Con la pandemia y la cuarentena, hemos cambiado muchas cosas: en primer lugar, la relación con nuestros familiares y amigos; además, nuestras conductas habituales que se ven privadas de espontaneidad y libertad y, también, nuestro vocabulario cotidiano, enriquecido y diversificado con acepciones nuevas de viejas palabras y con la utilización de vocablos extranjeros que hemos adoptado a medias. Además, por supuesto, como en cualquier época de crisis, se da la veta humorística que parece aliviar, en una pequeña medida, la tristeza del momento.
He titulado la nota “Invasiones anglofrancesas” porque es grande la cantidad de vocablos de ese origen que luchan por quedarse entre nosotros, en relación con esta pandemia, aunque no siempre se han adaptado totalmente. En estos últimos días, venimos escuchando en forma reiterada el término ‘clúster’, cuyo valor significativo desconocíamos hasta no hace mucho. La palabra es de origen inglés, idioma en el que se escribe “cluster”, sin tilde como corresponde a esa lengua y con pronunciación de la “u” como [a]. ¿Cuál es su significado? Es un “conglomerado de empresas de ámbito o actividad comunes que, generalmente, están ubicadas en la misma zona”. Al ingresar al español, se adapta a las características de nuestro idioma, toma tilde como palabra grave, pero no lo ha hecho en forma total porque todavía debería, en la oralidad, pronunciarse tal cual se lee: “clúster”, sin cambiar la “u” por “a”. ¿Qué se censura en el uso del término? La mezcla de pronunciación inglesa con escritura propia del español. Además, en cuanto a su plural, se nos recomienda en -es: ‘clústeres’.
No es una excentricidad pensar en esta forma de adaptación al español: ha sucedido con otros términos de procedencia extranjera que se han transformado al llegar a nuestra lengua. Por ejemplo, podemos mencionar ‘búnker’ y ‘póster’. Con respecto al primero, nos habla el Panhispánico acerca de su origen alemán y de su significado como “pequeña construcción defensiva” y, en especial, “refugio blindado, por lo general subterráneo, para protegerse de los bombardeos”. Es errónea, por su adaptación al español, su pronunciación como [bánker]; debe pronunciarse con “u” y tomar tilde como palabra grave. Su plural es ‘búnkeres’.
Análogamente, ‘póster’ es la adaptación al español de la voz inglesa “poster”. Nuevamente observamos la tildación obligatoria como voz grave y la recomendación de la Academia de formar el plural en ‘-es’: ‘pósteres’ (no *pósters).
Luego de esta pequeña digresión, vayamos a otro vocablo que hemos conocido en esta cuarentena: se trata de ‘fómites’. El Diccionario de términos médicos, de la española Academia Nacional de Medicina, lo define como un “objeto inanimado que, por estar contaminado por microorganismos, puede transmitir infecciones”; se añade que se lo conoce como “vector pasivo”. Nuestro propio diccionario académico registra la forma ‘fómite’, directamente derivada del latín, pero nos remite a la voz muy poco usada ‘fomes’, con el significado de “causa que excita o promueve algo”.
Otro vocablo que nos sorprende, no porque sea nuevo sino porque no lo registrábamos como habitual, es ‘triaje’: los diccionarios etimológicos nos retrotraen al francés “triage” y al viejo verbo “trier”, registrado ya desde el siglo XII, que significaba “elegir entre cierto número de personas o de cosas y separarlas del resto”. Está documentado que el médico francés, que integraría luego la guardia napoleónica, Baron Dominique-Jean Larrey, usó el vocablo “triage” hacia 1792, para denominar la clasificación de los heridos de guerra, según su gravedad, a fin de evacuarlos y brindarles asistencia médica.
‘Con ese valor se usa en la actualidad, pero como palabra llegada desde el francés, ha sufrido el cambio, en lo ortográfico, de la “g” a la “j”; también en lo fonético, debe pronunciarse en español como corresponde a la fricativa velar sorda “j”. Es interesante documentar lo establecido por el Diccionario de términos médicos ya nombrado, cuando llama ‘triaje’ al sistema que se aplica, en caso de catástrofes naturales y de servicios de urgencia que impliquen gran demanda asistencial; hace extensivo el vocablo al lugar en donde se lleva a cabo esa clasificación. Asimismo, dice esta obra que ‘triaje’ se usa para designar la decisión sobre cuál de las enfermedades o lesiones que presenta un paciente debe atenderse primero. Como dato interesante, sugiere que se use el término coloquial ‘filtro’.
En todos los programas televisivos y radiales, se quiere proteger a la población con una serie de recomendaciones; entonces, escuchamos y vemos la palabra “tips”: ¿de dónde proviene? ¿Está bien usarla? Nuevamente, nos encontramos con un extranjerismo que puede ser dejado de lado puesto que poseemos, en nuestro idioma, el equivalente: “consejo, recomendación, clave”. Por lo tanto, es aconsejable decir Ofrecemos a nuestros amigos diez consejos para no aburrirse en cuarentena.
Aludíamos, al comienzo de esta nota, al sentido del humor, a veces ácido, que se desarrolla en situaciones estresantes, como ha sucedido y continúa sucediendo a lo largo de la historia. Así, lo vemos con vocablos de creación, en alusión a la cuarentena y a la pandemia; se nos da con ‘cuarempena’, acrónimo formado por ‘cuarenta’, en referencia al período de confinamiento, y ‘pena’, asociado al sentimiento de dolor y de angustia por el encierro. Al formarse el acrónimo, la ’n' original se cambió por ’m' delante de ’p'. También está más divulgada la creación ‘cuareterna’, que también hizo el juego acronímico al fusionar nuevamente el sustantivo ‘cuarentena’ con el adjetivo ‘eterna’, en clara alusión a la duración excesiva del aislamiento. El ingenio ha unido no solamente los conceptos sino que ha replicado los mismos sonidos vocálicos.
Finalmente, hay quienes descreen de esta pandemia y la atribuyen a un plan político internacional o a una maniobra económica para obtener ganancias a partir de la creación de vacunas; entonces, una vez más el ingenio ha modificado el comienzo del término original ‘pandemia’ y ha inventado ‘plandemia’, con la adición de una ’l' que pretende alterar su valor original.
Lengua, pues, dinamismo en acción, vinculada a los vaivenes culturales del hombre.