Por lo que leemos en los diarios o escuchamos en las noticias, es un método de fácil aplicación y que traerá tranquilidad a las adolescentes de alto riesgo, pues les permitirá evitar el embarazo durante los tres años que dure el método colocado debajo de la piel.
Como siempre sucede cuando se lanza un nuevo método anticonceptivo, creemos que es la solución mágica a todos los problemas. Nos hacen creer que es un método totalmente inofensivo, que no acarreará ningún problema de salud a las jóvenes y que les permitirá vivir su sexualidad sin ningún riesgo.
No es lugar para explayarme sobre las posibles consecuencias sobre la salud que puede tener este método anticonceptivo de larga duración, como aumento de riesgo de osteoporosis, irregularidades en el sangrado menstrual hasta llegar a la ausencia del mismo, cefaleas, aumento de peso, acné, caída del cabello, aumento de la resistencia a la insulina y la tolerancia a la glucosa, problemas relacionados con la colocación, posibilidad de embarazo, embarazo ectópico y abortos “espontáneos”.
En las pacientes que ingieren medicamentos como oxcarbamazepina, carbamazepina, fenitoína, metilfenobarbital entre otros, que son potentes inductores enzimáticos, puede verse una disminución en la efectividad de los implantes. No olvidemos tampoco que es un método que requiere ser colocado y removido por un profesional entrenado para ello.
Pero, más allá de los problemas relacionados con el método anticonceptivo mismo, hay otras situaciones que me preocupan. Soy médica especialista en ginecología infantojuvenil; he trabajado durante 20 años en Centros de Atención Primaria de la Salud de la Provincia y hace tres años que trabajo en el Servicio de Ginecología del Hospital Notti.
Tengo amplia experiencia en el trato diario con adolescentes y estoy sumamente preocupada por las situaciones crecientes de riesgo a las que están expuestas, como alcohol, drogas, maltrato y violencia física o psicológica, infecciones de transmisión sexual, mal rendimiento escolar, con abandono y repitencia, etc.
El embarazo en las adolescentes de riesgo es una consecuencia de todo lo que acabo de nombrar. Colocándoles un método anticonceptivo de larga duración, lo único que podremos evitar es que queden embarazadas (sabiendo que el implante no garantiza jamás ciento por ciento de efectividad), pero no estamos trabajando sobre la verdadera causa.
Por el contrario, hemos comprobado que las pacientes que tienen métodos anticonceptivos de larga duración tienden a espaciar las consultas o desaparecen del sistema de salud, hasta que consultan por alguna complicación derivada de sus conductas de alto riesgo.
No nos preocupa aquella adolescente que queda embarazada como proyecto de vida, que tiene una pareja, que cumple correctamente con sus controles prenatales. Las que nos preocupan son aquellas que quedan embarazadas como consecuencia de sus conductas de alto riesgo y que no acuden al sistema de salud.
Nos preguntamos: ¿qué estamos haciendo con nuestras adolescentes de alto riesgo? ¿Qué estamos haciendo para disminuir las situaciones de riesgo entre nuestras adolescentes? Colocándoles un método anticonceptivo de larga duración ¿realmente las estamos ayudando? ¿Las estamos ayudando a que tomen conciencia de su situación de riesgo? ¿Las estamos ayudando a salir de ella?
Estoy convencida de que promoviendo la utilización de métodos anticonceptivos de larga duración no estamos ayudando a nuestras adolescentes, pues no estamos actuando sobre la verdadera causa de los embarazos no planificados.
Como sociedad y como sistema de salud no las estamos ayudando a hacerse responsables de sí mismas y del cuidado de su salud.