21 de septiembre de 2026 - 00:30

La historia del VAR (mi historia personal)

Lo lógico, lo sensato, lo más justo, es sancionar en las mismas condiciones en que se juega, es decir, en un golpe de vista. Analizar de nuevo la jugada con ese microscopio electrónico que es el VAR, no tiene sentido, no es lógico, no es justo. Es antifútbol.

    Suelo jocosamente declarar que soy el inventor del VAR. Obviamente, no es verdad, pero sí que tuve esa idea en mi juventud y muy rápidamente la deseché.

    Me parecía que repasar jugadas en video podía ayudar a los árbitros de fútbol. Pronto advertí que no y que introduciría nuevos inconvenientes.

    Durante el Mundial de Italia, en 1990, deseché por completo la idea. No recuerdo la fecha en que pensé en ella por primera vez.

    La final de ese campeonato se definió por una jugada que aún hoy genera polémica. Un penal mal sancionado, desde muy lejos y en mala posición.

    Sin embargo, a pesar de haberlo visto mil veces en video, hay todavía hinchas que opinan que fue bien sancionado y lo contrario.

    Comprendí entonces algo tan obvio que no requería comprobación práctica, debí saberlo desde el primer momento.

    A veces, solamente algunas veces, la imagen video aclara situaciones confusas y define jugadas indefinidas. En muchas otras ocasiones, pues, no, como la del caso citado.

    Y esto porque el fútbol no tiene la precisión de una maquinaria de relojería. Se juega cuerpo a cuerpo, se busca la pelota con los pies a alta velocidad, hay entreveros, forcejeos, saltos y, en fin, una cantidad de situaciones imposibles de ver a tan fino nivel de detalle.

    El VAR no aclara la mayoría de las jugadas dudosas cuerpo a cuerpo. Tocar al rival no es infracción, infracción es derribarlo ¿cómo puede el VAR esclarecer si un contacto derribó a un jugador o el jugador simuló el derribo?

    Simple, no puede. No sirve para eso.

    El juego cuerpo a cuerpo no se define con límites precisos, no es exacto ni claro, tiene enormes zonas grises. El VAR con su precisión de microcirugía es antifútbol.

    El off-side o fuera de juego le da sentido al fútbol, hace que sea una disputa inteligente, con táctica. La regla que lo determina, Regla 11 de la IFAB, es sencillísima y muy fácilmente comprensible, se lee en menos de una carilla, sin embargo la gran mayoría de los aficionados la desconoce.

    He presenciado discusiones muy acaloradas en las que intervine con una sola pregunta: ¿Leyeron el Reglamento? Invariablemente, la respuesta es ¡No!

    Pues, la posición relativa de atacantes y defensores define la ventaja de unos y otros y la regla regula esa ventaja fijando límites.

    Los límites son siempre odiosos, pero no hay opción, en este caso hay que aceptarlos. Es una pena anular un gol por unos centímetros, aunque hay que hacerlo.

    Pero veamos cómo lo hacemos.

    Los atacantes se posicionan muy al límite de lo permitido para aprovechar al máximo el terreno. En un golpe de vista, el jugador analiza su posición, la de sus rivales, la trayectoria de la pelota y el momento en que un compañero la juega.

    Si apenas asoma una parte de su cuerpo (rodilla, pie, hombro, etc) fuera del estricto límite reglamentario, ha de decirse sensatamente que se encuentra en misma línea y, por lo tanto, habilitado, pues no obtiene ventaja.

    Pero el Reglamento fija ese límite y si se sobrepasa, es infracción, por muy antipático que resulte.

    Lo lógico, lo sensato, lo más justo, es sancionar en las mismas condiciones en que se juega, es decir, en un golpe de vista.

    Si el árbitro o el asistente lo vieron, que lo sancionen. Si no lo vieron, que no lo sancionen.

    Analizar de nuevo la jugada con ese microscopio electrónico que es el VAR, no tiene sentido, no es lógico, no es justo.

    Es antifútbol.

    Finalmente, muchos ingenuos creyeron que el VAR iba a aportar justicia terminando con fallos caprichosos.

    Es tan peregrina esa idea que no merece atención. Analicémosla de todos modos.

    El VAR es una herramienta, se la puede usar honestamente o deshonestamente. No puede aportar justicia, definitivamente no tiene cómo.

    Si de verdad hay jueces capaces de ignorar una infracción o de inventarla para favorecer a un equipo, lo harán con VAR o sin VAR y de hecho hemos sido testigos de fallos insólitos con VAR.

    Recuerdo especialmente uno MUY grosero del Mundial de Qatar.

    Debutaba en el partido inaugural una especie de superVAR con siete cámaras de video en cada mitad del terreno y con una interface generadora de imagen que iba a proyectar el veredicto final.

    Un jugador claramente habilitado marcó el gol y el VAR lo anuló. Al proyectar esa famosa imagen se advirtió que faltaban dos defensores, precisamente los que habilitaban.

    El gol fue nulo. En mi larga historia de hincha recuerdo solamente dos barbaridades arbitrales comparables con ésta.

    Muchos sospechan de la posición de las famosas rayas, roja una, azul la otra, que pretenden justificar los fallos de fuera de juego. No me consta que las manipulen, son sin duda manipulables.

    Pero hacer desaparecer de la escena a dos jugadores, eso lo vi y me cuesta creerlo.

    El VAR no tiene moral, honestos o deshonestos son quienes lo manejan. No puede el VAR aportar honestidad, es imposible.

    Hubo dos casos notables en el último Mundial. En el partido Croacia Portugal, en 16avos de final, un delantero croata intentó jugar la pelota con la cabeza y esto provocó la anulación del gol del empate por fuera de juego de un compañero.

    Nadie, ni el árbitro principal, ni el línea, ni los relatores, ni el público, ni los televidentes, nadie advirtió ese supuesto toque, lo acusó un hipersensible dispositivo interno de la pelota que envió la señal al VAR.

    En cambio, en el partido Inglaterra Noruega, un despeje del arquero nórdico impactó en el cable de la cámara de altura, la pelota se desvió y cayó a los pies de un jugador inglés, el pase terminó en el gol del empate que fue convalidado.

    Esta vez el hipersensible chip interno que había acusado el contacto con un cabello no captó nada.

    Inexplicable.

    Soy consciente de que el VAR llegó para quedarse. No pretendo eliminarlo, aunque me encantaría. Habrá que sufrirlo.

    Mejores árbitros, con más personalidad, eso necesita el fútbol.

    A los amantes de la precisión micromecánica, les recomiendo que miren partidos de Tetris.

    * El autor es un ingeniero mendocino radicado en Canadá.

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