narices”, pues se está indicando que se lo hace saber con demasiada insistencia, con ánimo de molestarlo, fastidiarlo o producirle envidia. ¿Y cuál es el valor de decir “salirle a alguien algo de las narices”? Coloquialmente, es igual a la expresión “darle la gana” o “la real gana”, esto es, “querer hacer algo con razón o sin ella”: “Me metí en esto porque me salió de las narices”.

Escuché que una amiga decía de otra que “la tenía montada en las narices”; lo que se da a entender, en este caso, es que sufría permanentemente sus impertinencias y molestias. Pero, si hubiera dicho que “la tenía agarrada por las narices”, habría querido significar que la tenía dominada o que se encontraba sujeta a su voluntad. Otras expresiones con “narices” nos obligan a recurrir al diccionario: ¿qué es “tener narices de perro perdiguero”? En primer lugar, recordamos que un perro perdiguero es el de esa raza de cazadores, de tamaño mediano, cuerpo delgado, hocico alargado, orejas grandes y caídas, con un olfato excelente, que se usa para rastrear. Volviendo a la locución, puede también decirse “tener largas narices”. Con cualquiera de estas locuciones, se puede aludir a lo físico, para indicar que se tiene viveza en el olfato, pero también, en sentido figurado, que se prevé o presiente algo que está próximo a suceder: “Confío en él para este emprendimiento pues tiene narices de perro perdiguero”. Si alguien está ocioso, sin trabajar ni hacer tarea alguna, se dice que “se está tocando las narices”: “Miguel hace ya largo tiempo que se está tocando las narices pues no tiene perspectivas de trabajo”. Y, en cambio, “torcer alguien las narices” es, coloquialmente, señalar repugnancia ante algo que se le dice o propone: “Cuando le hicieron aquella propuesta, torció las narices”.

No nos agrada que digan de nosotros que “nos llevan de las narices” pues indicará que se hace exactamente lo que otro nos pide, sin voluntad propia. El origen proviene del anillo que se coloca en la nariz a las vacas o toros, con una cuerda, para que una persona encargada pueda trasladarlos.

Algunas expresiones sueltas también son ilustrativas: “narices remachadas” es la expresión que da a entender que son llanas o muy chatas; por su parte, “nariz aguileña” es aquella delgada y algo curva, que se parece al pico del águila. La “nariz respingada” o “respingona” es la levantada. Finalmente, nuestros repertorios lunfardos nos dan la expresión “nariz parada”, que es equivalente a “persona altiva, orgullosa, engreída”.

Y nos vamos recordando el soneto de Quevedo, burla absoluta a un hombre narigón: “Érase un hombre a una nariz pegado, /érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un pez espada muy barbado. [...] Érase el espolón de una galera,/ érase una pirámide de Egipto,/ las doce tribus de narices era”.

*La autora es Profesora Consulta de la UNCuyo.

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