Chile bipolar

Que a la Constitución pinochetista la reemplace otra constitución pinochetista, parece una pesadilla para la significativa porción de chilenos que quieren una carta magna que simbolice la democracia además de fortalecer la institucionalidad democrática.

Chile  bipolar
En la imagen, representantes del Partido Republicano celebran el triunfo electoral, con José Antonio Kast en el medio y detrás, protagonizando una disputa clave para el gobierno de Gabriel Boric.

Chile deambula en los umbrales del absurdo. En el referéndum sobre mantener la Constitución de 1980 o reemplazarla por una nueva carta magna, una mayoría abrumadora de votantes decidió reemplazarla.

Posteriormente, la elección de constituyentes que redactarían la nueva ley fundamental dio la mayoría a las fuerzas de izquierda dura y agrupaciones anti-sistema.

El texto que redactó esa asamblea, que estaba políticamente desbalanceada, fue tan escorado hacia la izquierda, que la siguiente votación para aprobarlo o desaprobarlo tuvo como resultado una contundente desaprobación.

Las marchas y contramarchas entre votación y votación también se vieron en la elección presidencial.

A la primera vuelta la ganó el candidato ultraconservador José Antonio Kast, pero en el ballotage se impuso Gabriel Boric, el candidato de la primera coalición izquierdista que incluye al Partido Comunista desde la Unidad Popular, que convirtió en presidente a Salvador Allende en 1970.

La última votación eligió a los constituyentes que harán el segundo intento de redactar una Constitución que reemplace a la vigente, que si bien ha tenido cientos de reformas en las últimas tres décadas, mantiene el espíritu de la carta magna que diseñó el constitucionalista conservador Jaime Guzmán al gusto de Pinochet, y eso es lo que las calles ardientes del 2019 y las urnas del 2020 reclamaron reemplazar.

Lo absurdo es que la votación le dio una mayoría importantísima al Partido Republicano, de José Antonio Kast, la fuerza ultraconservadora que reivindica abiertamente el régimen militar del dictador militar y que, de contar con el apoyo de los constituyentes de la centroderecha, podrá redactar una Constitución de corte pinochetista.

Que a la Constitución pinochetista la reemplace otra constitución pinochetista, parece una pesadilla para la significativa porción de chilenos que quieren una carta magna que simbolice la democracia además de fortalecer la institucionalidad democrática.

Eso podría evitarse si los constituyentes de la coalición que incluye a la Unión Demócrata Independiente (UDI) el partido en el que militaba Kast hasta que creó en el 2019 su propio partido, y Renovación Nacional (RN), se reafirman como centroderecha y, en lugar de entregarse al designio ultraconservador, promueven una deliberación real que incluya, en lugar de excluir, la visión de las fuerzas de izquierda y de centroizquierda.

No está claro que UDI y RN estén dispuestos a defender la sensatez y la razonabilidad, impidiendo que los ultraconservadores excluyan a izquierda y centroizquierda de los diálogos y las discusiones que deben darse para arribar a una Constitución que sea representativa de todo el arco político y no solo del último ganador.

Si el gobierno que preside Gabriel Boric quedó grogui por el sopapo que acaba de recibir en las urnas, es porque cometió un error con efecto multiplicador.

La primera consecuencia se vio en la anterior asamblea constituyente, donde las fuerzas de izquierda y las agrupaciones anti-sistema que, juntas, ostentaban una mayoría contundente, redactaron una constitución sin deliberar y consensuar con los constituyentes de las fuerzas de derecha.

Los partidos y agrupaciones que actuaron como dueños exclusivos de la nueva carta magna, estaban convencidos de que ellos expresaban un rumbo definitivo de la historia.

El error de creerse en la dirección correcta y definitiva de la política chilena, tenía un antecedente.

En la izquierda que ganó el derecho a gobernar en las elecciones del 2022, la madre de todos los errores fue considerar que durante los 30 años posteriores al final de la dictadura militar que encabezó Augusto Pinochet no se había cambiado absolutamente nada y que fueron tres décadas pérdidas.

La realidad suele corregir errores a cachetazos y el último estalló en la mejilla del gobierno poniéndolo contra las cuerdas.

En sus primeras reflexiones posteriores al contundente triunfo ultraconservador en la elección de constituyentes, Gabriel Boric dió señales de haber entendido que aquella visión errónea sobre los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera llevó a las izquierdas a pensar que el voto que les dio la mayoría en el primer consejo constituyente, las autorizaba a prescindir de la mirada de la centroderecha y de los ultraconservadores.

Por eso, a renglón seguido, la votación que debía aprobar o rechazar la constitución que habían redactado, impuso un abrumador rechazo.

Habrá que ver si el gran vencedor de la última votación de constituyentes comete el mismo error y, aprovechando la mayoría que su partido obtuvo, en caso de que se lo permitan los constituyentes de UDI y RN, decide no incluir la mirada de la alianza oficialista y demás fuerzas de izquierda, redactando una constitución a su imagen y semejanza.

* El autor es politólogo y periodista.

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