29 de diciembre de 2017 - 00:00

No corras que te va a hacer mal - Por Leonardo Oliva

A los que no nos gusta salir a correr, ya tenemos una buena razón científica para defendernos de la “secta” de los runners.

Correr es el ejercicio más popular de la humanidad después de caminar. “Salir a correr” es la primera alternativa que nos viene a la cabeza cuando alguien -tu mamá, tu novia, ¡tu médico!- nos recomienda ejercitarnos para bajar de peso. Y cuando vemos a esas tribus de runners -tan en boga hoy- corriendo felices, con sus ropas deportivas y sus cuerpos delgados y fibrosos, despejamos las dudas: correr hace bien, es saludable, nos hace más flacos y sonrientes y hasta nos puede dar un grupo de pertenencia: el “running de los sábados”.

Pero a los que no nos gusta salir a correr (salvo si es atrás de una pelota), ya tenemos una buena razón para defendernos de la “secta” de los runners: la ciencia dice que es la peor manera de eliminar grasas y una de las más ineficaces para estimular la salud cardiovascular.

“Normalmente pensamos que correr te ayudará a estar más ligero y a perder peso. Sin embargo, practicar cualquier otra actividad que no sea correr será mucho más eficaz para conseguir ese objetivo”, afirma Lee Boyce, entrenador especializado en fortalecimiento, en una entrevista con el portal estadounidense dedicado a la salud: Tonic.

La receta mágica de Boyce para quemar grasas está muy lejos del running: consiste simplemente en hacer ejercicios de fortalecimiento. Esto significa lisa y llanamente anotarse en un gimnasio y ponerse a levantar pesas, hacer abdominales, flexiones y estiramientos.

Pero el corazón sano ¿cómo lo logramos? Boyce recomienda una serie de ejercicios a modo de circuito, para mantener las pulsaciones elevadas y mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. Así, estaremos aspirando viento como si estuviéramos corriendo, pero con mejores beneficios ya que desafiamos a los músculos con ejercicios de resistencia que quemarán muchas más calorías, aumentarán la pérdida de grasa y elevarán nuestro metabolismo “más que cualquier salida a correr suave a media tarde o a primera hora de la mañana”.

Es más, agrega: salir a correr a una velocidad media durante períodos largos puede provocar dolores crónicos y desequilibrios, mientras que hacer remo, por ejemplo, soluciona muchos de los problemas que generan correr.

Pero si Boyce nos parece una charlatán, usaremos entonces la carta de la ciencia. Un estudio publicado en 2008 por la revista Medicine & Science in Sports & Exercise (también estadounidense) dividió a 27 mujeres obesas en tres grupos. El primero se dedicó a hacer ejercicios de running de baja intensidad cinco días a la semana; el segundo hizo sprints de ejercicios intensos sólo tres días a la semana; y al tercer grupo se le propuso que no hiciera ejercicio alguno.

Después de 16 semanas de entrenamiento, los resultados fueron contundentes: las sprinters habían rebajado importantes cantidades de grasa en sus muslos y en su abdomen. En cambio, las runners, si bien mejoraron su condición aeróbica, vieron cómo su cantidad de grasa quedó prácticamente igual a la de las “gorditas” que no habían hecho absolutamente nada.

Con este estudio en mano, nos sacamos las zapatillas de running y volvemos a Boyce, que nos mira con aprobación. “Correr implica descargar a cada zancada gran cantidad de presión sobre tus articulaciones, siendo especialmente nocivo para la salud de tus tobillos y de tus rodillas, sobre todo cuando lo hacés sobre superficies duras, como la mayoría de los fondistas metropolitanos”, dice mientras atrás se cae el cuadro de la majestuosa Maratón de Nueva York que tantos runners mendocinos sueñan con ir a correr.

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