La publicidad de los actos de gobierno y la rendición de cuentas, principios de la democracia

La publicidad de los actos de gobierno, un principio derivado de la Constitución. es algo que existe en todo el mundo y también aquí desde el retorno de la democracia. Que hace a la rendición de cuentas de la gestión, a la transparencia de las contrataciones, a la necesidad de campañas sanitarias o de servicio al ciudadano. Una práctica que requiere ser canalizada a través de organizaciones empresarias formales y establecidas, que cumplan con la ley. La publicidad oficial no puede ser ni un subsidio ni un beneficio. Mucho menos un premio o un castigo. Y si hubiera casos en que lo fuera, deben ser corregidos.

La publicidad de los actos de gobierno y la  rendición de cuentas, principios de la democracia
Martín Etchevers, Horacio Rosatti, Carolina Losada y Guillermo Francos, en la cena anual de ADEPA. Foto Marcelo Carroll.

Es una sana tradición de esta entidad celebrar juntos la culminación de un año de trabajo y el inicio de otro. Este 2023 fue, además, de mucho trabajo para el periodismo. Porque fue un año electoral prolongado, de mucha intensidad. Y por las vicisitudes de un país y de un mundo que no dan tregua y nos obligan a dar testimonio de toda esa complejidad; a intentar ayudar a descifrarla.

Las cenas de Adepa tienen, además, la tradición de convocar a la mesa a actores que en otros momentos del año pueden haber atravesado sensibilidades, intercambios; por qué no, hasta alguna discusión. Es cierto, en estas cenas están los representantes de los distintos poderes del Estado; referentes de las distintas agrupaciones políticas; la dirigencia empresarial y sindical; los credos y las organizaciones no gubernamentales; la Nación y las provincias...

La sana tensión entre periodismo y poder es inherente al rol de la prensa en la democracia. El día que no exista, entonces probablemente alguno no estará cumpliendo bien su función. La prensa libre e independiente es, aquí y en todo el mundo democrático, el aguijón, el perro guardián, el mosquito que zumba y molesta. Pero también la que habilita un debate informado y vibrante, un contrapeso a los desvíos y a los excesos, un reaseguro frente a cualquier cheque en blanco.

Esa prensa que muchas veces, como hemos dicho, es requerida cuando se está en el llano y a la que se cuestiona cuando se ejerce el poder. Esa prensa que está llamada a preguntar, a indagar, a investigar, a explicar, a traducir. Que trabaja para articular una conversación pública racional, basada en hechos y en datos; una narrativa con sentido ante una realidad cada vez más fragmentada y atravesada por la proliferación acrítica de mensajes e intereses cruzados, muchas veces sin verificar. Una conversación que trascienda la consigna publicitaria, el golpe de efecto, el eslogan político, el meme viral. Fenómenos alimentados por una polarización algorítmica que muchas veces no nos permite escucharnos y menos encontrar una base de discusión común.

El periodismo, y las empresas periodísticas como organizaciones que le dan sustento y permanencia, tenemos un papel en ese debate público. Con nuestros distintos puntos de vista, derivados de nuestras miradas editoriales, de nuestros ámbitos de pertenencia, de las audiencias que representamos. Pero articulando desde esa diversidad una agenda que representa e interpela a la vez a gobernantes y gobernados. Una interfaz entre la gestión gubernamental y las demandas de la ciudadanía. No está de más recordar en este punto que el acceso a la información pública -como por ejemplo los actos de gobierno- es un derecho de la sociedad y del periodismo como vehículo de esta.

La prensa argentina en toda su diversidad –editorial, federal y de tamaño– y Adepa en particular, están fuertemente identificadas con dos conceptos que los argentinos tenemos a flor de piel en estos días: la democracia y la república. La democracia, que es mucho más que una elección, encuentra en esta su base instrumental de legitimación. Acabamos de vivir un proceso electoral cuya legitimidad y transparencia fue reconocida por todos: una vez más, es la expresión de uno de los contados consensos que los argentinos podemos acreditar en estos 40 años de democracia.

