El saber interior que guía nuestra vida

Cada suceso que nos ocurre está, esencialmente, motivado en raíces psíquicas, la mayoría de ellas inaccesibles a la consciencia del protagonista.

El saber interior que guía nuestra vida
El saber interior que guía nuestra vida.

Según los iniciados en vías tradicionales de conocimiento espiritual, el sólo hecho de pensar en algo ya crea la existencia de lo pensado en el mundo exterior. De esta manera, la realidad cotidiana no sería otra cosa que un efecto mismo del pensamiento humano.

Así El Kybalion – uno de los libros herméticos orientales más difundidos en Occidente – asegura que “el Todo es mente; el Universo es mental”. Algunos filósofos e, inclusive, físicos modernos que trabajan en el universo intra atómico, han coincidido en esto al sostener que el tiempo sólo existe si hay un observador disponible.

Prestigiosos investigadores universitarios, como el inglés Rupert Shaldrake (escritor, bioquímico y biólogo botánico británico, conocido principalmente por la investigación de la resonancia mórfica así como sus trabajos sobre percepción extrasensorial) están convencidos de que todo cuanto ocurre a nuestro alrededor es provocado por la intervención de “campos” de naturaleza psíquica. También el célebre psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875/1961), a mediados del Siglo XX, expresó: “finalmente nada ocurre en el mundo exterior que, previamente, no se encuentre preconfigurado en el psiquismo profundo personal”. De ser cierto (y estamos convencidos que lo es) significa que cada suceso que nos ocurre está, esencialmente, motivado en raíces psíquicas, la mayoría de ellas inaccesibles a la consciencia del protagonista. De manera tal que es el poder de la imaginación y la capacidad de fantasear lo que, finalmente, guía la vida de cada uno. Una sentencia del más puro esoterismo iniciático afirma: “Conoce a tu Ser Interno y conocerás a tu Señor”.

“La mente, como todos los elementos, puede ser trasmutada, – afirma también El Kybalion, texto que resume las enseñanzas de la filosofía hermética – de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración a vibración”. “La verdadera trasmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental”. “Trasmutar” es lograr un cambio en la naturaleza de la sustancia, convirtiéndola en otra; implica transformación total. Por eso es que “el Universo mismo es una creación mental”.

“Según los iniciados en vías tradicionales de conocimiento espiritual, pensar algo crea lo pensado”, expresaba el destacado intelectual, poeta y escritor venezolano Juan Liscano (1915/2001)

La persona común, normal, sufre a diario porque su comprensión está limitada a apreciaciones producto de percepciones sensoriales; es decir, lo que obtiene sólo a través de los cinco sentidos. La gente supone que las cosas son de una única manera determinada, olvidando el sabio proverbio: “cada uno ve de acuerdo al color del cristal con que mira”. Por eso, cuando alguien afirma que su personalidad es de una determinada manera y que no puede modificarla para su progreso y su bien; en verdad se está engañando. Ya que si modifica sus esquemas de pensamiento conseguirá apreciar de un modo diferente la misma situación. Por eso podemos afirmar que no hay destino escrito, ni fatalidad prefijada. Todos somos artífices – como sostiene el poeta – de la historia que nosotros mismos vamos construyendo en base a las decisiones que tomamos tanto como de las que no tomamos. Tales decisiones, aunque parezca extraño, están generadas por una fuerza oculta guía nuestra vida. Atesorada en lo profundo del psiquismo, del espíritu, del alma o del corazón; como se prefiera. Lo que la moderna Psicología denomina “lo inconsciente.” Lo importante es comprender que esa guía allí está. Aguardando que cada quien tome la decisión de aprovecharla. Ese es el momento en que se comienza a recorrer el real sendero de la vida, concebida como un desafío permanente. Es entonces cuando el discípulo se halla preparado y será capaz de encontrar al maestro que habrá de entrenarlo. Para ser artífice del propio destino sólo se requiere perseverancia, esfuerzo y creatividad permanente.

*El autor es doctor en Psicología Social

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