Tanto Altamira en el departamento de San Carlos, como Barreal en San Juan, se han convertido en las primeras indicaciones geográficas vitivinícolas, en donde se tuvo en cuenta para delimitar la zona las características de suelo, agua y clima que predominan, en función de los vinos que se producen en la zona.
"Los límites establecidos se realizaron en función de los estudios que se han hecho en la zona. Así la indicación geográfica de Barreal contó con microvinificaciones lo que ha permitido la tipificación de los vinos de la zona", dijo Guillermo García, presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura.
García, señaló que lo más importante es que este proceso que se ha llevado a cabo está relacionado con la verdadera zonificación vitivinícola y no la con administrativa, como se venía haciendo.
"Aquí hay un trabajo de investigación de todas las características, suelo, agua, clima y la adaptación de los distintos cepajes a la zona. Y finalmente todo eso ha expresado en las vinificaciones", comentó.
Para la indicación geográfica Altamira, el pedido de zonificación de este paraje provino de la mano de tres empresas que se mostraron interesadas en que se delimite el espacio. Este fue el caso de Chandon, La Agrícola S.A. (Bodega Zuccardi) y Bodegas Esmeralda (Catena Zapata).
Zonificación
Al igual que sucede en otras latitudes del mundo. Argentina desde hace un tiempo está buscando una forma, no sólo de distinguirse con variedades de excelente desarrollo en nuestro suelo, como es el caso del malbec, sino también con la búsqueda de terruños únicos y descriptivos del país.
Desde el INV señalaron que esta es un definición estratégica, que se viene dando en otros lugares del mundo, donde las apelaciones al origen proponen un valor agregado al producto relacionándolo con la tierra.
"Siempre en Argentina las indicaciones geográficas se definían por elementos administrativos. Hoy por una demanda del propio sector vitivinícola estamos estableciendo delimitaciones de micro regiones, sobre una base científica", señaló García.