Durante los últimos años, la conversación sobre transformación organizacional estuvo dominada por la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización. Sin embargo, empieza a emerger una nueva necesidad: encontrar el equilibrio entre la implementación tecnológica y la forma en que se organizan los equipos para capturar realmente su valor.
En la práctica, muchas empresas operan con estructuras diseñadas para un contexto que ya no existe. Modelos jerárquicos, roles rígidos y esquemas de trabajo poco flexibles conviven con iniciativas digitales que exigen velocidad, adaptabilidad y toma de decisiones más distribuida.
En este escenario, la pregunta ya no es qué tecnología implementar, sino si la organización está preparada para aprovecharla. El verdadero desafío y también el diferencial, pasa por repensar el diseño organizacional como una palanca estratégica, poniendo el foco en cómo se coordinan los equipos, dónde se toman decisiones y qué tan ágil es la estructura para adaptarse a nuevas demandas. De hecho, de acuerdo con el último informe Global Talent Trends 2026 de Marsh, el 63% de los ejecutivos a nivel global ya identifica el rediseño del trabajo como la iniciativa que mayor impacto tendrá en los resultados del negocio. Sin embargo, solo el 32% considera que su organización está preparada para combinar eficazmente capacidades humanas y tecnológicas.
Este rediseño está profundamente conectado con la forma en que se define el trabajo. Implica entender cómo se ejecuta en la práctica y, a partir de allí, mapear capacidades, identificar brechas y construir modelos más flexibles. Este enfoque no solo mejora la productividad, sino que permite preparar a las organizaciones para un cambio permanente.
En paralelo, el desafío del talento agrega una capa adicional de complejidad a estos procesos. El 54% de los ejecutivos identifica la escasez de talento como uno de los principales factores que condicionan sus decisiones estratégicas, según el GTT. Esto refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos más flexibles, donde las organizaciones no solo incorporen nuevas capacidades, sino que también puedan desarrollar, reconfigurar y movilizar habilidades de manera continua en función de las demandas del negocio.
La clave no está en adoptar nuevas herramientas, sino en rediseñar de manera integrada la organización y el trabajo. Las compañías que logran resultados sostenibles son aquellas que abordan ambas dimensiones en conjunto.
Esto implica dejar de pensar la transformación como un proyecto y empezar a entenderla como una capacidad. Incorporar tecnología, por sí sola, no resuelve los desafíos de fondo. Las organizaciones que prosperan no son las que llegan primero a la tecnología, sino las que aprenden a rediseñarse una y otra vez.
* La autora es presidente de Mercer Argentina.