Con la carrera electoral en marcha, el oficialismo ingresó en una dinámica de auto-erosión que la semana anterior titulamos Todos contra todos. Una búsqueda de la diferenciación entre los candidatos radicales y aliados que necesariamente lleva la confrontación hacia dentro del mismo equipo. Una tarea que por estos días obsesiona a los colaboradores de los ministros aspirantes, Tadeo García Zalazar y Natalio Mema; pero también al presidente de la Cámara de Diputados Andrés “Peti” Lombardi y al intendente de Capital, Ulpiano “Yayo” Suárez. Todos, competidores directos entre sí, que además miran de reojo a Luis Petri, el otro postulante extrapartidario con pretensiones de suceder a Alfredo Cornejo.
Una fuerza centrífuga en acción de la que se esperan dos resultados posibles. El primero, la capacidad de expulsión (es decir quedar fuera de carrera) de aquel que tropiece o no pueda demostrar habilidades para el cargo; y el segundo, la decisión inapelable del gran elector: el propio gobernador.
Hasta entonces, cada cual estará pujando por mostrar su mejor perfil, aunque en el proceso de selección algunos están más condicionados que otros. Se sabe que este grupo de pretendientes tiene características diferentes, fortalezas y debilidades. Algunos pueden exhibir un comportamiento directamente autónomo (tal es el caso de Petri y Suárez en menor medida) y otros están a expensas de ser bendecidos para seguir participando (García Zalazar, Mema y Lombardi).
Con lo cual, y más allá de la dificultad adicional que supone la toma de decisiones con tantos jugadores involucrados, hay quienes -y naturalmente- están sometidos al dedo de Cornejo y otros a los que su decisión podrá afectar más (al extremo de bajar su candidatura) o directamente no importarle.
Los que van hasta el final (y los que no)
No hay reunión ni conversación política que no plantee estas alternativas ni deje de manifiesto que difícilmente Petri baje su intención de ser el próximo gobernador de Mendoza. Frente a las especulaciones que trascienden sobre un posible acuerdo entre Cornejo y Karina Milei para despejar la discusión en las provincias a cambio de apoyo a la reelección presidencial, su entorno deja trascender que eso no sucederá de ninguna manera: ya sea por dentro del acuerdo entre Cambia Mendoza (CM) y La Libertad Avanza (LLA), o por fuera, será candidato.
En la misma línea se expresan desde las cercanías del intendente capitalino, cuando defienden la permanencia de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) como único método para dirimir aspiraciones, algo que el propio Cornejo ya ratificó como herramienta electoral para 2027 más allá de lo que pueda pasar en la Nación.
No es el caso de los ministros o el mandamás de Diputados que admiten no tener demasiado margen para confrontar con su líder, y, por lo tanto, se deberían allanar a la estrategia que Cornejo defina.
El trauma es que mientras esto sucede y efectivamente se concreta la definición de un candidato, la lógica de la competencia deja esquirlas destructivas que no pueden extenderse indefinidamente en el tiempo. Por el contrario, su prolongación supone un costo demasiado peligroso para el Gobierno.
Más es menos
Ante la inevitable certeza de la salida -al menos formal- de Cornejo del poder, era esperable tal grado de revulsión interna que el propio mandatario se encargó de alimentar consintiendo la proliferación de candidatos (y la incertidumbre sobre otros posibles) con la idea de mostrar que la fortaleza de su proyecto podía tener abundantes herederos e intérpretes, casi como una demostración del atractivo de dejar vacante un tan sitial deseado. Algo que a contramano de lo que sucede en el peronismo, donde los que están en condiciones de competir (Emir Félix o Matías Stevanato) no han manifestado hasta ahora real interés de hacerlo y sólo la “audaz” Flor Destéfanis se atrevió a explicitar sus ambiciones.
Sin embargo, tal contraposición de escenarios con la oposición no debería confundir a cornejistas y mileístas, porque el frondoso entramado oficialista de la actualidad no se desenreda mágicamente, pues en su construcción hay proyecciones con más o menos asidero, razones políticas y hasta egos personales de muy difícil dilución.
Por lo pronto, en el Cuarto Piso de Casa de Gobierno empiezan a advertir que la faena del debate interno ya genera desgaste y no puede escalar hacia dentro de sus estructuras (partidarias, municipales), ni impregnar en la opinión pública, como si se tratara de una embestida fratricida capaz de minar las chances de un triunfo y la continuidad del proceso iniciado en 2015. Mucho menos producir una división de fuerzas.
La razón del deadline
Ante ese riesgo concreto, se entiende la recomendación oficial -en especial a los miembros del gabinete- de “mostrar gestión”, casi como una forma de ratificar sus condiciones, pero con un claro deadline: diciembre.
La decisión es que este juego de sutiles codazos, amables chicanas y sonrisas forzadas no se extienda más allá del fin de año, para arrancar 2027 con una candidatura unificada que represente al universo cornejista y, con esa carta confirmada, esperar la evolución de lo que suceda con los aspirantes más autónomos a la influencia del gobernador. Prolongar esa decisión no haría más que debilitar al elegido, pero también condicionar alguna eventual negociación posterior si fuera necesario cerrar filas con Suárez o hasta con aquel que hoy aparece como el gran adversario a vencer: Petri, del que no habría que descartar incluso algún acuerdo inevitable.
Todas esas opciones parecen posibles, pero para ello el frente interno se debe aclarar lo más rápido posible. En la administración de esos tiempos y la imposibilidad del alargue, la conocida pericia de Cornejo tiene otra oportunidad.
* El autor es periodista y profesor universitario.