¿Hacia dónde Trump está llevando al mundo?

Hoy, tanto Trump como Xi Jinping prometen que sus países “volverán a ser grandes”. ¿Cómo se resolverá la tensión? ¿Estará dispuesta China a moderar sus ambiciones? ¿Aceptará EE.UU. convertirse en la segunda mayor potencia del Pacífico, además de ser ya la primera en el Atlántico? La naturaleza de esta confrontación no permite conjeturar que vaya a resolverse necesariamente a través de un conflicto militar; dependerá ello de cómo se gestionen las tensiones. Pero si miramos la historia, las probabilidades son altas.

Contexto

Trump dice que detuvo ocho guerras. Cabe recordar que la guerra es parte de la naturaleza humana y distintivo cultural de la humanidad. Es tan antigua como nuestra especie, la cual -entre todas- es la más guerrera. Antes de que hubiese recursos y territorios por defender, nuestra especie ya guerreaba.

El primer conflicto bélico del que se tiene registro data del año 2450 a.C. Enfrentó a las ciudades-Estado sumerias de Lagash y Umma por un territorio cultivable con regadío.

Repasando los textos literarios más remotos -el Antiguo Testamento, el poema de Gilgamesh y la Ilíada- están presente las hazañas bélicas

Considerando los últimos 5500 años, la humanidad estuvo en guerra el 80 % de ese tiempo, con apenas 900 años de paz. Hubo más de 14000 guerras, con no menos de 1240 millones de víctimas, según la “Enciclopedia Mundial de las Relaciones Internacionales y Naciones Unidas”.

Teniendo en cuenta sólo las guerras más relevantes, pueden contabilizarse 36 entre la prehistoria y la Antigüedad; 34 en el Medievo; 32 en la Edad Moderna; 43 en el siglo XIX; 119 en el siglo XX y en lo que va del siglo XXI, llevamos 66 guerras.

En la actualidad, según la 18ª edición del “Índice de Paz Global” (IPG) del Centro de Estudios “Internacional Institute for Economics & Peace” (IEP), en el mundo hay 56 conflictos activos. Se trata de la mayor cantidad de guerras desde la 2° Guerra Mundial, con 92 países involucrados.

En esta nota me propongo enfocar la mirada en Trump, simplemente porque desde que asumió su segundo mandato un año atrás, soplan más fuerte los vientos de guerra.

Pero no es sólo Trump. Es también Putin (Rusia), Xi Jinping (China), Netanyahu (Israel) y Alí Khamenei (Irán). Escuchando este quinteto, sus discursos incendiarios se multiplican.

“Si el régimen de Irán intenta asesinarme, he dado instrucciones para aniquilarlos. Serán borrados de la faz de la Tierra” (Trump). “Ucrania no es un país, somos un mismo pueblo. El orden internacional va a cambiar, es natural e irreversible” (Putin). “Taiwán se incorporará a China, por medios pacíficos o por la fuerza” (XI Jinping). “Israel responderá con una fuerza sin precedentes frente a cualquier intento de dañar al país” (Netanyahu). “Trump sabe que, si alguna mano de agresión se extiende hacia nuestro líder -el ayatolah Alí Khamenei- no sólo cortaremos esa mano, también prenderemos fuego a su mundo” (General Shekarchi, fuerzas armadas iraníes).

Es decir, estamos frente a un escenario global de crecientes amenazas y altamente volátil, acercándonos a un mundo sin reglas, donde la única ley sería la del más fuerte y donde el Derecho Internacional pasaría a ser un mero conjunto de sugerencias.

Sobre el gasto militar

En 2025, entre los 15 países que más invierten en defensa, se destinaron unos 2 billones de dólares en armamentos, lo cual refleja una escalada en las tensiones internacionales y al mismo tiempo, un cambio significativo en las prioridades estratégicas de las naciones. Es un mundo que gasta más en defensa que en solucionar pacíficamente los problemas.

La guerra moderna no se da sólo en el campo de batalla, es también en el ciberespacio y en el dominio aeroespacial. Se invierte en IA, drones autónomos, armas hipersónicas y guerra electrónica, lo cual redefine el concepto de superpotencia militar.

El gasto militar de los 15 países representa 3/4 del gasto militar mundial, según informes del “Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo” (SIPRI).

El 100 % de los 2 billones de dólares se distribuye, por un lado, con el 46 % del gasto, EE.UU. y el 54 % restante es la suma de los siguientes 14 presupuestos. Por orden decreciente son: China, Rusia, Alemania, India, Reino Unido, Arabia Saudita, Ucrania, Francia, Japón, Corea del Sur, Israel, Polonia, Italia y Australia.

La trampa de Tucídides

Historiador griego del siglo V a.C. y considerado el iniciador de la “historiografía científica” y de la “Escuela del realismo político”, Tucídides escribió “Historia de las guerras del Peloponeso”, donde narra cómo Esparta -la ciudad-Estado griega más poderosa del momento- vio amenazado su poder por el rápido ascenso de Atenas, que aspiraba a convertirse en potencia hegemónica. Luego de 27 años de guerras, los atenienses fueron vencidos completamente, poniendo fin a su ascenso.

