La crisis de la vitivinicultura debe dar lugar a un programa de reconversión de la agricultura mendocina. Se trata de una crisis diferente a las que se soportaron en otros años, porque estamos ante un fenómeno mundial como es la baja del consumo de bebidas alcohólicas. No afecta solamente al vino sino a todas las bebidas fermentadas como las destiladas y al ser mundial hay problemas para solucionarla o paliarla, al menos, con un incremento de las exportaciones, sin perjuicio de que aún existen mercados a explorar fuera de los tradicionales de Europa y América.
Es hora de encarar un programa de diversificación habida cuenta que hay mercados para la fruticultura. Ya a principios del siglo pasado, Emilio Civit, advertía sobre la necesidad de diversificar la producción y Ricardo Videla, que afrontó la peor parte de la crisis mundial del treinta, adoptó medidas como la zona alcoholera y fomento de otras actividades.
Cuando vemos las cifras de las exportaciones frutícolas de Chile, nos interpela porque señala el atraso exportador argentino y mendocino en particular, que desaprovecha mercados de alto poder adquisitivo que pretenden adquirir esos productos durante todo el año, aunque en su hemisferio no sea la temporada.
Las exportaciones frutícolas chilenas ascienden a Nueve mil cuatrocientos millones de dólares, unas once veces las argentinas que totalizan 836 millones de dólares.
En las producciones que compiten con las de Mendoza como la uva en fresco, Chile exporta por un monto de mil trescientos veinte millones de dólares. El contraste con la Argentina es notorio: apenas alcanzan a los cinco millones de dólares.
También con las cerezas se reitera esta diferencia que muestra por un lado alternativas y también cómo no se las ha aprovechado hace tiempo. Chile supera los tres mil setecientos millones de dólares anuales frente a los escasos veinte millones de dólares que generan las cerezas argentinas.
En pasas de uva la diferencia es menor pero favorable a Chile. El país trasandino exporta pasas de uva por un monto de ciento ochenta millones de dólares y la Argentina coloca en el exterior pasas de uva por un valor de ochenta y un millón de dólares.
Con el durazno se repite la diferencia: esta producción cuya mayor parte se radica en Mendoza implica exportaciones por poco más de veinte millones de dólares con clara diferencia con Chile, que supera los ciento ochenta millones de dólares, nueve veces más.
Las exportaciones de estas frutas están por debajo del complejo olivícola que supera los 65 millones de dólares promedio y del ajo que general casi cien millones de dólares en exportaciones.
Una oportunidad ofrece también la modernización de la producción caprina. Mendoza cuenta con un rodeo que disputa con Santiago del Estero la primacía en el número de cabezas. Es necesario mejorar el manejo de los rodeos y la industrialización no solo de la carne sino de la leche y sus derivados. El mercado internacional de quesos caprino es cercano a los siete mil millones de dólares y se estima que en pocos años superara los diez mil millones de dólares siendo Francia, Países Bajos, Suiza los principales exportadores en un mercado en el que no participamos.
Son estas producciones generadoras de empleo además de su capacidad potencial para generar divisas. Esa es la diferencia con la minería, que obtendrá divisas, da empleo en la puesta en marcha de los yacimientos, pero en la explotación disminuye acentuadamente.
Ya que estamos en la minería y los temores que genera, en particular por la disputa de los recursos hídricos escasos, es necesario esclarecer que el tema está solucionado en la medida que se acuerde con Chile la extensión de los acueductos que está construyendo Techint para llevar agua desalinizada del Pacífico a los yacimientos mineros de la cordillera de los Andes que son aledaños a los de esta falda de la misma.
En todos los países con tradición vitícola están erradicando viñedos. En Francia el gobierno aporta cuatro mil euros por hectárea con el compromiso de no replantar viñedos por diez años. Este aporte se suma al de la Unión Europea que significa unos ocho mil euros adicionales, además de los subsidios de las exportaciones.
En California se arrancarán quince mil hectáreas y en la vendimia 2025 se cosechó una parte de la uva. En Napa Valley ha habido aportes federales.
En esta vendimia se estima que parte de la uva no se cosechará y se observa ya el abandono de muchas hectáreas de viñas. Lo que hasta ahora no se observa es una política de diversificación y financiamiento a ese proceso. Es preocupante porque el vino, además de identidad de Mendoza, significa trabajo como las otras producciones que son una alternativa genuina con las políticas impositivas, crediticias y de apertura de mercados necesarias. En vez de subsidiar producción que no tiene mercado se debe promover lo que se puede vender.
* El autor es escritor y viticultor.