Tienen razón los autores de una columna publicada el miércoles pasado en el diario Los Andes: "Del Caño no es Bialet Massé". No sólo porque no reúno los conocimientos que tenía aquel catalán, sino porque mi rol no es el de un intelectual convocado por un gobierno conservador para hacer un estudio social.
Soy uno de los voceros y referentes de una fuerza política de trabajadores que en las últimas elecciones señaló la importancia de rechazar y resistir las políticas de ajuste que buscan hacerles pagar los costos de la crisis a los trabajadores y sus familias, como las que ya está implementando la “CEOcracia” macrista.
Pero la citada columna no busca abrir un debate, sino desacreditar una posición política. Macri ha demostrado con sus decretos las verdaderas intenciones de las fotos a las que nos convocó. Pocas horas después de posar con Scioli, Massa, Stolbizer, Rodríguez Saá y todos los gobernadores, firmó los decretos designando en forma ilegítima y fraudulenta a dos ministros de la Corte Suprema con el objetivo de que el Poder Judicial termine avalando el ajuste en marcha, hecho también mediante decretos y con el Congreso cerrado hasta marzo. Se quiere imponer un estado de excepción, avasallando el Poder Legislativo, en nombre del “diálogo”.
Al día siguiente, anuncia una mega-devaluación a través de resoluciones del Banco Central que significará una enorme transferencia de ingresos desde la clase trabajadora a los grupos económicos concentrados, especialmente al oligopolio exportador. Nosotros rechazamos esa foto porque no nos prestamos a esta maniobra, y al mismo tiempo denunciamos este método de facto utilizado para aplicar un ajuste que afecta la vida de millones de argentinos.
Las intenciones del Presidente han quedado claras en pocos días, busca usufructuar los viejos mecanismos de “El Zorro” Julio A. Roca, como se le denominaba popularmente por su gran capacidad de tejer alianzas políticas que le permitieran hacerse del poder contando él mismo con un partido débil.
Mientras invita a conversar a los líderes de la oposición en su despacho, cierra el Congreso a los diputados y senadores elegidos por el voto popular, gobierna por decreto, aplicando con este método antidemocrático un ajuste brutal sobre el pueblo trabajador, y creando una Corte Suprema adicta, designando jueces a dedo como sólo han hecho los gobiernos militares. El Frente de Izquierda ha conquistado una bancada de cuatro legisladores en el Congreso que están allí para representar los intereses de las mujeres, los trabajadores y la juventud.
El Presidente no tiene más que convocar a sesiones extraordinarias para que funcione el Congreso y podamos exponer sobre nuestras posiciones y propuestas. Como diputado nacional de Mendoza cumplí con el mandato de nuestros votantes, teniendo asistencia perfecta en las sesiones y siendo uno de los legisladores que más uso de la palabra hizo en las mismas. Dijimos que llevaríamos la voz de los trabajadores y la juventud al Congreso y lo hicimos.
En estos dos años de mandato hemos presentado más de ochenta (80) proyectos que el kirchnerismo se negó a tratar, y ahora “Cambiemos” sigue con la misma determinación. ¿Con qué intención se busca entonces acusarnos a nosotros de “antidemocráticos” si no es para cubrir los decretazos y el ajuste del nuevo gobierno?
Más allá de la notable diferencia en la talla de las personalidades, hay otro punto en común entre Mauricio Macri y el general Julio Argentino Roca: los intereses sociales que representan.
El proyecto de Ley Nacional de Trabajo del segundo gobierno de Roca era parte de un “paquete” que incluía la Ley de Residencia, impuesta en 1902 luego de una importante huelga de los trabajadores portuarios que paralizó las exportaciones en el momento culminante de la cosecha. Roca y su ministro del Interior, Joaquín V. González, deciden imponer una de las leyes más represivas de un gobierno constitucional en el siglo XX. Ella permitía al Ejecutivo expulsar del país a todo extranjero “sospechoso” de “actividades o prédicas subversivas”, sin intervención del Poder Judicial.
El “combo” entre los dos proyectos tenía como único objetivo sofocar un ascenso de las luchas obreras dirigidas por sindicalistas, anarquistas y socialistas, que ponía en vilo a la clase social parasitaria que dirigía al país: la oligarquía agro-ganadera. Esta clase se termina de consolidar con la mal llamada “conquista del desierto”, también dirigida años antes por Roca, una limpieza étnica para barrer a los pueblos originarios de sus tierras ancestrales y entregárselos “llave en mano” a esta oligarquía.
El informe de Bialet Massé solicitado por Roca: “El Estado de las Clases Obreras Argentinas”, es un documento histórico de mucho valor. Pero efectivamente no consideramos que su colaboración con este gobierno sea un ejemplo a seguir.
Roca quería imponer su modelo agroexportador y cipayo del imperialismo inglés a sangre y fuego. En un sentido contrario, el movimiento obrero argentino desarrollaba una de las experiencias más avanzadas de mundo.
Ya en 1904 (año al que remiten las analogías históricas de la columna de opinión) fundaba la FORA, que marcará la historia del sXX en nuestro país, y lograba que ingrese al Congreso Nacional el primer diputado socialista de América Latina, Alfredo Palacios, sorteando las imposiciones antidemocráticas del régimen oligárquico. Es con ellos con quienes hubiéramos estado en ese momento, más allá de nuestras diferencias.
No podemos, por lo tanto, buscar en las analogías históricas justificaciones para políticas antidemocráticas y pro-ajuste.