En el año 2015, el politólogo estadounidense Graham Allison -en un artículo publicado en el “Financial Times”- se inspiró en la obra de Tucídides para elaborar su teoría sobre “La trampa de Tucídides”. El nombre acuñado proviene de una célebre frase del historiador ateniense: “Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”.

Lo que describe Allison con su teoría es el ascenso de China -la nueva Atenas del siglo XXI- desafiando a la Esparta que, en este caso, viene a ser EE.UU. Se trata de un problema medido en términos de balance de poder.

Quien fuera secretario de Estado cuando Nixon era presidente de EE.UU. -Henry Kissinger, profesor de Historia- advertía, en su conocida obra “China” (2011), acerca de la necesidad de evitar repetir la escalada de conflictividad que llevó al Reino Unido y Alemania a la 1° Guerra Mundial.

Su consejo no parece haber sido escuchado porque las tensiones van en aumento, sobre todo con Trump, donde las perspectivas de desescalada en el Indo-Pacífico parecen estar ausentes, reflejado tanto por las tensiones en el mar del sur de China como por Taiwán.

La guerra en Ucrania, por otra parte, es también expresión de la actual inestabilidad sistémica. Al parecer, “La trampa de Tucídides” sigue su curso.

Posteriormente, en su obra “Destinado a la guerra: ¿es posible que EE.UU. y China escapen de la trampa de Tucídides?” (2017), Allison amplió su tesis, ofreciendo 16 ejemplos históricos de esta trampa, ocurridos en los últimos 500 años, donde se vieron involucradas 2 potencias, una en declive y la otra en ascenso, destacando en particular los casos de España y Portugal, a fines del siglo XV; el Imperio británico y EE.UU., a comienzos del siglo XX y entre EE.UU. y la URSS, en el contexto de la Guerra Fría.

Cabe señalar que, de los 16 casos, 12 de ellos (75 %) terminaron en una guerra entre las 2 potencias enfrentadas, resolviéndose el conflicto de poder a través del afianzamiento de la potencia desafiada o con la potencia aspirante como nuevo hegemón.

Hoy, tanto Trump como Xi Jinping prometen que sus países “volverán a ser grandes”.

¿Cómo se resolverá la tensión? ¿Estará dispuesta China a moderar sus ambiciones? ¿Aceptará EE.UU. convertirse en la segunda mayor potencia del Pacífico, además de ser ya la primera en el Atlántico?

La competencia entre EE.UU. y China abarca diferentes escenarios, particularmente los ámbitos económico, tecnológico, espacial y militar.

Sin embargo, la naturaleza de esta confrontación no permite conjeturar que vaya a resolverse necesariamente a través de un conflicto militar; dependerá ello de cómo se gestionen las tensiones.

Señala Allison en la obra citada que “La cuestión definitoria del orden mundial para esta generación es si China y EE.UU. pueden evitar caer en la trampa de Tucídides”, para agregar luego que “cuando las partes evitaron la guerra, se requirió de ajustes enormes y dolorosos en las actitudes y acciones, no sólo del retador sino también del retado”.

Conociendo a Trump

Trump es un hombre pragmático, transaccional, hace negocios, y esta característica la proyecta a los asuntos de política internacional.

Un buen ejemplo de ello es cómo está conduciendo la transición política en Venezuela, sin tener en cuenta a González Urrutia, que triunfó en las elecciones del 28/07/2024; incluso a María Corina Machado -líder de la oposición- que por el momento tampoco será parte de la transición, sirviéndose (es la palabra exacta) de la vicepresidente de Maduro -Delcy Rodríguez- a cargo (interinamente) de la presidencia. Sólo cumple órdenes del gobierno de EE.UU.

Dado este contexto transaccional, debemos también entender que el concepto de diplomacia para Trump no es el tradicional, inaugurando la época de la diplomacia transaccional.

En otras palabras, todos los problemas de política internacional se negocian en clave comercial.

Por último, Trump busca romper con el orden internacional vigente hasta ahora, intentando reconfigurarlo según su particular visión del mundo, cuya nota distintiva es el rechazo a la arquitectura multilateral establecida desde el final de la 2° GM, lo cual se ve reflejado -entre otras acciones- en la decisión de dejar de financiar diferentes organizaciones internacionales.

A propósito, se anunció recientemente la salida definitiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS), argumentando la decisión en el mal manejo de la pandemia del Covid-19, la falta de independencia del organismo frente a influencias políticas de algunos Estados miembros y la ausencia de reformas estructurales. La salida incluye el no pago de las cuotas pendientes, unos 130 millones de dólares.

Síntesis

¿Es inevitable una confrontación militar entre EE.UU. y China?

Si bien es posible una guerra total entre ambas naciones, con diferentes grados de probabilidad según sean las variables y escenarios a considerar en el análisis, la respuesta -por ahora- es no, en la medida en que siga funcionado -entre otras herramientas- la diplomacia.

Citamos en esta nota la teoría de la trampa de Tucídides porque si bien de los 16 casos analizados, el 75 % (12) se resolvieron mediante una guerra, hubo 4 excepciones (25 %) donde fueron pacíficas.

¿Estará este 17° caso entre las excepciones? La historia nos sirve para aprender. Aunque no siempre.

* El autor es Analista internacional. Miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP).

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