Cuando Nicole Kidman era una joven actriz, Jane Campion (la fantástica directora de “La lección de piano” entre otras maravillas) le ofreció un papel en una de sus primeras películas. Kidman lo rechazó porque tenía que lucir un gorro de ducha y besar a una chica, y ella había soñado con ser una actriz con una melena larga y sedosa que besaba a chicos.
La verdad es que es, por lo menos, curiosa la justificación que dio Kidman para explicar el por qué no aceptó hacer una película para la eficaz y solvente directora que es Campion: un gorrito de ducha y un besito inofensivo a una chica... ¿Eso es todo? ¿Y por qué eso le parecería algo “raro” para su carrera?
Tan pavota fue la argumentación, y el autoconvencimiento que se hizo en el aquel momento, que Kidman sigue lamentando haber dejado pasar esa oportunidad.
Esto lo dijo ayer al recoger un premio Crystal + Lucy de Mujeres en el Cine.
Pero la rubia, después de tanta agua debajo del puente de su vida y de tantos papeles que en nada se parecen a la chica de Vogue besando a su príncipe azul, ahora ya no tiene miedo a intentar lo “inesperado”. Y no sólo eso: lo reconoció invitando a las mujeres a “asumir riesgos, elevar nuestras voces y honrar el fuego interior”.
La ganadora de un Oscar no sólo se quedó en el discursito para arengar a la platea femenina sino que lo rubricó con hechos, tan pavotes como la propia explicación por la cual no quiso hacer la citada película de Campion; pero..., ¡en fin! Así las cosas, después del speech, sacó un gorro de ducha de su bolso y declaró que estaba “lista... para besar a cualquier mujer en la sala”.
Su amiga desde hace años, Naomi Watts, que además presentó su premio, aceptó la oferta y... ¡se dieron un piquito! Si todos los arrepentimientos fueran así de fáciles... Y bué.