11 de septiembre de 2016 - 00:00

Natalia Oreiro es Gilda: “Es como que ella me prestó el cuerpo para que la pudiera interpretar”

El próximo jueves se estrena “Gilda, no me arrepiento de este amor”. En exclusiva, la actriz uruguaya narra cómo fue encarnar a uno de los íconos más populares del país. “Me sentí identificada y muy cercana a ella”, relata emocionada.

La película, dirigida por Lorena Muñoz, transita los seis años previos al accidente... Desde que Myriam Alejandra Bianchi decide renunciar a su trabajo como maestra jardinera y dedicarse a cantar.

El filme nos muestra la relación con su padre (de donde heredó el amor por la música), su matrimonio y el amor por sus dos hijos, cómo conoce al productor y músico Toti Giménez cuando acude a un casting, el nacimiento de la figura de “Gilda” y cómo tuvo que enfrentarse a todos los problemas y derribar innumerables prejuicios persiguiendo su sueño.

Con ustedes, Natalia

-Hasta ahora la película recibió muy buenas críticas.

-Para nosotros es muy importante el punto de vista de los periodistas. Está muy bueno que los críticos, que no tienen ningún tipo de sentimiento puesto en la obra, la vean y puedan decir que está buenísima. Porque hay mucha gente que piensa que uno la está vendiendo y el comentario de gente especializada hace que confíen en ella.

-No hay dudas de que estamos ante una gran película.

-Estoy muy contenta. Costó mucho, pero mucho trabajo hacerla. Desde el momento en que finalmente pudimos concretar el sueño y ya estaba el guión fue mucho laburo de composición. Y, por el otro lado, como además soy fan, fue como un sueño cumplido. Para hacer la película tuve que olvidarme de mi fanatismo, porque la intención siempre fue hacer un hecho cinematográfico. Que incluso el personaje tenga matices, contradicciones, que sea una personal real, con todo. Y para eso tenés que correrte de la fan y fue súper lindo para mí.

-Es un personaje muy fuerte, con mucha carga.

-Lo interesante de Gilda -y también seguramente es por eso que hace 20 años la gente la sigue queriendo y recordando- es que ella fue transgeneracional, transcultural, atravesó todas las escalas sociales y todos los gustos.

Claramente es alguien popular en el sentido más amplio de la palabra, porque la han mencionado músicos de rock, la cantan en las canchas aquí y en el mundo. No encuentro persona que no me diga que le encanta Gilda.

-¿Sentías presión por encarnarla?

-Para mí fue una enorme responsabilidad que la gente cuando se siente en la butaca la vea a ella. Pero en varios aspectos, porque yo también canto en la película y entonces la parte sonora era muy importante. Sacarle su forma de cantar, no solamente su tono sino también el color de la voz, cuándo respira y esas cosas propias de los cantantes.

-Hay momentos en que su voz te sale muy parecida.

-Canto en todas las tomas y de hecho hay muchas que son en vivo. Para mí todo lo que tenía que ver con la Gilda que la gente conoce, porque para mí el desafío de esta peli -que eran muchos y era muy riesgosa también- era que el filme no se quede sólo con el mito, con la parte exitosa, con las canciones y eso.

Son parte de este filme, pero lo más interesante justamente es la construcción de la mujer. Quién era ella como madre, como amiga, como maestra jardinera, y eso es algo que no se conoce, que no hay referencia. Entonces tenía que parecer Gilda sin maquillaje, sin la pollera colorada, era todo un tema.

Para eso claramente me ayudaron sus tres amigas, que fueron fundamentales. Y, por supuesto, su hijo Fabrizio que en principio confió en Lorena Muñoz y en mí para contar su historia. Eso fue algo que durante muchos años se quiso hacer y no se podía.

-¿Cómo hiciste para componerla?

-Una vez que su hijo nos dio el visto bueno, comenzamos a conocer a sus amigas, a sus músicos, que los habíamos convocado para ser parte del disco y de la banda de sonido y después terminaron actuando en la película. Todos los que sobrevivieron al accidente están en la banda. Sonidistas, sus fans, gente que te contaba cosas desde lo más privado, como por ejemplo cómo se sentía ella como mujer, si estaba enamorada o no, por qué compuso tal o cual canción, qué le gustaba y qué no, qué la enojaba.

Esa mirada tan personal de su gente cercana me hizo comprenderla y admirarla aún más. Y sentirme incluso, como seguramente le pasa a muchas mujeres, identificada. Era una persona que adoraba a sus hijos pero al mismo tiempo también su sueño, que tenía más que ver con encontrarse a ella que con cualquier otra cosa. Tan incomprendida, tanto prejuicio social, familiar.

En los noventa el ambiente de la cumbia era muy machista y lo que predominaban eran las curvas y la exuberancia, y Gilda siempre fue muy delicada en ese sentido y nunca transó con esa situación.