Saludamos a las autoridades electas en todos los ámbitos: nacional, provinciales y municipales. Cada uno de esos ejercicios de soberanía popular deben ser puestos en valor. Este año, gran parte del mapa político del país ha visto crecer la alternancia, que es uno de los valores centrales de las democracias sanas y fuertes. Que esa alternancia se traduzca en buen gobierno, en respeto a las instituciones, a las libertades y los derechos de los ciudadanos, en progreso y mejora de la vida cotidiana, es ahora el desafío central. Un desafío del que los medios estamos llamados a dar cuenta en cada uno de nuestros ámbitos territoriales.

A nivel nacional, escuchamos del flamante gobierno la reivindicación de los valores de la libertad y la república. Ambos son inherentes a nuestra organización como país: el primero sintetiza las declaraciones, derechos y garantías de los ciudadanos, expresadas en la primera parte de la Constitución. El segundo es el respeto al sistema de frenos y contrapesos de la misma Carta Magna: la división de poderes, la independencia de la Justicia, la tolerancia a la disidencia, la plena vigencia de la libertad de prensa –sin censuras ni tampoco represalias ni hostigamientos–, el funcionamiento del Estado de derecho. Son conceptos en los que Adepa abreva como fundacionales. Por eso, tomamos con expectativa esta declaración de principios y ratificamos que velaremos por ellos. Aspiramos, como la inmensa mayoría de los argentinos, a que el país pueda comenzar a saldar algunas de sus profundas deudas institucionales, económicas y sociales.

Que tantos actores de la democracia puedan estar hoy juntos acá habla también de un consenso profundo, mucho más trascendental que los recelos y las anécdotas del día a día de nuestra profesión. Y creo que es la convicción de que los medios periodísticos son empresas, pero no cualquier empresa. Son organizaciones de personas, pero no cualquier organización de personas. Asumen la lógica de mercado, pero a la vez la trascienden. Representan audiencias y por eso reflejan las voces de la ciudadanía, interpretan a sectores de la sociedad, expresan el ADN de las comunidades en las que operan. Esa función sin duda forma parte de los frenos y contrapesos republicanos que mencionábamos recién. Y cuando los medios no están, cuando se debilitan, cuando desaparecen –como sucede con muchos desiertos informativos que se multiplican hoy en el mundo– crece el espacio para los feudalismos, para las hegemonías, para los autoritarismos, para la corrupción y para el mal gobierno. También para la pérdida de la libertad.

Lejos estamos de pretender hablar desde un pedestal. Solemos repetirlo en Adepa: en el mundo de los medios se cometen errores y también pecados. Es un mundo que no está exento de exhibir debilidades éticas y profesionales, al igual que la dirigencia política y la sociedad en su conjunto. Los medios no siempre evitamos caer en las trampas del ecosistema digital, y con frecuencia somos arrastrados por el dogmatismo de las burbujas de sentido. Muchas veces no logramos la independencia económica, que es la mejor garantía de la independencia editorial. Y en ocasiones otros actores del poder, político o económico, se aprovechan de eso. Tenemos que ser el antídoto contra la desinformación y la propaganda, y a menudo no estamos lo suficientemente preparados ni tenemos los recursos para contrarrestarlas. Todos estos dilemas son cuestiones centrales hoy, no sólo aquí sino a nivel global.

El mundo occidental, democrático y capitalista se planta hoy ante el dilema del debilitamiento económico del periodismo y lo ve como una amenaza clara a la plena vigencia de la democracia liberal. Desde la Unesco hasta la OCDE están preocupadas por la desinformación, por las fake news, por la polarización política derivada de la manipulación virtual, por las interferencias extranjeras, por el hostigamiento en línea de líderes autoritarios contra disidentes, opositores, periodistas y defensores de los derechos humanos. Están preocupadas, además, porque estos fenómenos no sólo amenazan los sistemas electorales o la convivencia democrática sino el propio clima de negocios.

