19 de septiembre de 2026 - 00:20

De las revoluciones políticas a la Revolución Tecnológica

En un mundo de cambios acelerados y crisis institucionales, la inteligencia colectiva y los estudios de futuros surgen cómo la brújula necesaria para evitar puntos de no retorno.

    Hasta mitad del siglo pasado, el mundo vivió bajo las consecuencias de la Revolución Industrial y la de Rusia de 1917. En la segunda mitad, asistimos a una corta era de revoluciones políticas e independentistas: la cubana (1959), la polaca de Solidaridad (1980), la sandinista en Nicaragua (1979), los procesos de descolonización en África, la Revolución Iraní (1979), la reunificación alemana (1989). Todo esto culminó con la tercera y cuarta revolución industrial y la disolución de facto de la URSS hacia 1991, en este siglo todo se tiñe de revolución tecnológica, desde las “nuevas tecnologías” de los 90, que pronto dejarías de ser nuevas y que sirvieron de infraestructura para la actual de la IAs para ser coronadas con la AGI.

    Como siempre, el problema reside en lo que no se ver a simple visto y tampoco medir. Einstein decía: “No todo lo que cuenta puede ser medido, y no todo lo que puede ser medido cuenta”. Para mí, no hay solución política posible desde nuestros esquemas mentales convencionales. No existe una sola economía, sino varias conviviendo en tensión: la fiscal, la informal, la del cuidado (familiares, amigos, vecinos) y, por supuesto, la delictiva y la financiera. Tampoco las instituciones políticas y sociales responden a un patrón único, sean democracias, autoritarismos o teocracias, Cualquier política basada en un solo objetivo es incapaz de dar respuesta a la compleja cuestión del desarrollo. Aunque no hay antecedentes para este escenario, contamos con la imaginación y la capacidad para utilizar recursos distribuidos: talentos, personas, instituciones y los dones de la naturaleza.

    Todas aquellas revoluciones dejaron profundas huellas, pero ¿qué aprendimos de esas experiencias? Los “intelectuales”, -una categoría casi al borde de extinción-, nos devuelven variados conceptos conocidos: transformación de estructuras socioeconómicas, transición a la de democracia, movilización popular o avances en derechos civiles. Sin embargo, estos conceptos, y análisis teóricos explican estos procesos sociopolíticos y económicos desde perspectivas particulares o globales, pero difícilmente desde ambas interrelacionadas, cómo son los reales. Lo cierto es que se sucedieron cambios profundos de todo tipo difícilmente previsibles para los patrones mentales tradicionales derivados de viejas adhesiones ideológicas.

    Si partimos de considera la situación presente, su comprensión es extremadamente compleja. Las revoluciones tecnológicas actuales —inteligencia artificial, aplicaciones cuánticas y biológicas, neurotecnologías, nuevos armamentos y energía, entre otras— ocurren bajo el signo de estas tecnologías, pero dista de ser una tecnocracia. Detrás de ello están patentes y derechos, la “propiedad intelectual” y la apropiación de riqueza obtenidas y poder por parte de una invisible alianza de corporaciones que operan detrás de gobiernos y mercados. En todo caso conformarían una suerte de “Ceocracia” con sectores privilegiados de las economías. Los resultados directos son previsibles; mayor participación en los mercados, más alta rentabilidad, pero sus efectos indirectos son a menudo invisible y sus consecuencias eventuales, siempre desconocidas.

    Debo insistir en un dato poco estudiado, como son los objetivos de las políticas públicas en los países centrales y los periféricos, para los primeros lo es la eficacia y la eficiencia de sus sistemas, en tanto que los segundos no pueden adoptar iguales criterios sin profundizar las graves brechas entre sectores sociales, en el caso eventual de beneficios, los mismo muestran un patrón de concentración que vuelve ilusorio todo objetivo de desarrollo económico y social.

    Un objetivo posible sería la evolución y el crecimiento integral (económico, político, humano, ético, educativo y cultural). Pero esto no basta si no nos preguntamos por las consecuencias de gestionar objetivos tan dinámicos. Es preciso evaluar los efectos de nuestro accionar, ya sean plausibles, improbables o imprevistos —como los "Cisnes Negros" o los "Rinocerontes Grises"—.

    La integración de las IAs con el conocimiento humano puede tener consecuencias diversas:

    • Deseadas: El objetivo directo que se busca al tomar una decisión.
    • No deseadas: Efectos colaterales donde los resultados difieren de lo previsto.
    • Existenciales: Aquellas que ponen en riesgo la supervivencia de un proyecto, de una relación o de la humanidad misma.
    • Irreversibles: Las que, una vez ocurridas, no tienen vuelta atrás por haber alcanzado el "punto de no retorno", produciendo resultados opuestos a la intención inicial.

    En este contexto, mi amigo Eleodoro Ventocilla Cuadros ha investigado cómo impactan las decisiones en la gestión de la complejidad en su reciente libro: LA HUMANIDAD AUMENTADA, el camino sin mapas hacia la Hiperinteligencia. A partir de una profunda reflexión filosófica y ética, propone expandir los métodos de estudios de futuros para que, sin rechazar las ventajas tecnológicas, el conocimiento humano pueda crecer.

    En un mundo acelerado por la irrupción del futuro y empequeñecido por la explosión tecnológica, se requiere un instrumento esencial —a modo de brújula— para guiar la acción colectiva. Eleodoro responde con la paradoja entre la “superinteligencia” y la “hiperinteligencia”, construida esta última por la convergencia de las IAs y las inteligencias humanas en un contexto pluricultural. Es una invitación a reflexionar sobre la sobreabundancia de productos “inteligentes” frente a la extrema carencia ética.

    El gran aporte de Eleodoro es su integración con la “Inteligencia Colectiva” (método de The Millennium Project). No hay respuestas imaginables que provengan de líderes geniales aislados, sino de la construcción colaborativa de inteligencia sobre aquellos futuros que pueden constituirse en consecuencias irreversibles. Solo a través de esta evaluación compartida podremos evitar los puntos de no retorno y diseñar un horizonte común.

    * El autor es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales, graduado en Defensa Nacional, con estudios de derecho, economía y administración, doctor en Historia, Dirige el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, nodo del Millennium Project desde 1997.

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