17 de agosto de 2026 - 00:00

La Odisea: el regreso a casa que trasciende los tiempos

Antes de ser libro, La Odisea fue voz. Durante siglos, la historia de un hombre que atravesó mares, guerras, monstruos y tentaciones para regresar a su hogar pasó de boca en boca. Casi tres mil años después, Christopher Nolan vuelve a contarla en el cine. Tal vez porque algunas historias cambian de lenguaje, pero nunca terminan de decirnos lo que tienen para decir.

Especialista en innovación educativa

Mucho antes de que alguien pudiera abrir un libro y leer las aventuras de Odiseo, hubo hombres que las contaron. En plazas, celebraciones y reuniones, los poetas y cantores del mundo griego transmitían historias que habían aprendido de otros y que ellos mismos volvían a contar. La memoria era entonces una enorme biblioteca colectiva. Los relatos se conservaban gracias a la repetición, al ritmo, a las fórmulas y a expresiones que ayudaban al narrador a recordar cientos y cientos de versos. De esa tradición oral nacieron algunas de las historias fundamentales de la cultura occidental. Entre ellas, La Ilíada y La Odisea. Estos relatos, atribuidos a un poeta llamado Homero, del que, paradójicamente, sabemos muy poco. Se considera que los poemas homéricos tomaron forma alrededor del siglo VIII a. C., como un modo de organizar cantidades de relatos transmitidos oralmente durante generaciones. Incluso la existencia histórica de un único Homero continúa siendo discutida: detrás de ese nombre podría encontrarse un poeta extraordinario o la culminación de una larga tradición de compositores y narradores. Lo indiscutible es la enorme influencia que esos relatos tuvieron sobre la cultura griega y, después, sobre buena parte de la literatura occidental.

Una guerra que se convirtió en mito

Para entender La Odisea hay que empezar un poco antes: en la Guerra de Troya. Según la tradición, una coalición de pueblos griegos atravesó el mar Egeo para combatir contra la ciudad de Troya, situada en Anatolia, en la actual Turquía. La guerra habría durado diez años. Los antiguos griegos ubicaban aquel conflicto varios siglos antes de Homero, hacia el final de la Edad del Bronce. La arqueología ha demostrado que Troya existió y que la ciudad sufrió distintas destrucciones, aunque sigue siendo motivo de debate cuánto hay de acontecimiento histórico y cuánto de construcción mítica en la guerra que narraron los poemas épicos. La Ilíada cuenta que el motivo que desencadena esta guerra fue el rapto de Helena (esposa del rey de Esparta). Los distintos pueblos se reúnen para rescatarla y poner fin a esta humillación que iniciara el rey de Esparta. Una vez alcanzado el objetivo, los sobrevivientes emprenden el regreso a casa. Allí comienza La Odisea.

El camino del héroe

Odiseo (Ulises para la tradición latina), protagonista de este relato, es el rey de Ítaca. No es el guerrero invencible ni el hombre físicamente más poderoso. Su gran virtud es otra: la inteligencia. Piensa, observa, es astuto, capaz de encontrar una salida allí donde la fuerza no alcanza. La tradición lo convirtió en uno de los grandes estrategas de la guerra y le atribuyó la idea del caballo de Troya: el enorme obsequio tallado en madera mediante el cual los griegos lograron ingresar finalmente en la ciudad. Pero la verdadera aventura de Odiseo comienza cuando termina la de los demás. Para Odiseo, volver a casa demorará otros diez años. En su tierra, lo esperan su esposa, Penélope; su hijo, Telémaco; su reino; su historia. Pero entre Troya e Ítaca aparecerán muchas dificultades (de ahí la expresión “fue toda una odisea”): Odiseo deberá escapar del cíclope Polifemo, resistirse al canto de las sirenas, encontrarse con Circe, permanecer retenido por Calipso, descender al mundo de los muertos y perder, uno detrás de otro, a sus compañeros. Y todas estas aventuras son extraordinarias. Sin embargo, el verdadero viaje ocurre dentro del personaje. Porque Odiseo regresa siendo otro. Este personaje es un héroe diferente, un reflejo que nos interpela. Porque héroe no es únicamente quien conquista o sale siempre victorioso. También es quien resiste, aprende, se equivoca, pierde y continúa. Odiseo es astuto, pero no perfecto. Puede engañar y también ser engañado. Puede desafiar sus propios límites y descubrir dolorosamente las consecuencias. Pero, por sobre todas las cosas, puede aprender y ese es el motor que lo mantiene vivo.

El hombre propone, pero los dioses disponen

Para los antiguos griegos, además, ninguna vida podía comprenderse completamente sin los dioses.La religión griega era politeísta. Zeus, Poseidón, Atenea, Apolo, Afrodita y las demás divinidades no habitaban un universo separado del de los seres humanos. Intervenían constantemente en él. Protegían a algunos, castigaban a otros, se enamoraban, se vengaban, competían entre ellos y podían cambiar el rumbo de una guerra o de una vida. Eran inmortales y poderosos, pero poseían pasiones sorprendentemente humanas. En La Odisea, esa relación es permanente. Atenea protege a Odiseo. Poseidón, en cambio, se convierte en su enemigo después de que Odiseo ciega a su hijo, el cíclope Polifemo. Zeus aparece como garante de un orden que los seres humanos no siempre comprenden. El destino del héroe se construye así en una tensión fascinante entre voluntad humana y voluntad divina. Los dioses pueden cambiar el viento y es Odiseo quien tiene que decidir qué hacer con la tormenta. Ese diálogo entre libertad y destino atraviesa buena parte de la cultura griega y explica también por qué sus mitos continúan siendo poderosos: detrás de cíclopes, sirenas y dioses caprichosos aparecen preguntas que siguen siendo nuestras. ¿Cuánto controlamos realmente nuestra vida? ¿Qué hacemos frente a aquello que no podemos controlar? ¿Qué significa mantenerse fiel a un propósito? ¿Cuánto podemos cambiar sin dejar de ser quiénes somos?

De la voz a la pantalla

La prueba más contundente de la vitalidad de un clásico es que cada época vuelve a contarlo. La Odisea ha inspirado durante siglos a escritores, dramaturgos, músicos y cineastas. Tuvo adaptaciones más literales, como Ulysses, con Kirk Douglas, y relecturas completamente inesperadas como ¿O Brother, Where Art Thou?, de los hermanos Coen, que trasladó libremente el viaje de Odiseo al sur de Estados Unidos. Cada versión conserva algo y modifica otra cosa. Porque adaptar un mito no significa simplemente repetirlo. Significa preguntarse qué puede decirnos hoy.

En 2026, esa pregunta llegó nuevamente a las salas de cine de la mano de Christopher Nolan. Su Odisea, estrenada en julio y actualmente en cines, está protagonizada por Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope y Tom Holland como Telémaco. Nolan eligió una escala monumental. La película, de casi tres horas, fue filmada íntegramente con cámaras de película IMAX, algo inédito para un largometraje de estas características, y apuesta especialmente por escenarios reales, efectos físicos y una sensación casi material del viaje: el mar, el viento, las embarcaciones, las costas y los cuerpos expuestos a un mundo enorme y peligroso. Pero quizá una de las decisiones más interesantes de esta adaptación sea que Nolan no convierte el relato simplemente en una sucesión de criaturas mitológicas y efectos especiales. Gratamente, su mirada pone fuertemente el foco en el hombre detrás del mito, lo que nos invita a pensarnos, con nuestras propias luchas y nuestras propias tormentas, y a motivarnos a seguir, día a día, buscando el camino a casa.

* La autora es especialista en innovación educativa.

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