Pasaron las elecciones municipales en seis departamentos con resultados que en algunos casos respaldaron a los intendentes, aunque con mayor o menor cantidad de votos, y en otros, como en San Rafael y Rivadavia, movieron el piso y condujeron a inevitables revisiones en el plano partidario o en lo relativo a la gestión, según cada realidad.
De todos modos, finalizado el calendario desdoblado 2025-2026 no viene una tregua política muy extensa. El furor del mileísmo, que con sus transformaciones y triunfos en el Congreso ya proyecta hacia las provincias el año electoral 2027, impide que alguien repose sobre los laureles demasiado tiempo.
Cambia Mendoza, o el cornejismo, festejó el gran triunfo oficialista tanto el 26 de octubre pasado como en el reciente 22 de febrero. Cornejo logró hace una semana sus objetivos principales: incomodar a los hermanos Félix y generarle un dolor de cabeza en cuanto a la gestión al díscolo rivadaviense Mansur.
En Luján compartió un éxito de gestión, que lleva el nombre del intendente Allasino. Un departamento que claramente sirve como modelo para el armado que tendrán que enhebrar radicales y mileístas para 2027, pero en este caso con el agregado del triunfal lujanino, capaz de irradiar más allá de su departamento y de reencauzar nombres provenientes de la centroderecha mendocina un tanto alejados del día a día local, como es el caso de Omar de Marchi, de gestión elogiada en la ahora no deficitaria Aerolíneas Argentinas.
El nuevo gran desafío de Alfredo Cornejo probablemente sea la elección del candidato a sucederlo en diciembre del año próximo. En una provincia sin reelección posible, como Mendoza, siempre adquiere trascendencia dicha sucesión. Es una demostración de poder político de quien va camino a la finalización del mandato.
Desde 1983 a la fecha no todos los gobernantes lograron que sus candidatos al relevo fueran ganadores en las elecciones. Radicales y peronistas tuvieron sobresaltos. Sin embargo, Cornejo impuso tras su primera gobernación a Rodolfo Suárez, victorioso entre otros postulantes a pesar de no provenir de su sector.
Ahora el panorama se presenta mucho más complejo. Debe recordarse que camino a su reelección, en 2023, le surgió al Gobernador la figura de Luis Petri como firme competidor interno. Y esa presencia ha seguido ocupando espacio, mucho más luego de su separación formal de la UCR para ser partícipe libertario.
Hasta el momento es impensado que no continúe la alianza entre Cambia Mendoza y La Libertad Avanza. Probablemente los resultados de la política económica sigan marcando el rumbo en ese aspecto. Cornejo siempre fue impulsor de las reformas macroeconómicas en marcha y solamente una crisis que afecte seriamente a la economía de la gente podría hacer revisar lo que hoy es inquebrantable.
Pero esa alianza triunfante en nuestra provincia aporta variantes cuando se enfoca en la candidatura a gobernador de la próxima elección. Si el ahora diputado nacional Petri ratifica lo que muchos suponen, estará anotado, haya o no primarias abiertas. Y del lado del radicalismo en la actualidad aparece muy bien posicionado, al menos por su impronta y apetencia política, el intendente Ulpiano Suárez.
Como en aquel 2019, en el que se impuso Rodolfo Suárez, Cornejo parece no tener entre quienes lo acompañan en la gestión algún dirigente capaz de competir con posibilidades con Petri, que ya no pertenece a la UCR, o Ulpiano, que es radical, pero del “rancho” siempre particular de la Capital. Y ahora la presión libertaria ejerce una fuerza que en anteriores ocasiones la UCR cornejista no tenía.
¿Se sumará Allasino? El triunfante intendente de Luján tiene la posibilidad de buscar un segundo mandato departamental; a la vista algo mucho más fácil que internarse en una contienda provincial con final incierto. Si hubiese posibilidades de alguna proyección, están los que opinan que por su desempeño podría aspirar a una candidatura legislativa nacional. Toda conjetura sobre el futuro del lujanino aparece hoy como muy prematura.
En cuanto al peronismo, después de las recientes elecciones la idea que queda resonando es que sin unión de los distintos sectores las posibilidades electorales se tornan muy lejanas.
Los hermanos Félix deben lamentar que el ejemplo de derrota lo dio San Rafael, donde el oficialismo departamental fue superado en la elección de concejales y se impuso solamente en la disputa por los convencionales de cara a la impulsada autonomía departamental. El camporismo, con lista propia por la enemistad de los Félix, le restó votos que necesitaron.
Por ello la unión de fuerzas es la postura que comienzan a barajar, también, en el justicialismo a nivel nacional, en especial luego del reciente reencuentro entre Miguel Pichetto y Cristina Fernández de Kirchner en la residencia de detención de ésta, en San José 1.111. Aseguran que allí el experimentado legislador le planteó a la ex presidenta la necesidad de dar vuelta la página en la disputa entre sectores y mirar hacia una reunificación si realmente el PJ pretende tener posibilidades electorales en la próximas presidenciales.
En un acto partidario el actual diputado nacional dijo, entre otras cosas, que el peronismo “tiene que perdonarse” y dejar de mirar “errores pasados”, convocando así a la unidad.
Se supone que Pichetto no fue a pedir autorización a la casa del barrio de Constitución para decir lo que dijo, pero sí es probable que le haya dado su punto de vista, o convencimiento, a la viuda de Kirchner. Si fuese así, el perdón interno borrando errores pasados que propuso el veterano dirigente puede incluir, conforme su perfil ideológico, la idea de un peronismo que pegue un giro a la centroderecha, como estrategia para confrontar con el liberalismo oficialista, consentido electoralmente en forma amplia por la ciudadanía. Esto al margen de lo que la economía del día a día represente para los argentinos en los próximos meses.
* El autor es periodista. [email protected]