Consideraciones sobre el tabaco

El producto fue conocido por los españoles cuando descubrieron América. Hoy sigue siendo un negocio a pesar de que (oh, contradicciones) se publicita diciendo que es muy nocivo para la salud.

Consideraciones sobre el tabaco
Las empresas de tabaco han hecho y hacen enormes negocios con el producto, a pesar que según los datos cada vez más se fuma menos / Archivo

El tabaco es originario de América. Los expertos en vegetales han determinado que el centro del su origen se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador. Los primeros cultivos debieron de tener lugar entre cinco mil y tres mil años antes de nuestra era.

Cuando se conquista América, el consumo ya estaba extendido por todo el continente. Fumar (inhalar y exhalar el humo del tabaco) era una de las muchas variedades de consumo en América del Sur.

Pero, además de fumarse, el tabaco se aspiraba por la nariz como rapé o singada, se masticaba, se comía, se lamía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos y se usaba en enemas (¡ay!).

Se usaba en ritos, como soplarlo sobre el rostro de guerreros antes de la lucha. Se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses, se derramaba sobre las mujeres antes de un acto sexual, y tanto hombres como mujeres lo usaban como narcótico.

El tabaco fue conocido por los europeos en 1492 tras la llegada de Cristóbal Colón y sus expedicionarios al Caribe, en su primer viaje, según el relato del cronista Bartolomé de las Casas, aproximadamente en 1561. De América fue llevado a Europa: hasta entonces los europeos tenían los pulmones limpios. Y después se generalizó en todo el mundo y en todo el mundo hay fumadores.

Las empresas de tabaco han hecho y hacen enormes negocios con el producto, a pesar que según los datos cada vez más se fuma menos.

En las cajetillas en las que aparecen amontonados los cigarrillos hay mensajes que hablan en contra del tabaco, que explicitan todos los inconvenientes que le acarrea a la salud. Es una hipocresía que los que venden tabaco hagan campaña para que no compren tabaco, o no encaja bien con el devenir de las cosas. Si el tabaco es considerado droga y la droga está prohibida en la Argentina, no sé por qué no prohíben el tabaco. Sería lo lógico. Pero, claro, ahí el gobierno, o los gobiernos, perderían una entrada de dinero millonaria, y entonces cambia el asunto, porque algo que es malo termina resultando bueno.

Económicamente es un gasto para el fumador, que tiene que hacerle mella en sus bolsillos de laburante. Porque un cartón de cigarrillos con diez paquetes, tal como se las vende, puede alcanzar o superar los 2.000 pesos. Entonces un fumador mediano -que no llega a consumir una cajita de cigarrillos por día- debe gastar cerca de 6.000 pesos mensuales en tal propósito.

Sin embargo, pese a este despilfarro económico, que implica cambiar billetes por humo, el tipo sigue fumando, inclusive sabiendo que le hace mal, sabiendo que lo ha de perjudicar en el futuro.

Hay varias contradicciones en este aspecto que sería dable mencionar, porque algo que es nocivo es tan tan atractivo para algunos.

Tratan muchos de sacarse de encima lo que se llama “vicio” y prueban con distintos tratamientos, fórmulas, parches, tés, psicólogos, y otros métodos más. Algunos lo logran, y otros, a pesar del esfuerzo vuelven a caer en las garras de ese cilindro generalmente blanco que inhalan con placer en cada bocanada.

“Yo dejé los cigarrillos, ahora no sé donde los he dejado” decía un amigo mío, que tiene la propiedad de una chimenea.

Yo creo que hay dos soluciones efectivas para cumplir con el propósito de dejarlo: una darle, una pitada al cigarrillo del lado de la brasa. La otra, coserse los labios. Pero, claro, se va a tener que aprender a manejar el lenguaje de señas.

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