Y todos, países y organismos supranacionales, coinciden en que fortalecer la industria periodística con marcos objetivos y universales, que no condicionen la línea editorial de los medios, no estén sujetos a criterios discrecionales ni mucho menos a premios y castigos, son herramientas legítimas y necesarias para favorecer la sostenibilidad de una industria periodística que ha visto declinar sus fuentes de ingresos a expensas de gigantes tecnológicos globales que no producen contenidos ni invierten en periodistas, pero se sirven de su trabajo cada vez más, sin brindarles una compensación justa por ese beneficio que obtienen.

Alguna vez lo hemos dicho aquí mismo: hacer periodismo profesional es costoso. Y tratar de hacer el mejor periodismo es más caro aún. Lo que está en juego es mucho más que la vigencia de una actividad privada, como lo somos. Es la sostenibilidad de una herramienta de raigambre constitucional constitutiva de la democracia. Lo ha dicho la jurisprudencia de nuestra Corte Suprema: el Estado no puede desentenderse de la viabilidad de la prensa. Para ser bien claros: hablamos de la antítesis del sostenimiento artificial de medios sin audiencia verificada, creados para publicitar a un gobierno de turno. Hablamos de lo contrario a lo que en su momento se denominó la prensa militante o el sistema de medios paraestatal, todos casos que Adepa denunció antes que nadie, incluso cuando no era gratis denunciarlo.

Hablamos de políticas públicas que favorezcan la contratación de periodistas y no que la desincentiven; de regímenes que contemplen las nuevas formas de hacer periodismo que las tecnologías han puesto al alcance de la mano; hablamos de esquemas que exijan a las plataformas globales cumplir con su obligación de negociar con los medios un pago justo y razonable por el uso que hacen de sus contenidos periodísticos. El derecho de propiedad, tan caro a nuestra Constitución y a esta nueva administración, no puede soslayarse en un terreno tan sensible como el trabajo intelectual y creativo de esta verdadera industria del conocimiento. Así como la música o el cine son recompensados en sus derechos, también debe serlo el periodismo. Europa, Australia y Canadá son ejemplos de ello.

Hablamos también de la publicidad de los actos de gobierno, otro principio derivado de la Constitución. Algo que existe en todo el mundo y también aquí desde el retorno de la democracia. Que hace a la rendición de cuentas de la gestión, a la transparencia de las contrataciones, a la necesidad de campañas sanitarias o de servicio al ciudadano. Una práctica que requiere ser canalizada a través de organizaciones empresarias formales y establecidas, que cumplan con la ley. La publicidad oficial no puede ser ni un subsidio ni un beneficio. Mucho menos un premio o un castigo. Y si hubiera casos en que lo fuera, deben ser corregidos.

Adepa bregó siempre por que en este tema se siguieran los parámetros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En 2016 esos parámetros se convirtieron en una resolución de la Secretaría de Medios de la Nación, que saludamos. Claro que en estos años se complejizó el contexto: los medios, que hacen periodismo, vieron declinar su participación en el mercado publicitario. Y dos gigantes globales, que no producen contenido, se quedaron con más del 80% de la única publicidad que crece, la digital. Eso es parte de lo que le preocupa al mundo. En definitiva, reconociendo el difícil momento que vive el país, creemos que hay espacio para no profundizar esta asimetría, siempre de acuerdo con la Constitución y los fallos de la Corte Suprema.

Esta noche nos acompañan varios de los legisladores que en la última década entendieron que la libertad de prensa sin restricciones y la sostenibilidad de la industria periodística en todos los rincones del país es un requerimiento del sistema representativo, republicano y federal. Algunos de ellos hoy vuelven al Congreso. Esperamos poder conversar con ellos, en el marco del pluralismo y el federalismo que definen a Adepa, sobre estas cuestiones que entendemos esenciales para el futuro del periodismo. El diálogo es el único camino posible para la sana convivencia de una sociedad.

