Las flores nos alegran el alma. Esa variante de la naturaleza nos deja siempre con el corazón rebosante. Es la época de las flores. Andan creciendo por todos lados con esta primavera que se asoma. Ya están florecidos almendros y ciruelos, entre otras especies en el paisaje de Mendoza.
Flores hay muchas y muchas tienen significaciones especiales. La función de una flor es producir semillas a través de la reproducción sexual. Para las plantas, las semillas son la próxima generación y sirven como el principal medio a través del cual las especies se perpetúan y se propagan.
Nosotros comparamos con la flor a hechos menores de nuestra vida: “Flor de trabajo te conseguiste”, decimos cuando el amigo les cuenta que lo han nombrado secretario del FMI. “Flor de curda te agarraste”, decimos cuando vemos que el otro se ha tomado hasta el corcho en esas reuniones donde uno se junta, entre otras, cosas para chupar.
Hasta hubo una guerra que fue conocida con el nombre de las flores. La guerra de las Dos Rosas fue una guerra civil que enfrentó intermitentemente a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York entre 1455 y 1487. Ambas familias pretendían el trono de Inglaterra, por origen común en la Casa de Plantagenet, como descendientes del rey Eduardo III. El nombre “guerra de las dos Rosas” o “guerra de las Rosas”, en alusión a los emblemas de ambas casas, la rosa blanca de York y la roja de Lancaster, fue producto del Romanticismo. A tal punto pueden llegar las flores.
Pero en lo cotidiano, alegran nuestras miradas le ponen sonrisas a los ojos. Basta pararnos en esos quiosquitos de flores que hay en el Centro para enternecernos con su propuesta.
Hay una florería en nuestra ciudad que tenía un slogan significativo: “Dígalo con flores”. No sé si lo seguirá usando pero es todo un acierto. Decirlo con flores debe ser la mejor forma de decir las cosas. Un día cualquiera uno se aparece en su casa con un ramo de rosas, por ejemplo, y la respuesta de la destinataria ha de ser gozosa de todas maneras porque es un alago máximo, una forma de quedarse callado diciendo.
Antes los hombres solían usar una flor en el ojal de la solapa de su saco; era toda una paquetería. Lamentablemente esa costumbre se fue perdiendo con el tiempo.
Las hay de todas formas y colores, desde la simple margarita que sirve para saber si nos quieren mucho, poquito o nada, hasta la ampulosa presencia del tulipán, por el que también hubo frondosos líos en el pasado.
Amapolas, azaleas, azucenas, begonias, campanillas, claveles, crisantemos, dalias, gardenias, geranios, hortensias, nomeolvides, narcisos, orquídeas, pensamientos, petunias, rosas, tulipanes, violetas y la lista sigue por miles.
Son una de las partes agradables de esta vida. La que nos llena de bienestar con una sola mirada. Ante la flor es imposible la amargura porque ellas han nacido para alegrarnos, para decirnos que es hermosa la vida apenas nos fijemos en sus pequeños detalles.
Usted hágame caso y seguramente obtendrá resultados beneficiosos: dígalo con flores.