Como médicos en Bangladesh

Con médicos que ganan menos que en Bangladesh, solo tendremos una medicina semejante a la de Bangladesh por más que se atienda dentro de un palacio. Jamás habría que olvidar que el corazón del sistema sanitario es el médico, que trabaja, arriesga su salud, pone en juego su patrimonio y hasta su vida en cada acto que realiza en pro de los demás.

Como médicos  en Bangladesh

Podrán decir que somos una desgracia, una bendición, o casi un beso del infierno, pero siempre habrá un médico en nuestras vidas. Al nacer será al primero que veremos, nuestra existencia sería casi imposible sin médicos, brujos o curanderos y generalmente es a un médico al último que vemos ...será uno de ellos quien cierre nuestros ojos y ponga las dos monedas sobre nuestros párpados, el óbolo para pagar el viaje de Caronte.

Son los médicos un mal necesario, y para colmo son arrogantes, impuntuales, soberbios, codiciosos y, a veces, ignorantes y malhumorados.

Los dramaturgos se han mofado de las expresiones latinas que solo dan bonitos nombres a su ignorancia; los pintores los han retratado con impasible crueldad, extirpando partes malsanas de la anatomía; los poetas han puesto en ridículo su solemnidad y los economistas en duda su eficiencia.

Todos conocen a Monet, pero ¿quién recuerda el nombre del oftalmólogo que lo operó de cataratas? (El profesor Charles Coutela, por si le interesa). ¿Quién operó de apendicitis a Eduardo Vll de Inglaterra la noche antes de su coronación? (El Dr. Frederick Treves, quien además era un buen pintor). ¿Quién lo operó de glaucoma a Aristóbulo del Valle? (Pedro Lagleyze) y así podríamos seguir por horas ...los médicos son personajes secundarios de la historia, males necesarios ...

No es extraño que por tal razón los hayan corrido de la historia siguiendo esa vieja tradición romana de considerarlos infra dignitatem, seres apenas de una jerarquía superior a un esclavo. De hecho, muchos esclavos escaparon de esa condición por sus conocimientos médicos.

Entonces los errores terapéuticos de los médicos los pagaban con su vida y hoy, además de poder perder su vida (nunca olviden las epidemias y sus primeras víctimas entre las que siempre hay un médico), responden con su patrimonio.

El mismo ejercicio de la profesión hoy se ha convertido en una amenaza para el futuro del profesional, primero porque por su misma condición de médico cuentan con una desventaja legal: ante sus conciudadanos es culpable hasta que él mismo pueda comprobar que no lo es –ni un asesino serial merece esa carga– .

Como si esto no fuese suficiente para comprometer su tranquilidad, resulta que en nuestro país, las remuneraciones que perciben por la praxis médica están entre las más bajas del mundo, según el ranking del World Statistics publicado en el 2023.

Mientras que un médico en Suiza y Estados Unidos gana aproximadamente más de 350.000 dólares al año, en Canadá 200.000, en China 115.00, en España 57.000, en Brasil 47.000, en Filipinas 23.864, en India 11.581, en Bangladesh 7.084, en Argentina por el mismo trabajo percibe 5.280. Solo en Venezuela y en Cuba la expectativa de ingreso es peor.

Curiosamente, en 2022 la UBA estaba entre las diez mejores facultades de medicina de América Latina. Por esta razón, de los 105.000 alumnos que actualmente cursan medicina en Argentina, más de 20.000 son extranjeros. De la totalidad de estudiantes, solo el 30% egresará y los extranjeros volverán felices a sus países después de haber adquirido una vasta experiencia con nuestros pobres pacientes (que a su vez son pacientes pobres).

¿Necesitamos formar a tantos médicos? Podemos asegurar que muchos ni pasan a buscar el diploma ...

En abril de 2024, la remuneración promedio de un médico argentino por mes era de 350/400 dólares, mientras que un médico uruguayo percibe entre 3.500 a 4.500 dólares por mes y en Brasil ronda los 3000 dólares por mes (no es error, no le falta un cero, busque en Google, más precisamente en Glassdoor)

El debate sobre los valores de las prepagas, se ha centrado sobre los costos crecientes de la salud por un lado y la incidencia de tales valores sobre el bolsillo de los consumidores, en su mayoría miembros de una golpeada clase media (que incluye a la mayoría de los profesionales de la salud).

Pocos han mencionado el terrible momento que pasa la enorme masa, no solo de médicos sino enfermeros, psicólogos, instrumentistas, nutricionistas, terapistas ocupacionales, etc., etc.. Miles de administrativos viven de las magras consultas que abonan las obras sociales y prepagas (entre 5 y 12 dólares como mucho). Con esa suma hay que mantener al engorroso y burocrático sistema de facturación (cada práctica lleva por lo menos 4 planillas para lograr el pago que lleva entre los 30 y 120 días de espera).

Casi un millón de personas trabajan en salud en Argentina, además de los casi 200.000 médicos

Las medidas hasta ahora adoptadas son magras y no atacan el problema de fondo que es la enorme masa de dinero que se pierde en una distribución anárquica con una intermediación monstruosa fuente de ingresos corruptos –médicos y no médicos–, sindicalistas y otros aventureros que aprovechan el descontrol para vender insumos por valores varias veces superiores aún a los precios del exterior y así mantienen esta bicicleta poco virtuosa funcionando. ¿Por qué hay 8 obras sociales distintas para atender al personal de la industria petrolera y afines?

Argentina gasta unos 550 dólares al año per cápita, una cifra a todas luces insuficiente considerando la fabulosa intermediación y los gastos superfluos del sistema.

Todos los integrantes del sistema de salud se desgarran las vestiduras y afirman que el sistema está quebrado, pero nadie precisa cuál es la causa de la crisis. ¿Por sobrefacturación, por gastos espurios, por la hipertrofia del sistema, por aportes insuficientes, por coberturas ambiciosas para un país con 50% de pobres?

El diagnóstico es discutible, pero se debe empezar por un punto que pasa por el control de la enorme intermediación y la administración de los recursos, a todas luces sin un control del gasto descontrolado. Y como en todo sistema médico, por el juramento que implica, parte del sistema debe considerar una asociación superadora ante la capacidad ociosa del sistema privado y las necesidades del sistema público, sin duda el más afectado.

Pero jamás hay que olvidar que el corazón del sistema sanitario es el médico, que trabaja, arriesga su salud, pone en juego su patrimonio y hasta su vida en cada acto que realiza en pro de los demás.

Con médicos que ganan menos que en Bangladesh, solo tendremos una medicina semejante a la de Bangladesh por más que se atienda dentro de un palacio.

* El autor es Médico e Historiador. Miembro de CAMEOF

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