11 de abril de 2020 - 00:00

No hay virus malo que por bien no venga, la revolución de la felicidad que podemos hacer

Triple fila de coches en los colegios llevando hijos. Micros, subtes, trenes donde la gente angustiada, mansillada, apretujada va a su trabajo.

Colas por aquí, colas por allá, ambientes de trabajo insalubre, gente que por obligación uno tiene que cruzarse y convivir ocho horas diarias. El traqueteo del ir y venir y en Mendoza con el corte son cuatro horribles traqueteos diarios. Horas perdidas arriba de los traqueteos.

Contaminación al tope, lugares por donde no se puede transitar, multitudes y más multitudes y mientras tanto el cambio climático por todo el humo toxico que largamos a la naturaleza y una Mendoza cada vez más tórrida e insoportable. Gases, malos olores en la noche, pobreza y más pobreza. Delincuencia creciente, arrebatadores, drogas y disparos en la noche. Gente pidiendo y ya casi 40% de pobres antes de la peste.

¡Y estamos ansiosos de volver!, volver a las colas, al imposible tráfico, al smog, a los trabajos insalubres, a la infelicidad y la depresión y ataques de pánico que esa vida horrible nos genera.

¿Por qué no aprovechamos y abandonamos definitivamente ese horrible pasado que no siempre fue mejor?

Es posible.

No volver o hacerlo lentamente, o mejor cambiar nuestras formas de trabajar, de educarnos, de acceder a trámites, de curarnos, de divertirnos.

Eso se llama teletrabajo, educación a distancia, salud a distancia, delivery, bicicleta, caminar, comprar en el barrio, salir a correr al parque o a la montaña.

Si hiciéramos todo eso, los autos estarían herrumbrados en los garajes o saldrían solo los fines de semana para Potrerillos o El Carrizal. Los niños tomarían sus clases por internet y no necesitarían ir todos los días a clases insoportables, aburridas. Tal vez una o dos veces y la obligatoriedad que solo vengan en transportes escolares.

Los trabajos, su gran mayoría podrían hacerse desde la casa o desde estaciones de trabajo cercanas a tu casa.

La salud igual, verías a tu medico por Skype, las recetas te las darían por formularios electrónicos, nada tendrías que ir a pagar o hacer cola.

Los tramites los harías por firma digital como se hace en los países del primer mundo.

Solo dejaríamos los contactos físicos para divertirnos, conversar y pasarla bien.

Les aseguro que va a ser un mundo mejor.

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