León XIV en la actual Argentina

León XIV promete retomar el talante de los papas viajeros que desde el Concilio Vaticano II caracteriza la acción pastoral, diplomática y ecuménica de la Santa Sede con el fin de cohesionar el legado universal del catolicismo con la diversidad de formas, devociones y sensibilidades religiosas cultivadas a lo largo de la historia latinoamericana.

Como era de esperar, la visita pastoral de León XIV al país ha sembrado expectativas en virtud del contexto en que se produce, la nutrida agenda de actividades programadas con autoridades civiles y religiosas, y actores de la sociedad civil, como de las multitudinarias celebraciones que se llevarán a cabo en Buenos Aires, Córdoba y Luján. La agenda papal contempla su paso por Uruguay, el país más secularizado de América Latina, y el regreso al Perú y a la comunidad de Chiclayo que marcó a fuego la trayectoria personal y pastoral del primer papa en la historia de la Iglesia católica nacido en Estados Unidos. El heredero de Francisco I, el papa argentino que durante su largo pontificado no regresó al país, promete retomar el talante de los papas viajeros que desde el Concilio Vaticano II caracteriza la acción pastoral, diplomática y ecuménica de la Santa Sede con el fin de cohesionar el legado universal del catolicismo con la diversidad de formas, devociones y sensibilidades religiosas cultivadas a lo largo de la historia latinoamericana.

Contra los pronósticos que auguraban la cancelación o reprogramación del viaje papal por la dolencia que lo afectó semanas atrás, el periplo de León XIV se llevará a cabo en un contexto muy distinto al que prevaleció en 1982 y 1987, cuando Juan Pablo II llegó a la Argentina. El primero fue fugaz, y tuvo como objeto interceder ante el gobierno de la dictadura días antes de la rendición en la guerra de Malvinas. El segundo, en cambio, fue mucho más nutrido en tanto involucró festividades en nueve ciudades argentinas coronadas por encuentros con jóvenes y la misa celebrada el Domingo de Ramos en el mismo predio palermitano que servirá de escenario a León XIV en Buenos Aires: el Monumento de los Españoles, un lugar de memoria excepcional que evoca los fastos del Centenario de Mayo inaugurado en 1927. El clima social y político de aquellos días era distinto no solo porque el fin de la dictadura había entronizado el Estado de Derecho y condenado la violación de derechos humanos ante los crímenes cometidos en el que obispos y personajes de la iglesia habían demostrado un firme compromiso para develar y condenar a los responsables. La visita de Karol Wojtyla, el papa polaco que había cumplido un rol determinante en la democratización de su país presagiando la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS, coincidía además con el progresivo desapego juvenil a los dogmas estimulado por la primavera democrática, la lenta transferencia religiosa a credos evangélicos y el debate que cruzaba a la sociedad argentina sobre la ley del divorcio que el presidente Raúl Alfonsín había impulsado, y estaba a punto de ser aprobada por el Congreso. La iniciativa oficial había generado intensas movilizaciones del mundo católico que, sin embargo, no torcieron el impulso secularizador que latía desde 1888, y había tenido breve vigencia entre 1954 y 1955 cuando el conflicto desatado entre Perón y la Iglesia gravitó en la legalización de la disolución del vínculo matrimonial, que fue derogada de inmediato por el gobierno de la Libertadora.

Ningún debate semejante atraviesa el viaje del actual Pontífice romano a Sudamérica. En su lugar, la agenda del Vaticano constituye un capítulo de los problemas contemporáneos que aquejan al mundo en tanto prioriza la relativa autonomía de América Latina frente a la rivalidad entre Estados Unidos y China, la crisis climática que deja a la vista los estragos del extractivismo, la profundización de desigualdades sociales, el aumento de pobres o desposeídos a raíz del giro tecnológico, la desconfianza en las instituciones ante la desprotección social y la inseguridad ciudadana asediadas por el narcotráfico y la corrupción, y la debacle de fuerzas políticas que corroen los cimientos de las democracias republicanas y estimulan la tentación de soluciones autocráticas.

Un repertorio de desafíos capitales que resulta correlativo al cambio en el régimen de creencias religiosas que viene reduciendo la feligresía católica en la región, y en el país. Mientras a mediados del siglo XX, el catolicismo era la religión mayoritaria, en la actualidad se ha reducido al 57,7% y las religiones evangélicas alcanzan el 17,4%, siendo menos relevante en Buenos Aires y el área metropolitana, y mucho más significativa en las provincias del interior. La novedad se completa con el alejamiento de “los jóvenes de los templos”. Estudios probabilísticos recientes del Observatorio de Creencias religiosas de la Universidad de Buenos Aires señalan que sólo el 44,6% de los jóvenes entre 16 y 29 años se identifica como católico, y el 31% se declara sin religión. En cambio, el catolicismo predomina entre los adultos mayores de 50 años, y sólo el 12,6% declara no tener religión. A su vez, la información destaca una mayor feminización en el mundo evangélico, ya sea por la contención territorial y social que sus iglesias les proporcionan en ámbitos rurales o urbanos, como por el mayor protagonismo de las mujeres en la difusión o propagación de la fe.

El fragmentado mapa de creencias religiosas o espirituales en la actual Argentina exhibe, entonces, divergencias regionales e intergeneracionales de relieve y explican las diferentes expectativas depositadas en la visita de León XIV. Mientras a la mitad de los encuestados le resulta indiferente, la otra mitad la considera importante. Se trata especialmente de mujeres adultas y jóvenes a la hora de ponderar su eventual impacto en lo que realmente les interesa: mitigar el desempleo, la informalidad laboral y la pobreza que las desvela. Entretanto, las autoridades civiles y eclesiásticas ajustan cada pieza organizativa a los efectos de cumplir al pie de la letra el protocolo previsto para que el ilustre visitante tome contacto con las multitudes argentinas que aguardan con devoción homilias y rituales. En ese escenario, el presidente Milei aspira a convertirse en el principal interlocutor del encuentro ecuménico para lo cual deberá suspender las habituales diatribas en las que confronta “las fuerzas del cielo” que lo inspiran contra “las fuerzas del mal” que dice combatir.

* La autora es historiadora del CONICET y de la UNCuyo.

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