9 de noviembre de 2013 - 00:24

Nuestro Zoológico

Las ciudades importantes del mundo exhiben con orgullo sus valores patrimoniales: tradiciones, museos, pinturas, esculturas, iglesias, puentes, edificios, plazas, parques y zoológicos, entre otros.

Los movimientos sísmicos dejaron a Mendoza sin muchas piezas patrimoniales, pero lucen sus plazas, parques y el Jardín Zoológico, diseñado ni más ni menos que por Daniel Ramos Correas.

Desde Moscú hasta Nueva York, pasando por Berlín y Londres en el hemisferio norte y aquí en el sur en ciudades como Río de Janeiro y San Pablo, los zoológicos son mantenidos, cuidados y están en expansión permanente, como el de Leipzig en Alemania que, junto con los ya nombrados, incorpora nuevas especies constantemente.

Sin embargo en Mendoza parece haber una corriente que pretende el cierre de uno de los mejores y más bellos zoológicos de la Argentina.

Los fundamentos serían varios y de distinto tipo: el estrés que tienen los animales es uno. El estrés es una reacción fisiológica normal, que permite que animales -desde los más bajos en la escala zoológica hasta los mamíferos superiores (homo sapiens inclusive)- y las plantas, reaccionen ante circunstancias desfavorables para defenderse en todo tipo de situaciones adversas.

El estrés puede llegar a enfermar como cualquier otra reacción fisiológica normal si se prolonga exageradamente (caso típico el del exceso de prácticas deportivas).

Pensar que los animales del Zoológico tienen estrés es ignorar las situaciones que viven en sus hábitats naturales: muchos de los animales originarios de África pasan por períodos de sequías extremas, que a veces llevan a mortandad masiva; las estampidas que ocurren cuando cebras o ciervos se acercan a alguna fuente de agua para beber (a veces se desplazan kilómetros) y aparecen predadores del tipo de los leones que matan cantidades de animales para sobrevivir.

Igualmente hay estampidas cuando ocurren tempestades, con tormentas eléctricas violentas y caídas de lluvia y granizo.

La otra característica normal de los seres vivos es la capacidad de adaptación, que les permite adaptarse a todo tipo de circunstancias. Mucho se ha escrito sobre el único ejemplar de oso polar del Zoológico y una campaña para llevarlo a Canadá.

Una reflexión obvia es que si ha llegado a la vejez en Mendoza, significa que tan mal no le ha ido y lo más probable es que si a un anciano, como el oso Arturo, se lo desplaza del lugar en el que ha pasado toda su vida, se muera rápidamente.

Se ve a menudo entre los seres humanos ancianos: cuando los hijos deciden que abandonen la casa en la que han pasado toda su vida, con la "buena intención" de que vivan mejor y estén mejor atendidos, los ancianos mueren al poco tiempo.

Otro buen ejemplo de adaptación lo muestran los perros de raza como San Bernardo, Doberman, Schnauzer o Husky Siberiano, que han sido traídos de regiones muy frías, y que se han adaptado a nuestra región y a nuestro clima y viven felicísimos con sus dueños.

A los animales hay que tratarlos muy bien, pero no hay que "humanizar" sus reacciones. Es un error pensar que al estar en un Zoológico tienen pensamientos o raciocinio de tipo humano, que la institución es comparable a una cárcel y que la viven como tal.

Los zoológicos que incrementan la cantidad de especies y de animales tienen como proyecto esencial proteger especies en vías de extinción o seriamente comprometidas por predadores. En Leipzig se ha festejado el nacimiento de osos panda, originarios de Asia. Pero en África hay también especies en peligro, por la acción de predadores de todo tipo, por el avance de ciudades y las guerrillas constantes entre algunos pueblos.

Los zoológicos deben servir para despertar en los niños el amor por los animales y el amor y respeto por la naturaleza; nuestro Zoológico ofrece un entorno ideal para ello.

No concuerdo con la idea de remplazar el Zoológico por una exposición virtual. Nos quejamos por el hecho de que los niños ven demasiada televisión, que tienen más amigos logrados por vía electrónica que de carne y hueso y si los llevamos al Zoológico a que vean pantallas, estaremos contribuyendo al desarrollo de más conductas de tipo esquizoide.

Para ver en pantalla ya tienen Animal Planet y otros. En el Zoológico real el niño puede interactuar con los animales y nada es comparable a sentir los olores, de los pelajes, del pasto, darle maní a un mono o maíz a algunas aves.

Hay que enseñar a no dar bolsas o bidones de plástico a ningún animal, a cuidar el entorno vegetal, a proteger el bien común. Tener todo en pantalla sería como creer que es igual sentir el olor de la levadura, de dulces y chocolates en una panadería real que ver lo mismo en televisión.

El otro punto para pretender el cierre del Zoológico de Mendoza es el que ha pasado por conos de sombras en lo que se refiere a lo administrativo. Todas las instituciones, y también las familias, pueden pasar por tiempos oscuros pero la forma no es eliminar las instituciones, sino corregir lo que está mal.

Como Mendoza tiene universidades públicas y privadas con carreras de Agronomía Veterinaria, no es admisible creer que no hay recursos humanos. Tal vez habría que pensar en crear tecnicaturas.

Prefiero no creer que proceder al cierre de un hermosísimo Zoológico como el que tenemos obedece a hacer economías.

Tampoco puedo imaginar que haya que proceder al cierre de las instituciones que en un momento dado no funcionan bien. No sea que tengamos que cerrar escuelas, hospitales, ministerios.

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