3 de febrero de 2018 - 00:00

Nepotismo nacional y popular - Por Luciana Sabina

Desde nuestros primeros pasos como Nación, tuvimos nepotismo, siendo Manuel Dorrego uno de los iniciales exponentes de tan infausta tradición.

En julio de 1815 quedó a cargo del regimiento 8 de nuestro joven Ejército y nombró a su sobrino Miguel Barrenechea como subteniente, cuando éste carecía de experiencia alguna.

En la década siguiente Dalmacio Vélez Sársfield, cuñado del gobernador de San Luis, José Santos Ortiz, representó a los puntanos en el Congreso nacional.

Queda a favor de don Dalmacio y don Ortiz que por entonces las provincias no contaban con fondos para mantener a sus diputados en Buenos Aires, por lo que solían designar a alguien conocido que ya vivía en la zona.

Rosas otorgó a su esposa poder suficiente para dominar Buenos Aires en 1833, aún sin nombrarla en cargo alguno. Tras un corto primer gobierno, el Restaurador inició una cruzada contra los aborígenes que lo alejó de su provincia por un año.

Pero Encarnación -su mujer- lo mantuvo vigente, doblegando a cualquier opositor por las buenas y por las malas.

Orgullosa escribió a su esposo: "No se hubiera ido Olazábal, Don Félix, si no hubiera yo buscado gente de mi confianza que le han baleado las ventanas de su casa, lo mismo que las del godo Iriarte y el facineroso Ugarteche. Esa noche patrulló Viamonte y yo me reía del susto que se habrían llevado".

Fue una "gobernadora entre las sombras" que cumplió con eficiencia su misión.

Durante su segundo mandato, el Restaurador confundió lo público con lo privado, beneficiando a sus amigos y parientes. Así, facilitó que los Anchorena, Álzaga, Terreno, Trapani y Arana formaran colosales latifundios.

En 1860 Juan Saá se convirtió en gobernador de San Luis. El resto de la historia es bastante deducible. Veintitrés años más tarde Julio Roca consideró que Juárez Celman -su cuñado- podía ser el "Presidente de Transición", porque no existía la reelección.

Seguro de su lealtad, Roca favoreció esta candidatura y, gracias al fraude electoral, el cordobés se impuso en los comicios. Sin embargo, los planes de Julio Argentino no se concretaron; Juárez Celman le dio la espalda y terminaron distanciados.

A Sarmiento le desagradaba enormemente este vínculo (Roca y Juárez estaban casados con las Funes) y lo resaltó de forma despectiva. En 1884 ya se había establecido el rumor de la candidatura de Juárez y el sanjuanino escribió a su amigo Posse: "Creo que vamos río abajo y empujados de nuevo hacia la barbarie. Con Juárez, hermano de Roca por el coño, tendremos la república suprimida".

Sin duda a lo largo de su trayectoria el sanjuanino tuvo muchas flaquezas, pero el nepotismo no fue una de ellas. Ante la inquietud de su nieto, Augusto Belín Sarmiento, sobre la negativa de nombrar a un gran amigo como ministro, recibió la siguiente respuesta de su abuelo: "Nunca se me hubiera ocurrido hacer ministro responsable a un amigo íntimo. No está prohibido que un hermano del Presidente fuera ministro, pero la decencia lo impide. La firma es un contrato legal. ¿Qué quieren? Esta clase de escrúpulos me han impedido hacer muchas cosas buenas y tal vez malas".

El nepotismo no distingue entre siglos ni tendencias políticas: es una verdadera política de Estado nacional. Así es como una de las primeras medidas que tomó José Félix Uriburu, tras dar un golpe de Estado, fue la de colocar en el poder a gran cantidad de parientes.

Por entonces el Príncipe de Gales visitó nuestro país y al ser presentado ante un miembro jerárquico de la policía, exclamó que finalmente encontraba, entre los cargos de relevancia, a alguien que no se apellidaba Uriburu.

Desde esta perspectiva celebramos las medidas recién tomadas por el Presidente y nos preguntamos: ¿Qué sucedería si se erradicara el nombramiento de familiares a nivel provincial y municipal? Probablemente nos quedaría un puñado de funcionarios.

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