Finalmente, Javier Milei dió por concluido el ciclo de Manuel Adorni como jefe de Gabinete, algo que anticipó al recortar también su rol de vocero. Dos funciones en las que, arrinconado por sus propias torpezas, contradicciones y mentiras, (pero en especial la acumulación de pruebas y testimonios en su contra) hicieron imposible su continuidad pese a la resistencia del Presidente y su hermana Karina.
Así, el ex columnista económico devenido en audaz funcionario y cruzado mileísta dibujó su salida como una decisión personal que en realidad es una válvula de descompresión interna para una administración paralizada. O lo que era aún peor, amordazada para no recrudecer un escándalo que cada día sigue escalando.
Así, el ascenso y empoderamiento del hasta hace una semana ministro del Interior, Diego “Colorado” Santilli fue percibido no sólo como una señal de alivio político, sino también como una oportunidad para relanzar un gobierno encaprichado en sostener a su cuestionado alfil, y -hasta ahora-, incapaz de una mínima dosis de pragmatismo en pos de salvar el proyecto.
Interlocutor
Oriundo del PJ menemista porteño de los años ‘90 y validado en sus dotes de articulación durante su crecimiento en el Pro, Santilli es uno de los tantos macristas que dieron un paso al frente en auxilio de La Libertad Avanza (LLA). Su golpe de suerte, tras el escándalo y la renuncia de José Luis Espert fue ganar la elección legislativa del 2025 en la provincia de Buenos Aires. Una tarea utópica que le aseguró la confianza presidencial y su posterior desembarco como ministro del Interior.
Desde allí, se dedicó a lo que siempre supo hacer, tanto en función ejecutiva como legislativa: buscar acuerdos y tender puentes. Una tarea que durante este tiempo le permitió al Gobierno obtener algunos éxitos en el Congreso, pero especialmente el reconocimiento de gran parte de los gobernadores. De hecho, 13 mandatarios provinciales de distintos partidos políticos lo acompañaron, a modo de respaldo, al momento de la asunción. Incluso, el propio Alfredo Cornejo.
Tanto en la previa como tras la jura, el mendocino puso de relieve el perfil de “integración y diálogo”, pero también algo no menor: que Santilli ya venía realizando esa tarea de interlocución entre las Provincias y la Nación, casi minimizando la efectividad de Adorni.
De ello se desprende que ahora Mendoza tiene no sólo un canal de comunicación idóneo, sino también suficientemente probado en comprender escenarios y ofrecer soluciones. Así fue anteriormente con Guillermo Francos, pero no del todo aceitado con Adorni.
Una especie de bendición para quien desde la estricta práctica política (como Cornejo) requiere pares con quien hablar el mismo idioma. Mucho más en un gobierno que siempre despreció la rosca aunque se dio cuenta que la necesita.
Dar es dar
Sin embargo, el endulzamiento en los oídos que significó para los gobernadores la designación de Santilli parece tener todo el aspecto de una fruta envenenada, capaz de acarrear grandes dilemas de los que Mendoza como el propio Cornejo no están exentos. Esto se desprende de los principales objetivos para esta nueva etapa del gobierno nacional.
La búsqueda de consensos y acuerdos tiene como misión básica asegurar el acompañamiento a las iniciativas que en lo que resta del año el Presidente quiere tener aprobadas en el Congreso. Y allí es donde empiezan los problemas.
A la anunciada reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que promete una polémica suficientemente sustancial (si bien la promesa presidencial en campaña era su “destrucción”), ahora busca limitar sus atribuciones para prohibir financiar el Tesoro con emisión, como fue durante la época kirchnerista, y con ello, contener el déficit fiscal y la inflación. A eso se suma la controversia de la modificación de Zona Fría y otra iniciativa que para los partidos tradicionales, y particularmente el radicalismo, supone un dolor de cabeza adicional: la eliminación (o al menos, otra vez la suspensión) de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Desde el seno de la misma Unión Cívica Radical (UCR) un puñado de dirigentes históricos y con más peso simbólico que efectivo (entre ellos, Ernesto Sanz) están pidiendo fijar una postura partidaria para rechazar ese proyecto que entienden restringe la participación ciudadana, pero principalmente condiciona a las coaliciones (como fue Cambiemos primero y luego Juntos por el Cambio) para dirimir candidaturas. ¿Qué pensará Cornejo sobre las PASO luego de defenderlas e impulsarlas en Mendoza? ¿Cederá ante la presión de la Casa Rosada en pos de su alineamiento? ¿Irá en contra de la opinión mayoritaria de su partido?
Tentación
Está claro que en política todo depende del contexto y las circunstancias, por eso desde la Nación trabajan en una oferta transversal para todos los distritos que sea suficientemente atractiva en tanto les asegure a los gobernadores mejores condiciones para sostener sus territorios y -por otro lado- asegurar la reelección de Milei en 2027. Esta será una de las tantas zanahorias con las que Santilli podrá hacer política.
A la desaparición de las PASO se ofrece como contrapartida resucitar las defenestradas colectoras que permitan hasta dos listas en competencia por ese oficialismo ampliado de libertarios y el armado local (aquí Cambia Mendoza), siempre y cuando ambos aporten votos para reelegir a Milei.
Además, consagrar la Ficha Limpia y en caso de acordar (incluso hasta la fecha de las elecciones nacionales y las provinciales) considerar que no haya candidatos libertarios capaces de amenazar los planes de los líderes provinciales. Una posibilidad recurrente que complicaría en extremo a Luis Petri pero que sería una oferta muy difícil de rechazar para Cornejo. O sea, este cuento no ha terminado…