De hecho, él mismo parece haber creído eso porque en los últimos días buscó posicionarse mediáticamente: dio entrevistas a radios y hasta el viernes al mediodía, al menos, se ofrecía para salir en los diarios del domingo.
Repentinamente, unas horas después, ya no había otro domingo para él como ministro.
Nadie cuenta lo que pasó en esa siesta, pero algo hizo que el escenario cambiara bruscamente para Aranda y para el propio Pérez, que comunicó la salida de su ministro, con agradecimiento incluido, a través de mensajes en la red social Twitter, su forma preferida de hacer anuncios.
Y aunque ayer el Gobernador se preocupó por decir una y otra vez que nada tuvo que ver la crisis policial con la salida de Aranda, sólo un ingenuo podría creer que no influyó en nada. De hecho, hasta en el mismo Gobierno admiten que apuró la decisión ya tomada.
El argumento oficial es que éste era el momento indicado para que Aranda saliera de escena. “Carlos llevaba cuatro años al frente del ministerio más complicado y eso es mucho desgaste, que se nota. Le puso mucho de su vida, incluso personal, al trabajo y hay que reconocérselo. Por eso, renunciar ahora, luego de solucionar el conflicto, significó para él irse por la puerta grande”, explica uno de los funcionarios de confianza de Pérez.
Ahora bien, ¿quién es Leonardo Comperatore, el nuevo ministro de Seguridad? La primera respuesta es que responde, al igual que su antecesor, al vicegobernador Carlos Ciurca, quien por lo tanto seguirá teniendo bajo su dominio esa área clave, donde alcanzó proyección provincial hace unos años. Al entorno del Vice llegó a través de su amigo Eduardo Bauzá.
Pero hay otro dato de su pasado que terminó de definir su nombramiento: conoce al Gobernador desde su época de estudiante en el Liceo Militar. Iba un año después que Pérez, quien valora su trabajo y predisposición para colaborar.
El nombre del elegido fue una sorpresa para los que esperaban cambios profundos. El mismo origen político, pero un perfil político más bajo aún que el de Aranda cuando fue designado por Celso Jaque en 2009, hablan de que la decisión no fue precisamente apostar por un giro brusco, sino mantener el rumbo, sobre todo en la relación con la Policía, y respetar el equilibrio interno del oficialismo.
Un cambio profundo hubiera sido, por ejemplo, apostar por Romina Ronda, la subsecretaria de Justicia con protagonismo ascendente en el Ejecutivo y con ideas más cercanas a las que inspiraron la reforma policial del ’98.
O el senador peronista Fernando Simón, un abogado que trabajó con Alejandro Cazabán. Pero ambos, dicen quienes saben del tema, hubieran sido resistidos por la Policía, ésa a la que le agradeció Pérez por su actitud la última semana y de la que Aranda dijo sentirse orgulloso.
Obviamente, habrá que esperar a ver en acción a Comperatore para juzgarlo. En su anterior cargo de director del Instituto de Seguridad Pública, sólo tuvo exposición mediática cuando debió salir a dar explicaciones por los cánticos antichilenos de los cadetes que allí se forman y luego por la flexibilización de los requisitos para ingresar, que básicamente consistió en dejar de exigir el título secundario a los aspirantes. En 2009 había quedado envuelto en una denuncia teñida de interna policial.
“Es un nuevo Tello”, comparó un radical apenas conocida la noticia, en referencia a aquel ministro de Seguridad de Julio Cobos que apenas duró tres meses en el cargo en 1985. “Está claro que no quieren hacer ningún cambio y que los viejos jefes de la Policía seguirán manejando la política criminal en la provincia”, dice otro opositor estudioso de los temas de Seguridad.
En el mismo Ejecutivo definen a Comperatore como un técnico con poca militancia política. Quienes lo conocen por haber cruzado sus caminos en los últimos años coinciden: no tiene perfil político. Esto puede ser un problema, por más que tenga detrás suyo el respaldo de Ciurca, ante una tropa que vio en los últimos días que su reclamo genera temblores en el Gobierno y miedo en la sociedad, y que espera obtener un nuevo aumento dentro de unos meses.
La semana que termina, los policías apenas “pestañearon” y con eso generaron el clima social, y también en el Gobierno, que les permitió conseguir un aumento impensado hace diez días. Obvio que aprovecharon lo ocurrido en las otras provincias para obtenerlo: sin custodia, las ciudades se transformaron en tierra de nadie, dominadas por la anarquía y la ley del más fuerte.
Los saqueadores se aprovecharon también del miedo generado en la sociedad por esa tibia protesta policial para sacar su tajada, queriendo replicar acá lo de Córdoba o San Juan, donde la ausencia de seguridad mostró que, en definitiva, somos hijos del rigor y sin control, parece, reinaría la anarquía.
Es cierto, hubo oportunismo. Pero también hay condiciones que generan esos hechos. Recarga horaria y sueldos bajos, más si se tiene en cuenta el riesgo, alimentaron el reclamo policial. No importa que reciban una preparación deficiente, ni que cada vez sean más flexibles los requisitos para ingresar al Instituto de Seguridad Pública.
Si la Policía acá no dio el temido y peligroso paso de volverse contra la autoridad y la ciudadanía acuartelándose, fue porque el Gobierno, con el apoyo de los jefes, pudieron contenerla, pero también porque está muy dividida. En Seguridad hablan de tres grupos que nunca pudieron acordar entre sí. Si dos de ellos hubieran podido coincidir en sus planteos y metodología, distinta hubiera sido la historia.
Pero lo cierto es que sin unión, igual lograron un aumento que le representa al Gobierno 236 millones de pesos extra para el Presupuesto 2014, según detalló el ex ministro Aranda cuando fue a la Legislatura a explicar los gastos de Seguridad.
Esto es un nuevo problema para el ministro de Hacienda, Marcelo Costa, que ve así crecer la partida de personal sin pausa. Este año se ha destinado al pago de sueldos, hasta el 31 de octubre, el 58 por ciento del total del dinero gastado por el Estado, aunque Costa lo niegue y diga que la partida de personal no llegará al 50 por ciento.
O los números que publica Hacienda en su página web son incorrectos o el ministro no los vio. Por lo pronto, el viernes logró colocar un bono por 70 millones de dólares, a una tasa de 2,75% anual, para cubrir parte del déficit de 2013.
Lo que viene
El de Aranda anticipa una sucesión de cambios que Pérez ya tiene definidos y que, según la fuente que se consulte, podrían ocurrir entre enero y febrero. Pero lo cierto es que la adelantada renovación en Seguridad puede precipitar el resto y así darse todo antes de fin de año.
Lo que no sabe aún es si el anuncio será global o irá dándose área por área. Si finalmente esta última es la metodología elegida, tiene todas las fichas para ser el próximo en irse Carlos Díaz Russo, ministro de Salud. El elegido para reemplazarlo es el médico Matías Roby, uno de los mejores amigos del Gobernador, que ya cuando fue nombrado asesor de Infraestructura habló de más y fue obligado a bajar el perfil.
La renovación es casi una obligación para un gobierno que no ha logrado en dos años una base de apoyo popular. La doble derrota electoral de este año, aunque lo minimicen en el peronismo, mostró también el descontento social con la gestión provincial.
Aunque está claro que antes de las primarias ya era necesaria una oxigenación del gabinete, con gente que aporte ideas nuevas y acción a varios ministerios que poco o nada parecen haber hecho.