La economía argentina atravesó una semana de señales encontradas, en la que los indicadores internos mostraron una cara más amable de lo habitual, mientras el frente externo aportó las mayores dosis de tensión. En materia de actividad, el estimador mensual que elabora el organismo oficial de estadística retrocedió un 1,7% en la comparación interanual de agosto, aunque anotó un leve avance del 0,1% respecto de julio y conserva un alza acumulada del 1,2% en lo que va del año. El dato confirma que la economía continúa amesetada, sin terminar de quebrar la tendencia al estancamiento que arrastra desde hace varios meses.
La novedad más auspiciosa provino del terreno de los ingresos, donde los salarios volvieron a ganarle a la inflación. El índice de remuneraciones aumentó un 2,7% en agosto, por encima del 1,7% que marcó el costo de vida ese mes, y en la medición interanual trepó un 35,6%, también superando el 33,5% de los precios. La mejora mensual estuvo impulsada por los tres grandes segmentos, con el sector privado no registrado a la cabeza, con una suba del 3%, seguido por el privado formal, con un 2,8%, y por el empleo público, con un 2,3%. Esa recomposición, de sostenerse, podría aportar algo de oxígeno al alicaído consumo interno.
En el plano de las inversiones, el régimen de incentivos para grandes emprendimientos sumó dos aprobaciones de magnitud que apuntalan las perspectivas de mediano plazo. Por un lado, una automotriz de origen japonés obtuvo luz verde para fabricar en el país la primera pick-up totalmente híbrida no enchufable, un proyecto que demandará una inversión cercana a los 1.253 millones de dólares y que prevé exportar el 70% de las unidades producidas, con el objetivo de generar unos 1.280 millones de dólares anuales en ventas externas. Por el otro, una petrolera recibió la aprobación para un ambicioso desarrollo en Vaca Muerta por 12.240 millones de dólares, orientado a alcanzar una producción de 100.000 barriles diarios de crudo hacia 2029, con el 92% del volumen destinado a la exportación.
El sector externo, por su parte, continuó siendo uno de los grandes sostenes del programa económico. La balanza comercial de septiembre encadenó su trigésimo cuarto mes consecutivo con saldo positivo, al arrojar un superávit de 2.976 millones de dólares. Las exportaciones escalaron a 10.036 millones, con un alza interanual del 23,5% traccionada tanto por una mejora del 16,4% en los precios como por un aumento del 6,1% en las cantidades, y con los combustibles y la energía volviendo a destacarse con un salto del 89,1%. Las importaciones, en cambio, cedieron un 1,8%, producto de una caída del 11,2% en los volúmenes que más que compensó el encarecimiento de los precios.
La confianza de los consumidores completó el cuadro doméstico con una señal moderadamente positiva. El índice que elabora una reconocida universidad privada avanzó un 0,8% en octubre y encadenó su segundo mes consecutivo de mejora, aun cuando en la comparación interanual todavía exhibe un retroceso del 1,9%. A ese panorama se sumó una novedad de carácter institucional para el mercado de capitales, ya que el operador bursátil local y un proveedor internacional de índices lanzaron dos nuevas referencias, una integrada por las diecinueve compañías de mayor tamaño y liquidez de la plaza y otra, más amplia, que reúne a cuarenta y tres firmas como indicador de referencia general.
El contraste con el escenario internacional resultó, no obstante, marcado, y allí se concentraron las mayores turbulencias de la semana. El precio del petróleo trepó a máximos de casi seis meses, con el barril de Brent cerrando el viernes en 116,72 dólares, un alza semanal del 6%, mientras el crudo de referencia estadounidense se ubicó en 103,27 dólares. El impulso provino de una nueva escalada del conflicto en Medio Oriente, con ataques contra infraestructura energética saudita que reavivaron los temores sobre la seguridad del transporte marítimo y el abastecimiento. Esa prima geopolítica mantiene elevada la presión sobre los costos logísticos, sobre la inflación global y, por esa vía, sobre las expectativas de tasas de interés.
En el plano regional, la principal economía vecina definió su panorama político con la reelección de su actual presidente. El mandatario brasileño se impuso en la segunda vuelta celebrada el domingo 25 de octubre, revirtiendo el resultado de la primera ronda y asegurándose un nuevo mandato, aunque deberá convivir con una oposición legislativa de peso. El nuevo período arranca con desafíos económicos nada menores, entre ellos una deuda pública que supera el 82% del producto, una tasa de interés de referencia del 13,75% y una inflación en torno al 4,6%, variables que resultarán decisivas para las expectativas sobre los activos del país vecino y sobre su moneda.
Los mercados accionarios globales, en tanto, volvieron a sentir el peso de los cuantiosos costos asociados a la inteligencia artificial. Una de las mayores tecnológicas del mundo reportó ingresos trimestrales por 64.601 millones de dólares, con un crecimiento del 26% interanual, pero anticipó un plan de inversiones de capital de entre 135.000 y 145.000 millones para el año próximo, lo que derivó en un flujo de caja libre trimestral negativo. La reacción del mercado fue inmediata, con la acción de esa firma cayendo cerca de un 8% y con una proveedora de equipos para semiconductores desplomándose alrededor de un 10%, en una jornada que puso otra vez bajo la lupa la sostenibilidad de semejante nivel de gasto y los retornos esperados de los centros de datos.
El panorama financiero internacional se completó con señales divergentes en el mundo desarrollado. En Estados Unidos, la actividad se mantuvo firme, con un índice adelantado de gestores de compras que se ubicó en 57,6 puntos, todavía en zona de clara expansión, aunque acompañado por el mayor aumento de precios de venta desde mediados de 2022, una combinación que sigue condicionando las decisiones de la Reserva Federal. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años cerró en torno al 4,99%, tras una abrupta caída durante la corrección tecnológica, mientras el mercado pasó a descontar con una probabilidad cercana al 90% que la tasa de referencia se mantenga sin cambios en la reunión de fines de octubre. Europa, por su parte, mostró su propia fragilidad, con el rendimiento del bono francés a diez años alcanzando su nivel más alto desde 2002 y con una agencia de calificación sosteniendo la nota soberana del país pero con perspectiva negativa.
El reflejo de ese clima internacional adverso sobre los activos argentinos no se hizo esperar. Si bien el índice líder de la bolsa porteña logró avanzar en la semana, apuntalado por acciones del sector siderúrgico, el riesgo país volvió a tensionarse con fuerza y cerró en torno a los 707 puntos básicos, con un incremento semanal superior al 9%. El dólar, por su parte, mostró subas en todas sus variantes, con las cotizaciones financieras avanzando entre un 1% y casi un 2%, en una plaza que reaccionó al endurecimiento de las condiciones externas y a la incertidumbre propia del período.
El balance de la semana deja, en definitiva, una fotografía de luces y sombras. Del lado positivo, la Argentina exhibe un salario real que empieza a recuperarse, un sector externo que bate récords y un flujo de inversiones de gran escala que promete fortalecer la matriz productiva y exportadora en los próximos años. Del lado negativo, la actividad no termina de despegar y, sobre todo, el humor financiero se deterioró al calor de un mundo más hostil, con un petróleo en alza, tensiones geopolíticas en aumento y un costo del dinero que se resiste a ceder. Para un país que aspira a consolidar su reinserción en los mercados internacionales, navegar ese contexto externo será tan determinante como sostener los avances conseguidos fronteras adentro.