La eliminación del Ministerio del Interior, dispuesta por Milei, deja en claro cuál será la principal tarea del nuevo jefe de Gabinete: mantener un contacto directo y permanente con los gobernadores aliados y con el Congreso. El objetivo será aprovechar y fortalecer vínculos con el macrismo, además de seguir de cerca a los radicales y a otros sectores que responden a los pedidos de sus gobernadores, incluidos varios peronistas no kirchneristas.
Con esa misión, resulta lógico que Santilli haya absorbido la estructura de Interior. En los hechos, asume el vínculo con las provincias y el cuidado de los aspectos institucionales, apoyado en la impronta que ya había mostrado y que motivó su llegada al primer cargo.
En rigor, Santilli ya cumplía la función ahora asignada cuando era ministro del Interior, aunque la obstrucción que representaba Adorni impedía que sus efectos se advirtieran con claridad. La parálisis gubernamental era evidente.
El exfuncionario, hombre de estrecho vínculo con el presidente y su hermana, y fiel exponente del discurso libertario anticasta, terminó apartándose de los principios de su propio espacio político. Su conducta quedó en abierta contradicción con los mandatos de austeridad y honestidad con los que Milei llegó al poder.
Volviendo a Santilli, su nuevo cargo le asigna principalmente una función de coordinación interna del Gobierno, aunque no se presume que deba asumir demasiadas obligaciones adicionales. Queda formalmente al frente de un gabinete reducido, integrado por pocos ministros, varios de ellos pilares del plan oficial, como “Toto” Caputo y Sturzenegger. La construcción política, en cambio, parece ser la especialidad del dirigente conocido como “el Colo”.
Esta situación le permitirá dedicar buena parte de su tiempo a la estrategia electoral que tanto interesa al núcleo mileísta y también a él mismo. Santilli sabe que la gran recompensa por su trabajo podría ser la codiciada candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Allí competiría con quien el justicialismo postule para suceder a Kicillof. Será un desafío importante, aunque con perspectivas alentadoras para La Libertad Avanza: al frente de la campaña nacional del año pasado, Santilli logró influir para revertir la muy mala elección que el oficialismo libertario había hecho un mes antes en las legislativas bonaerenses.
La estrategia pasa, en primer lugar, por reflotar con toda la fuerza posible la reforma electoral, que sobre todo apunta a eliminar las elecciones primarias abiertas (PASO) para ponerle punto final a un sistema costoso, que no logró ir en contra de la corriente de indiferencia electoral que predomina hoy entre los argentinos y que en muchos casos no sirvió como contienda interna de partidos o coaliciones, sino más bien como una suerte de primera vuelta para posicionar candidaturas.
Sin embargo, este razonable planteo confronta con la modalidad que pretende imponer el nuevo jefe de Gabinete para afianzar los lazos de unidad con los principales aliados o cercanos que hay en la mayoría de las provincias.
El pretendido regreso a las llamadas listas colectoras no aparece, a priori, como una elaborada propuesta para un debate de fondo de la reforma política en sus aspectos más salientes, como es la cuestión electoral.
En declaraciones periodísticas durante su primera semana en la nueva función, el “súper ministro” sostuvo que lo principal para una modificación en el mecanismo de elecciones era el aprovechamiento de un año no electoral, como el actual. Es acertado lo que dice, pero lo que se propone en primera instancia no parece basarse en una discusión muy prudente, sino más bien en una suerte de propuesta exprés de conveniencias cruzadas mediante la reinvención de un sistema criticable, como el de las colectoras.
¿Será posible dicha variante? No habría que descartar que mucho tenga que trajinar por las provincias el funcionario de Milei para escuchar a sus aliados y cercanos y pasar a actuar para lograr el mayor porcentaje de adhesiones.
En el caso puntual de Mendoza es fácil imaginar que al gobernador Cornejo y allegados el asunto les debe haber generado sorpresa y la necesidad de salir a verificar el alcance de lo que se propone desde la Nación, para adaptar la estrategia local.
Ya se sabe que la relación entre el gobernador y Santilli es muy buena desde antes de la incorporación del macrista al equipo de gobierno libertario. Pero en este punto, como ya ha trascendido, es probable que el jefe del Ejecutivo local busque una solución que no lastime en absoluto la relación con la Nación pero que, a la vez, le permita mantener su plafón local. No le gusta a Cornejo perder intempestivamente su margen de maniobra.
Es así como ha trascendido con fuerza que el gobernador optaría por replantear las PASO locales, para hacerlas no obligatorias, con alguna reducción en cuanto a financiamiento. Fue el ministro Mema, fuerte portavoz del mandatario local, quien oficialmente sostuvo la idea oficial de defensa de dicho mecanismo electoral.
La dirigencia se encuentra, además de sorprendida, aturdida por esta iniciativa. En especial desde el justicialismo aducen que se trata de una estrategia deliberada del gobierno para perjudicarlo electoralmente teniendo en cuenta que sigue siendo el principal oponente.
En el Pro no hay pronunciamientos oficiales aún, pero ha circulado la versión de que el partido de Macri se conformaría con ser colectora de Milei. Apostaría así por sus propios candidatos a diputados. No hay que olvidar la cercanía política y afectiva que mantienen Santilli y el líder de los diputados macristas del Congreso, Cristian Ritondo.
Colectoras para recolectar votos. No será fácil, pero tampoco imposible, para Diego Santilli encarar esta nueva misión a favor de la corona mileísta.