Celebramos poder hacerlo justamente cuando se cumplen 40 años de la asunción presidencial de 1983 y de la vigencia ininterrumpida de las libertades civiles en nuestro país, a pesar de las innumerables dificultades que ha tenido que enfrentar la ciudadanía en estas cuatro décadas, y que hoy se expresan en la dura crisis económica y social que vivimos.

En estos 40 años, el papel de la prensa ha sido fundamental para la consolidación de la democracia. Como dijimos en nuestra reciente asamblea de San Juan, la democracia y el libre ejercicio del periodismo son caras de una misma moneda. Cuatro décadas significan 14.600 tapas de un diario; 2.080 ejemplares de una revista; 350.400 horas de un canal de noticias; 21.024.000 minutos de radio; y, aunque en estas cuatro décadas no siempre existieron, más de 1.200 millones de segundos de actualización de un medio digital. Pero más allá estas magnitudes, al periodismo lo encarnaron organizaciones e individuos concretos que se animaron a desafiar el autoritarismo, que iluminaron lo oculto, que cuestionaron dogmas y que explicaron lo que parecía incomprensible.

Vaya un recuerdo, en representación de todos esos profesionales y medios, a dos figuras emblemáticas: la de Magdalena Ruiz Guiñazú, que honró la profesión y fue parte de la Conadep, y la de José Luis Cabezas, cuyo trabajó terminó costándole la vida.

Hubo más. El compromiso informativo y la toma de posición de medios y periodistas ayudaron a enfrentar las graves crisis militares que se plantearon durante los gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem. Adepa misma actuó con claridad y firmeza durante la Convención Constituyente de 1994 para mantener los principios de libertad de prensa postulados en la Constitución de 1853. Al mismo tiempo, logró consagrar un derecho de vanguardia, que ha sido un resguardo central para la investigación periodística: el secreto de las fuentes informativas.

La identificación de la prensa con el pulso social fue vehículo para que los ciudadanos pudieran sentirse escuchados y expresaran sus realidades y urgencias en las sucesivas crisis económicas y políticas que tuvimos desde 1983. El afán investigativo fue indispensable para denunciar los hechos de corrupción que afectaron gravemente al país. Esos casos fueron tomados por la Justicia –y en varias ocasiones, sus responsables resultaron condenados– gracias a la tenacidad y el profesionalismo periodístico.

La prensa argentina fue fundamental para evidenciar los intentos por eliminar garantías republicanas, tales como la autonomía del Poder Judicial o la existencia de medios independientes. En contextos desbordantes de complejidad, Adepa elevó su voz para denunciar atropellos, persecuciones y estigmatizaciones a fin de reivindicar el respeto a la crítica, la tolerancia con quien piensa distinto, la libertad de informar y opinar sin tutelas de ningún tipo.

Hace poco, la prensa argentina fue una herramienta esencial para que la ciudadanía pudiera afrontar la crisis pandémica del Covid-19 con información rigurosa y profesional.

En definitiva, en estos 40 años, la prensa argentina ha sido artífice de la construcción de un espacio plural en el que las distintas voces, ideas, mayorías y minorías de la sociedad argentina se pudieran manifestar y sentir representadas.

Frente al inicio de un nuevo ciclo político en el país, Adepa renueva su compromiso inalterable con los principios republicanos y la plenitud de la democracia, tal como lo señala nuestro estatuto fundacional de 1962. Al mismo tiempo, nos permitimos instar a toda la dirigencia –política, social, empresarial, sindical, religiosa– y a la ciudadanía en general a involucrarnos aún más con la defensa de esos valores que dieron origen a la Nación y que ayudaron a reconquistar la institucionalidad hace cuatro décadas. Ahora es el tiempo de abocarnos a las cuentas pendientes.

Muchas gracias.

Reproducción completa del discurso pronunciado en Buenos Aires, durante la cena de fin de año, en el 61 aniversario de Adepa, por Martín Etchevers, presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) el 13 de diciembre de 2023.

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