Y... uno no tiene ganas. Tiene fiaca. Hace ya varios años una película con Norman Brisky nos mostraba esa faceta del ser humano. La película, obviamente, se llamaba La Fiaca. Esta palabra es auténticamente genovesa, es decir, una expresión corriente en el dialecto de esa ciudad. La “fiaca” en el dialecto genovés expresa esto: “desgarro físico originado por la falta de alimentación momentánea”. Aquí la hemos atribuido a un desgano general y no sólo por falta de alimentos, sino porque no se nos dan las ganas, así de simple.
Ahora no se usa mucho pero hace tiempo formaba parte del argot familiar de los argentinos. Tengo fiaca, decíamos cuando no había fuerza de voluntad que nos empujara a realizar una tarea, o cualquier tarea, porque la fiaca no se especializaba: era general.
El tipo se siente como derrotado, no tiene iniciativa. Le encanta fumar pero no tiene ganas de prender el pucho. Va al baño y hace por iniciativa propia de su cuerpo no porque él le ponga énfasis a la tarea. Tiene que hacerse de comer pero no tiene voluntad para agarrar las ollas.
En el trabajo deja pasar las horas haciendo nada, hace como que hace, pero en realidad no hace. Es como un estado de laxitud de la sesera, como si se nos fuera el impulso vital necesario para enfrentar la vida.
A todos nos ha pasado en algún momento, pero hay algunos a los que les pasa significativamente durante muchos momentos y no hay forma en que varíen sus ganas. Porque tiene que ver con las ganas. En este caso, ganas de no hacer nada, ganas de no tener ganas.
Uno los ve, inertes, agobiados por su falta de energía, les pregunta qué les pasa y seguramente recibe de contestación: “Tengo fiaca”.
Podríamos llamarla de otra forma, por ejemplo, pereza u holgazanería, que son maneras distintas de nombrar la misma sensación.
Vulgarmente suele expresarse con la forma “te pesan los productos de ave”, y es una forma guaranga pero define perfectamente lo que le está ocurriendo a ese ser que se repliega y no quiere intentar nada porque ni ganas tiene de ningún intento.
Se imaginan si la fiaca fuera como una epidemia y en una secuencia determinada de algún día a todos nos diera fiaca. El país se pararía, nada funcionaría, porque los encargados de hacer funcionar las cosas han contraído una abulia repentina y entonces que las cosas se hagan por sí solas o que no se hagan.
El no hacer nada. Qué forma más imbécil de desperdiciar el día. Pero el tipo no lo hace por mala voluntad, lo hace porque no tiene voluntad y entonces cualquier acción le parece un sacrificio.
Lo malo es que no hay antídoto para estas cuestiones, no es cuestión de tomar una pastillita que nos reactive; no hay soluciones en grageas.
Hay que esperar que al tipo se le pase. Mientras tanto, no le pida nada porque no está para atender ningún pedido. Decididamente, tiene fiaca.
Y ahora termino. Yo sé que debo agregarle palabras a esta nota, que no está suficientemente abordada para que diga lo que quiere decir pero no hay caso; yo también tengo fiaca.