1 de marzo de 2014 - 01:23

Que nadie crea que hay debilidad política

A menos de dos años de la finalización de su mandato, la presidenta Cristina Fernández tiene la comprensible necesidad de mostrar que conserva intacto su poder. Es una técnica básica de supervivencia que en política es imperioso utilizar. De allí que toda

El gobierno nacional viene de perder dos elecciones de medio término, en las que casi el 70 por ciento de los votantes lo hicieron en contra de sus candidatos.

Debió dar marcha atrás en cuestiones que habían sido presentadas como innegociables en el relato ideológico destinado a la militancia, entre ellas arreglos con el Fondo Monetario Internacional, el Club de París, los denominados fondos buitres o la indemnización a Repsol.

Tuvo que archivar la reforma judicial, tragarse sus deseos de eliminar al periodismo crítico y hasta reconocer la mentira de sus índices inflacionarios, entre muchas otras adversidades.

Ahora, luego de una fuerte devaluación del peso que impactó sin piedad en el poder adquisitivo de los salarios, y en vísperas de una vuelta más en el torniquete de un fenomenal ajuste, la Presidenta insiste en que su poder es el mismo de siempre.

Como si no fueran suficientes las palabras, se decidió a enfrentar al peronismo tradicional ordenando que en la línea de su sucesión, después del sospechado de corrupción Amado Boudou, se ubique el ex gobernador santiagueño Gerardo Zamora, expulsado de la UCR por traidor.

Todavía no

Es notable, pero puede decirse que la mayoría de las situaciones complicadas que ha debido enfrentar el gobierno en estos casi once años de gestión han sido generadas por el propio kirchnerismo. En el bloque de senadores oficialistas se reconoce que la designación de Zamora traerá problemas, pero ninguno de ellos se opuso con firmeza a la orden presidencial calificada por el jefe de Gabinete como estratégica.

"Todavía no es tiempo de rebeldías", confesó en forma reservada uno de los más importantes integrantes de la bancada. Eso sí, puso un especial énfasis en "todavía", sugiriendo que habrá más adelante un momento oportuno.

Sea por la situación judicial que enfrenta Boudou, que podría obligarlo a tomar licencia o renunciar, o por el deseo de Cristina de no concederle el segundo lugar sucesorio a un peronista, lo cierto es que la nominación de Zamora significa una indudable demostración de poder de la Presidenta.

El gesto deja en claro dos cuestiones: la confirmación de que Beatriz Rojkés de Alperovich, que ocupaba ese lugar hasta ahora, es de una inutilidad política manifiesta y no goza del respeto de sus pares, y la ratificación de que el titular del bloque, Miguel Ángel Pichetto, no es bien querido por la jefa del Estado.

El rionegrino, un leal a todos los gobiernos peronistas, de Carlos Menem, de Eduardo Duhalde, de Néstor Kirchner y ahora de Cristina, siempre tuvo la ilusión de ser gobernador de su provincia. El escollo permanente fue la Presidenta, desde que era senadora.

Ahora Pichetto está próximo al espacio que lidera Daniel Scioli, y cerca del gobernador bonaerense se lo menciona como un buen compañero de fórmula presidencial para 2015. Aunque también puede interpretarse la designación de Zamora como un castigo para él, que reunía todas las condiciones para ocupar ese lugar, Pichetto contribuyó a pacificar a sus colegas de bancada que se indignaron con la decisión presidencial.

La duda

Fuera de los entretelones de la interna política en la que se debate el kirchnerismo, se espera que hoy, al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta brinde algunas referencias sobre el curso que seguirán las decisiones económicas.

Las altas tasas de interés impuestas por el Banco Central para bajar las expectativas relacionadas con la compra de dólares, entre otras medidas, están produciendo una retracción del consumo y como consecuencia de ello una desaceleración de la actividad económica. Ronda el fantasma del estancamiento y en algunos sectores la producción ya se ha detenido.

La inflación real de febrero será tan elevada como la de enero y todos los gremios se disponen a discutir en paritarias salarios que contemplen ese deterioro. Allí está centrada la mayor preocupación, porque si el gobierno no facilita de manera correcta el cauce de las negociaciones, el conflicto social será inevitable.

Por eso hoy la Presidenta, además de su acostumbrado recuento de obras realizadas y de la defensa del modelo, deberá dar una hoja de ruta clara a recorrer en materia económica. ¿La tendrá?

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