8 de noviembre de 2026 - 00:25

Cuando el dogma se diluye

El dato novedoso parece ser que, con el paquete de alivio fiscal para pymes, el mileísmo comienza a entender finalmente que su catecismo alcanza para enfervorizar a los propios, pero no para ganar elecciones.

Periodista y profesor universitario

El anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre un paquete de “alivio fiscal” destinado a las pymes generó un sinnúmero de especulaciones respecto de la decisión y su oportunidad.

Lo que originalmente se pensó como una ofrenda hacia la Unión Industrial Argentina (UIA) en la celebración de su conferencia número 32, terminó convirtiéndose en un termómetro de la situación económica, y un indicador de que el Gobierno empieza a registrar la imperiosa necesidad no sólo de dar “buenas noticias” sino también salvavidas para sus actores. Un pedido que -desde distintos ámbitos- se viene reclamando pero que hasta ahora los libertarios sólo respondieron con el dogma.

El dato novedoso parece ser que el mileísmo comienza a entender finalmente que su catecismo alcanza para enfervorizar a los propios, pero no para ganar elecciones. Una enseñanza que a un año vista de los comicios presidenciales se transforma en urgencia capaz de remover la ortodoxia ideológica.

Porque lo cierto es que con estas medidas el Gobierno se desdice de las famosas “reglas del mercado” capaces de organizar libremente la producción y el empleo; porque si todo se moviera -únicamente- por oferta y demanda, la capacidad ordenadora por fuera del Estado debería ser suficiente para que los más eficientes asuman los roles de aquellos que no lo son.

Evidentemente, el Estado argentino liberal-libertario cayó en la cuenta de que si no interviene con decisiones como suspender embargos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hasta mayo de 2027 o de simple contención como planes de pagos para deudas tributarias o aduaneras, o la utilización de saldos a favor, es difícil que las empresas se estabilicen por sí solas luego del impacto del ajuste, la caída de la actividad y la crisis del consumo que el mismo gobierno generó. Es decir, mileístas actuando de la misma manera con la que su relato fustigó a los populistas cuando les decía que “primero te rompen las piernas y después te ofrecen la muleta”.

Con la mira puesta en la reelección, Javier Milei también sale a ofrecer muletas. Pero no sólo eso, pues su giro pragmático tuvo una intensa repercusión en Mendoza.

Efecto dominó

Apenas conocido el anuncio de Caputo, legisladores que responden a Luis Petri activaron un proyectil envenenado donde no sólo celebraban la iniciativa, sino que pedían que Mendoza actuara en la misma línea. Casi como recordando que el sanmartiniano es el mejor intérprete en la provincia del accionar presidencial.

Un posicionamiento que no es inocuo y que al margen de mostrar pleno alineamiento con todos y cada uno de los movimientos de la Casa Rosada supone reactivar la competencia con Alfredo Cornejo y su aceitado vínculo con la Nación. Así como el gobernador pretende limitar las chances electorales del diputado nacional en su sucesión, Petri busca constantemente demostrar que él no sólo es el mileísta más cabal, sino también el más aplicado.

Esa versión petrista proponía frenar juicios, embargos y remates de la Agencia de Recaudación Tributaria (ATM) hasta el 31 de mayo, e invitaba a que se extendiera a Irrigación y los municipios. Pero también abarcaba deudas por Ingresos Brutos, Inmobiliario, Automotor y Sellos. Una especie de moratoria (acotada en el tiempo, es cierto) alejada del canon fiscalista, pero en línea con infinitos reproches sobre la falta de empatía o sensibilidad que -razones políticas de por medio- ahora empieza a asomar.

Ley espejo

Si bien el petrismo reaccionó con velocidad al pedir que el plan de Caputo también tuviera su versión mendocina, no contaron con la más rápida reacción y capacidad de reflejos del propio gobernador que en el mismo día del anuncio ya estaba comunicando una ley espejo que además incluye planes de pago en 18 cuotas, baja de intereses y multas y que sirvió como una gran muralla de contención al intento de la iniciativa diferenciadora de quien internamente amenaza con desplazar al cornejismo.

Lo llamativo es que -según cuentan empresarios- una idea similar fue acercada hace meses por el ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, y se encontró con la negativa de su colega de Hacienda, Víctor Fayad, quien ahora dice que este proyecto podría auxiliar a 400 pymes mendocinas con problemas de asfixia financiera. Además, justificó técnicamente esta flexibilización tributaria al asegurar que quien tiene atrasos o deudas con la Nación, seguramente también las tiene con la Provincia e ilusionarse con que el plan de pagos permita recuperar incumplimientos por los que hoy no recauda, pero podría hacerlo si la Legislatura avanza finalmente con una ley en esa dirección. Algo que se descuenta, tal como sucedió con un paquete similar para la reducción del endeudamiento y la morosidad recientemente aprobado.

Está claro que Cornejo y Petri están en una carrera despiadada por prevalecer no sólo ante los ojos del Ejecutivo nacional sino de su propio electorado que ve con agrado el rumbo general de la economía, aunque sufre sus efectos y entiende que el puente hacia su posible ratificación en las elecciones del 2027 aparece como demasiado largo no sólo en términos de tiempo, sino y especialmente, en el sostenimiento de las expectativas imprescindibles para llegar a buen puerto. O en el mejor de los casos, para simplemente divisar la orilla.

La disputa está planteada en todos los ámbitos y no extraña que genere estas escaramuzas en lo que será el tono y la agenda de la campaña electoral que viene: la capacidad de amortiguar las consecuencias del ajuste, y en paralelo, de ofrecer herramientas que sirvan de acompañamiento o de consuelo. Algo apenas más tangible que un relato inamovible o un simple dogma.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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