Cantaba muy dulce, componía sus propios temas, entonces tuvo todo ese prejuicio del ambiente en que ella estaba, al cual era completamente ajena pero evidentemente había nacida para eso. Y después el ambiente familiar: una chica de Devoto, maestra jardinera, casada con dos hijos, con una madre concertista de piano. Fue muy duro para ella que comprendieran que no le alcanzaba y quería algo más porque lo tenía adentro y necesitaba expresarlo.

-Lo que transmitís es un conocimiento muy vasto de su persona. Incluso sacaste muy bien sus movimientos de baile.

-Eso es muy fuerte porque lo más lindo que me pasó es que su hijo también lo notara. La devolución de él que también fuera desde un lugar de que yo le era fiel a ella. Y obviamente sus fans, sus compañeros.

En un punto confié en que la habíamos encontrado el día que me pusieron el vestuario de la canción “Corazón Valiente”, el del vestido violeta tan icónico. Salí porque íbamos a hacer una foto grupal con los músicos y se quedaron helados, no podían hablar.

Y luego cuando ensayábamos los temas me decían que bailaba igual. Eso fue claramente un trabajo de equipo, en cada rubro tuve gente que me acompañó, que me ayudó y confió. Yo, que tengo mi propia carrera, tuve que desandar todo lo mío, porque canto y bailo muy distinto.

Es como que le presté el corazón y ella me lo prestó a mí. Sobre todo en la mirada, como no soy imitadora y sí intérprete para mí lo más importante, en cine sobre todo, es la mirada, los ojos.

En el cine la cámara capta en seguida cuando vos estás pensando en otra cosa. Lo que quería era, de alguna manera, tener su luz, su energía para poder transmitirla a través de la mirada y el resto iba a venir solo.

-Claro, no parecés una persona imitando a Gilda sino una que la ama.

-Totalmente, en un punto es como que ella me prestó el cuerpo para que la pudiera interpretar. Todos los rubros hicieron un trabajo brillante, sobre todo la reconstrucción de época fue muy importante. No sólo hicieron el mismo vestuario de ella, sino que también lo reinterpretaron.

El desafío era que pudieran ver esta película en cualquier país en que quizás no la conozcan y la puedan disfrutar igual. Maquillaje, peinado, iluminación, la música, que el viernes salió la banda de sonido en formato digital y en disco. Todo es espectacular.

-Uno ve la película y durante días se le pegan todas las canciones, lo que presagia que va a ser un éxito.

-Ojalá, porque hay tanto corazón puesto de tanta gente. Y con alguien a quien se quiere mucho. Creo que Gilda se merecía una gran película. Estoy muy contenta de que la puedan disfrutar.

-Fuiste contemporánea de ella, aunque recién empezabas tu carrera.

A los 18 años empecé a escucharla, que coincide un poco con el momento de su mayor éxito y su partida. Siempre que pude la homenajeé.

A los 20 o 21 años lo hice por primera vez en Muñeca Brava: mi personaje se hacía una remera con su cara y dormía con ella, me ponía una pollera roja y cantaba sus temas en una bailanta, haciendo playback.

Recuerdo que una vez me habían invitado al carnaval de Gualeguaychú y me di cuenta de que esa era la ruta en donde está santuario y les dije que teníamos que parar ahí y fue hermoso. En Sos mi Vida canté la cortina Corazón Valiente, claro que nada parecida a la que grabé ahora.

De hecho en la banda de sonido hay dos canciones, una la de la película y otra en la que lo invité al Negro Rada a cantar haciendo un dúo en homenaje a ella. Hicimos fusión de cumbia con candombe y quedó espectacular.

-¿Tenés buenos recuerdos de Mendoza?

-Ahí filme Cleopatra (2003), y de hecho fue el director Eduardo Mignogna estando allí en Mendoza que me dijo un día, en el cual yo estaba un poco perdida con el personaje y tratando de encontrarlo más en lo superficial: “Natalia, confiá en tu mirada. El cine es la mirada”. Y a partir de ese momento me dio un arma fundamental para entender que el alma de los personajes se cuenta en la mirada. Y Mendoza es un lugar increíble, y sin caer en los lugares comunes, tienen una provincia maravillosa.

Antes que nada, una fan

“A los 18 años empecé a escucharla, que coincide un poco con el momento de su mayor éxito y su partida. Siempre que pude la homenajeé. A los 20 o 21 años lo hice por primera vez en Muñeca Brava: mi personaje se hacía una remera con su cara y dormía con ella, me ponía una pollera roja y cantaba sus temas en una bailanta, haciendo playback. Recuerdo que una vez me habían invitado al carnaval de Gualeguaychú y me di cuenta de que esa era la ruta en donde está santuario y les dije que teníamos que parar ahí y fue hermoso. En ‘Sos mi Vida’ canté la cortina Corazón Valiente, claro que nada parecida a la que grabé ahora”, recuerda la actriz uruguaya. Un trabajo hecho con el corazón.

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