El teatro es un arte en muchos sentidos. Por ejemplo, en el de la supervivencia. A lo largo de siglos ha resistido todo tipo de embates. Palazos que, en definitiva, no han hecho más que vigorizarlo. Mendoza tiene una tradición por demás robusta en materia teatral. Se expresa no solo a través de intérpretes en escena, sino también por intermedio de su producción teórica y dramatúrgica, académica y de divulgación. Para celebrar ese músculo intelectual que ayuda a mantener la actividad saludable y vigente, vayan como ejemplo dos hechos recientes.
Uno tiene que ver con la concreción, en la vecina San Juan, del XII Congreso Argentino e Internacional de Teatro Comparado, organizado por el órgano especialista, Ateacomp (Asociación Argentina de Teatro Comparado), y la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ. Durante tres días, estudiosos de distintas latitudes expusieron sus investigaciones sobre los temas más variados, en un ambiente riquísimo para la actualización y el intercambio. Actividades especiales múltiples, desde ágapes teatrales y puestas en escena hasta charlas magistrales y talleres, completaron la agenda. Además de la presencia de referentes insoslayables en la materia, como Jorge Dubatti, Mauricio Tossi y Gisela Ogás Puga, esta última presidenta de Ateacomp y del congreso mismo.
Mendoza, cómo no, tuvo una presencia por demás activa. Ponencias mediante, desfilaron por las aulas de la “Filo”, nombres como Estefanía Ferraro Pettignano, Ana Elisa Silva Cantoni, Tania Valeria Molina Concha, Pilar Estevez Varela, Mariano Edgardo Olibano, María Verónica Manzone, Sofía Verazzi De la Torre, Patricia De la Torre, Mara Gassibe, Andrea Gabriela Cicchinelli, Diego Alejandro Ríos y Ana Paula Guinovart. Algunas/os vinculados/as a la UNCuyo y otras/os provenientes de la investigación independiente.
Pero, además, durante el Congreso se presentaron varios libros. Entre ellos, dos mendocinos: Volar sobre las jaulas (Teatro mendocino y resistencia), de Sonnia De Monte (Edit. Aguirre); y Arte y Vida de Galina Tolmacheva. Transmigraciones escénicas desde una mirada crítica (EDIUNC), de Ariana Gómez, Marina Sarale, Marta Castellino, Lucía Castellino y Andrea Cicchinelli. Este aspecto del Congreso nos lleva a mover los pies de San Juan a Mendoza para hablar del segundo hecho reciente: la evidencia de que el libro teatral está vivo, tras un tiempo importante de preocupante agonía.
En los últimos meses, varias publicaciones vinculadas con el mundo teatral salieron a la luz en Mendoza. Algunas formaron parte de la programación de la última Feria del Libro. A las dos citadas, hay que sumar, por ejemplo, Dramaturgias de lo posible (Edit. Nueva Generación), de Agua Mercedes Somoza. Un texto que brinda claves para trabajar el teatro con personas con discapacidad motora e intelectual. O, Caravana de la utopía (Inca Editorial), un bello volumen donde María Lacau, Beto Di Cesare y Silvia Bove cuentan la historia del Proyecto Artístico Comunitario Independiente Chacras para Todos, una experiencia que mantiene en ebullición cultural permanente a esa zona de Luján de Cuyo. O, Mapa de fronteras y tormentas del teatro (Edit. Chimanga), de María Godoy, donde la actriz, directora y cantante reflexiona -con la sesudez que la caracteriza- sobre sus modos de hacer y deshacer el oficio. O, Actuación 1. Poiesis y conducta conflictiva: una mirada filosófica en el proceso de actuación (Edit. Atuel), de Alberto Eloy Muñoz. Un libro que se adentra desde la experiencia en una disciplina aún en pañales: la Filosofía de la Actuación.
La dramaturgia se suma a la lista a través de La palabra íntima (Ediciones Culturales de Mendoza), que reúne obras de Mar Vilchez Aruani, Laura Angélica Rodríguez, Victoria Morilla Martin y Pablo Longo. Por su parte, Diego Sebastián Quiroga presentó la edición de su obra Cajita fuerte (de la misma editorial).
Si vamos un poco más atrás, pero no tanto, encontramos otro aporte valiosísimo: Mi experiencia con Galina (Universidad del Aconcagua), de Martín Neglia, donde el reconocido actor ahonda en las vivencias compartidas con Galina Tolmacheva, la gran maestra ucraniana, en calidad de uno de sus últimos discípulos directos. Y un poquito más atrás, otra antología: Dramaturgas desde el borde. Confluencias, diálogos, bifurcaciones (EDIUNC). Allí se suceden obras de María José Alcaya, Virginia Diblasi, Carolina Duarte del Río, Érica Gómez, Belén Moretti, Gabriela Simón Gómez y Mar Vilchez Aruani, coordinadas por Ariana Gómez y con sustancioso texto preliminar de Marina Sarale.
Cartas a la vista, podemos confiar en que la producción intelectual del teatro mendocino corre a la par de su puesta en práctica. El fenómeno no es nuevo, pero se ha acentuado en los últimos tiempos. Pensar, hablar y escribir sobre un hecho que el común de la gente puede y suele asociar con algo meramente físico, es el mejor –y quizás el único- modo de fijar, de dejar constancia de una actividad que, no por milenaria, deja de tener como esencia lo fugaz, lo inasible…
* El autor es periodista, docente y escritor.