16 de octubre de 2016 - 00:00

No todas son malas noticias

Según datos aportados por la Asamblea General de la ONU, el número de personas que vive en pobreza extrema ha caído a la mitad en las últimas dos décadas.

El mundo es un caos, con millones de personas encerradas en interminables ciclos de guerra, hambruna y pobreza, con más niños que nunca pereciendo de hambre, enfermedad y violencia.

Prácticamente eso es lo único en lo que coinciden los estadounidenses; estamos polarizados con respecto a todo lo demás. Sin embargo, varias encuestas han arrojado que alrededor de nueve de cada 10 estadounidenses cree que la pobreza mundial ha empeorado o permanecido igual durante los últimos 20 años.

Para buena fortuna, el único punto con respecto al cual coinciden los estadounidenses es totalmente erróneo.

A medida que dirigentes mundiales se reúnen para la Asamblea General de Naciones Unidas esta semana, toda la evidencia sugiere que estamos en un punto de inflexión particularmente notable. El número de personas que vive en pobreza extrema (U$S 1,90 por persona, por día) ha caído por la mitad en dos décadas, y el número de niños pequeños que muere ha registrado un descenso en la misma proporción.

¡Eso equivale a 6 millones de vidas al año salvadas por vacunas, promoción de lactancia, medicina para la neumonía y tratamientos para diarrea!

Los historiadores podrían concluir que el aspecto de mayor importancia que ocurría en el mundo a comienzos del siglo XXI era un descenso pasmoso en el sufrimiento humano.

De acuerdo, usted cree que finalmente cedí bajo la presión después de haber pasado demasiado tiempo en lugares desesperados. Así que, unos cuantos puntos informativos:

- Apenas en 1981, cuando estaba terminando la universidad, 44 por ciento de la población vivía en pobreza extrema, según el Banco Mundial. Actualmente se cree que ese porcentaje equivale a menos de 10 por ciento y sigue bajando. “Ésta es la mejor historia en el mundo actualmente”, dice Jim Yong Kim, el presidente del Banco Mundial.

- Durante toda la historia de la especie humana hasta la década de 1960, la mayoría de los adultos eran analfabetos. Actualmente, 85 por ciento de los adultos en todo el mundo sabe leer y escribir, y ese porcentaje está creciendo.

- Si bien la desigualdad ha crecido en Estados Unidos, la tendencia global es más alentadora: en el ámbito internacional, la desigualdad está bajando debido a progresos de los pobres en países como China e India.

Naciones Unidas apunta a erradicar la pobreza extrema para 2030, en tanto expertos creen que es posible acercarse bastante. En pocas palabras, bajo nuestra tutela, tenemos una oportunidad aceptable de borrar prácticamente males que han plagado a la humanidad durante miles de generaciones, desde analfabetismo hasta el tipo de pobreza más paupérrima.

Sin embargo, la población general cree lo contrario, que la pobreza está empeorando. Una encuesta que será divulgada este jueves por Motivaction, firma holandesa, arrojó que solo 1 por ciento de los estadounidenses encuestados se percataba de que se había reducido por la mitad la pobreza extrema en el mundo a lo largo de 20 años.

Me pregunto si no será que los que estamos en los mundos periodístico y humanitario nos estamos equivocando al concentrarnos tanto en la miseria humana, de forma que dejamos a la población general con la percepción equivocada de que todo siempre está empeorando.

He cubierto matanzas en Sudán del Sur, campos de concentración en Myanmar y atrofia generalizada en India, pero también es importante reconocer el telón de progreso global. De lo contrario, la población podría percibir la pobreza como un caso perdido y considerar que no tiene sentido continuar con la lucha justamente en el punto en que estamos logrando el progreso más acelerado que se haya registrado.

Cuando conocí por primera vez el mundo en desarrollo, como estudiante de leyes con una mochila al hombro en los ’80 -a veces viajando sobre el techo de trenes o autobuses y escribiendo artículos para pagar mis gastos-, el aspecto más desgarrador de la pobreza que encontré fueron ubicuos mendigos ciegos, despojados de dignidad y de cualquier oportunidad de ser productivos.

Esto es mucho menos común actualmente, en parte debido a que la ayuda humanitaria -pese a verdaderas insuficiencias- ha marcado una profunda diferencia en salud. La heroica obra del ex presidente Jimmy Carter y donaciones farmacéuticas de Merck han vuelto menos común la ceguera de río. Cápsulas de vitamina A, que cuestan dos centavos de dólar, han reducido igualmente la ceguera. Los antibióticos han contribuido a reducir el tracoma cegador. Además, una simple cirugía de 25 dólares que desarrolló un oftalmólogo nepalí, Dr. Sanduk Ruit, permite que personas con cataratas vean de nuevo.

Las escenas de mendigos ciegos en cada esquina de la calle pronto habrán desaparecido para siempre.

Los cínicos se burlan diciendo que si se salvan vidas de más niños, ellos meramente crecerán para tener más bebés y causar nuevas hambrunas y ciclos de pobreza. ¡Claro que no! Lo que es más, cuando a los padres de familia se les asegura que sus hijos sobrevivirán, deciden tener menos. A medida que las niñas son educadas y se ponen a disposición métodos anticonceptivos, caen las tasas de natalidad... justamente como ocurrió en Occidente. Las mujeres indias promedian actualmente sólo 2,4 nacimientos. Las mujeres indonesias 2,5 y las mujeres mexicanas sólo 2,2.

Así que en un momento podemos regresar a urgentes necesidades en todo el mundo, desde guerra hasta cambio climático y refugiados.

Pero, en primer lugar, hagamos una pausa por un nanosegundo de silencio para reconocer los mayores progresos en bienestar humano en la historia de nuestra especie; no para inspirar complacencia sino, más bien, para acicatear nuestros esfuerzos por acelerar lo que pudiera ser la tendencia de mayor importancia en el mundo actual.

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