Partimos de un oscuro consultorio en el viejo Hospital Emilio Civit. Era viejo, disfuncional. Llevábamos a los niños, cuando llovía, con paraguas a la sala de radiografías distante a una cuadra. En 1990 comenzamos con un –algo iluminado-consultorio en el actual Notti. Éramos 2. Al final del camino teníamos un pabellón con 4 consultorios, sala de espera, de computación, de reuniones y estudios pulmonares, farmacia propia y aparatología de última generación. Desarrollamos la residencia para otorgar la especialidad. La voluntad de hacer, hace. La luz que comenzó oscura era ahora enceguecedora. Dichos por otros, no por mí.

