19 de septiembre de 2019 - 00:00

Nunca pasará de moda - Por Gabriela N. Sánchez

La justicia se mueve con las viejas leyes escritas donde el foco no es la víctima sino las pruebas.

Cuatro mujeres asesinadas en un fin de semana puso de nuevo en el tapete la violencia machista en Argentina. Algo contra lo que venimos luchando desde distintos sectores y que utópicamente esperamos que ya no sea eje de debates ni jornadas de reflexión.

Pero esa utopía se ve muy lejana cuando para muchos se trata de un tema de “moda” y todavía se ríen por lo bajo diciendo “ojo, mirá que te van a denunciar”.

A mi entender es una lucha de décadas que tuvo su momento más alto en estos años. Es una lucha de abuelas, madres e hijas. Como todos los momentos de ruptura, genera las respuestas más antagónicas desde los sectores duros que ven su lugar de privilegio en peligro.

Festejo la deconstrucción de las individualidades que nos ha llevado a cuestionarnos todas las conductas que teníamos aprendidas y que hoy están en tela de juicio. Pero no puedo dejar repasar todo lo que nos falta para allanar el camino de las víctimas.

Sentencias como el del caso Julieta González me obligan a poner el ojo en la Justicia que todavía se mueve con las viejas leyes escritas con una mirada patriarcal, donde el foco no es la víctima sino las pruebas, donde los tiempos son los de los tribunales y no los del daño psicológico y físico.

Todavía le exigimos a una mujer -que quizás no sabe que es víctima de violencia de género- que identifique a su agresor, reúna pruebas y vaya a una oficina fiscal a denunciar al que quizás es su único sostén económico y padre de sus hijos.

Desde un escritorio, se le pide a una víctima que vaya con los rastros, los golpes, sin bañarse y con los recuerdos intactos a revivir minuciosamente los hechos más vergonzosos por los que puede haber pasado.

Todo esto si la víctima sabe lo que le pasó en el momento, porque hay cientos -y me animo a decir miles- de mujeres se reconocen como víctimas a los años, cuando ya pudieron salir del círculo de su agresor. Qué pruebas tenemos para llevar a la Justicia en esos casos cuando los hematomas ya no están a la vista, cuando los desgarros ya cicatrizaron, cuando ese estado de violencia era considerado “normal”.

A mi entender, es urgente una legislación que tenga como foco a la víctima, que se adapte a su situación, a sus tiempos, a su realidad. No basta con la visión de género y las capacitaciones al personal porque evidentemente deja un gran margen que solo se salva con la presión social.

Las temáticas de género, la violencia patriarcal, los femicidios, no son temas de “moda”. Al contrario son realidades que pasan aquí y ahora. Es innegable el cambio de paradigma irreversible, los pasos ganados que no están dispuestos a retroceder. Como en todo lo nuevo, puede haber errores e incertidumbre, pero un caso no echa por el piso el reclamo colectivo y es responsabilidad de los que transitamos estos tiempos de cambio ocuparnos desde donde nos toca.

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