7 de octubre de 2026 - 00:15

Intendentes fuertes, sucesiones débiles

Dos estudios de opinión realizados recientemente por RZ Consultora en Maipú y Rivadavia permiten observar una situación que merece pensarse más allá de esos departamentos: Cuando el liderazgo principal deja de ordenar el escenario, las referencias partidarias pueden mantenerse y la valoración de la gestión también, pero no necesariamente aparece otra persona capaz de reunir ese capital político.

    La política municipal tiene una particularidad que no siempre recibe suficiente atención: durante años, buena parte del poder político de un municipio puede quedar concentrado alrededor de una sola persona, el intendente.

    Con el tiempo, esa figura acumula presencia territorial, capacidad de decisión, exposición pública y una relación directa con la ciudadanía. Es quien representa la gestión, sus logros y también sus problemas. En muchos casos, el ciudadano termina asociando al gobierno local con quien lo conduce.

    El problema aparece cuando ese dirigente llega al final de su mandato o ya no puede competir nuevamente.

    Dos estudios de opinión realizados recientemente por RZ Consultora en Maipú y Rivadavia permiten observar una situación que merece pensarse más allá de esos departamentos.

    Cuando el liderazgo principal deja de ordenar el escenario, las referencias partidarias pueden mantenerse y la valoración de la gestión también, pero no necesariamente aparece otra persona capaz de reunir ese capital político.

    Allí comienza a aparecer la fragmentación.

    Una de las hipótesis que vengo trabajando es justamente esa: mientras un intendente fuerte permanece en competencia, la política local tiende a organizarse alrededor de su figura y la elección puede plantearse con mayor claridad entre continuidad y cambio. Cuando ese liderazgo sale de escena y durante los años anteriores no se construyó otro dirigente con volumen propio, el escenario se abre.

    No desaparece el partido. No desaparece la gestión. Lo que falta es alguien capaz de representarlos.

    Existe en política una idea bastante extendida según la cual el acompañamiento a un dirigente puede transferirse naturalmente a otro. Un intendente con una gestión valorada puede suponer que quien sea elegido como sucesor heredará buena parte de ese respaldo. Pero las personas no votan de una manera tan mecánica.

    Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, en "El arte de ganar. Cómo usar el ataque en campañas electorales exitosas", cuestionan las explicaciones que reducen el comportamiento político a decisiones puramente racionales. En el voto intervienen también afectos, temores, necesidades, experiencias y expectativas.

    Eso resulta especialmente útil para pensar los municipios. Un vecino puede valorar a un intendente después de años de relación con su gestión y, sin embargo, no sentir lo mismo por la persona que ese intendente designe para sucederlo. Puede identificarse con el mismo espacio político y todavía no reconocer en ninguno de sus dirigentes a alguien capaz de ocupar ese lugar.

    El liderazgo no se hereda automáticamente.

    Por eso la sucesión municipal no debería empezar a pensarse durante el último año de gobierno. Cuando llega ese momento suelen aparecer las preguntas conocidas: quién mide mejor, quién tiene mayor conocimiento, qué funcionario puede convertirse en candidato o quién cuenta con el respaldo del intendente.

    Pero un liderazgo no se construye en unos meses.

    Implica exposición, responsabilidad, capacidad de resolver problemas, vínculo territorial y, sobre todo, la posibilidad de desarrollar una identidad propia dentro de una gestión colectiva.

    Ese es probablemente uno de los dilemas más difíciles para un intendente con liderazgo fuerte: para construir un sucesor tiene que compartir centralidad.

    Si todo pasa por el intendente durante ocho años, resulta difícil pretender que seis meses antes de una elección aparezca otro dirigente con la misma capacidad de representación.

    Hay además otra distinción importante: una gestión puede dejar una percepción positiva o negativa que sobreviva a quien la condujo, pero la valoración de una gestión y el liderazgo político no son exactamente lo mismo.

    Ismael Crespo, Antonio Garrido, Elena Carletta y Mario Riorda, en "Comunicación política y estrategias de campaña. Candidatos, medios y electores en una nueva era", trabajan sobre la importancia de las percepciones en la construcción de las decisiones electorales y muestran, entre otros aspectos, el peso que pueden tener las impresiones negativas en la formación de juicios políticos.

    En el ámbito municipal, esas percepciones se construyen todos los días. Una calle sin reparar comunica. Una plaza recuperada también. La atención en una oficina municipal comunica. La demora ante un reclamo también.

    La gestión es, en sí misma, una forma permanente de comunicación política.

    Pero cuando el intendente que durante años personificó esa gestión deja el escenario electoral, queda una evaluación sobre lo realizado, queda una identidad partidaria y queda el recuerdo del dirigente, pero puede no existir todavía una persona capaz de reunir esas tres dimensiones.

    Entonces aparecen varios candidatos tratando de apropiarse de una parte de ese capital y el escenario tiende a fragmentarse.

    Allí aparece una paradoja: cuanto más fuerte es un intendente y cuanto más personaliza el funcionamiento político de su gobierno, más difícil puede resultar construir una sucesión ordenada.

    Mientras está presente, esa concentración puede ser una fortaleza. El problema aparece el día después.

    Por eso puede pensarse que la presencia de un liderazgo municipal consolidado favorece escenarios más ordenados y potencialmente más polarizados, mientras que su salida, cuando no existe una sucesión construida previamente, puede abriruna etapa de mayor fragmentación.

    No es una regla matemática. Cada municipio tiene su historia y sus propios liderazgos. Pero es una dinámica que merece ser observada.

    La sucesión no debería ser pensada solamente como un problema electoral. Es también un problema de construcción política.

    Construir un sucesor no significa elegir un nombre y anunciarlo. Significa generar condiciones para que existan otras figuras con legitimidad propia.

    Los estudios realizados por RZ Consultora en Maipú y Rivadavia ayudan a poner esta discusión sobre la mesa. Más que detenerse en resultados particulares, permiten pensar una cuestión más amplia de la política local: la distancia que puede existir entre una identidad partidaria, la valoración de una gestión y la consolidación de un nuevo liderazgo.

    Quizás por eso la pregunta más importante para un intendente que transita sus últimos años de gobierno no sea solamente quién puede ganar la próxima elección.

    La pregunta anterior es otra: ¿Qué queda políticamente cuando él ya no está?

    Porque la continuidad no se construye el día que se elige al candidato.

    Se construye durante toda la gestión.

    * El autor es licenciado en Ciencia Política y Administración Pública. Maestrando en Comunicación Política.

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