8 de junio de 2013 - 21:51

Más nadadores que voladores

Como muchas aves, los pingüinos deben viajar un largo tramo entre los lugares donde se alimentan y sus zonas de reproducción. Pero en lugar de volar, nadan. Es un recorrido duro que ha dejado a los biólogos rascándose la cabeza para entender por qué estas

En lugar de estudiar a los pingüinos, un equipo encabezado por el biólogo Kyle Elliott, de la Universidad de Manitoba, en Winnipeg, Canadá, examinó especies de aves marinas nadadoras que aún poseen cierta habilidad de vuelo. Dentro de éstas figuró el cormorán pelágico (Phalacrocorax pelagicus), una especie que se autoimpulsa bajo el agua con patas palmeadas, y el arao de pico ancho (Uria lomvia), que aletea bajo el agua para nadar.

Los investigadores etiquetaron los araos con equipos que registraron la duración de las zambullidas, profundidad y temperatura, y a los cormoranes con bitácoras que midieron cambios de profundidad, temperatura y aceleración durante sus inmersiones.

También inyectaron a las aves agua etiquetada con isótopos. Cuando los investigadores examinaron las aves posteriormente, las etiquetas permitieron determinar cuánto bióxido de carbono y vapor de agua habían expelido desde que se introdujo el agua, calculando así la energía gastada para volar y nadar.

Después, el equipo comparó sus resultados con algunos que ya habían sido recabados para aves como gansos y pingüinos. Descubrieron que los araos y los cormoranes deben gastar una cantidad de energía excesivamente grande para volar, la más alta que se conoce entre todas las aves voladoras.

En lo que respecta a nadar, el costo de energía para los cormoranes que se impulsan con las patas fue mucho más alto del esperado para un pingüino de tamaño similar. El arao de pico ancho que se impulsa con las alas tenía costos de nado menores que los de los cormoranes, pero aun así 30 por ciento más altos que los de pingüinos experimentados del mismo tamaño. Los resultados aparecen publicados en la revista Proceedings de la Academia Nacional de las Ciencias.

Los descubrimientos revelan un panorama que muestra que el arao de pico ancho se ubica en un filo evolutivo. Elliot y sus colegas especulan que dado que las alas del arao siguen siendo para volar, forman cierto arrastre bajo el agua.

Además, su pequeño cuerpo, lo suficientemente ligero para permitirles tomar vuelo, se enfría más rápido que el cuerpo más grande de los pingüinos.

“Básicamente, tienen que achicar sus alas o crecer más para mejorar su nado, y ambas cosas harían imposible volar”, dice Robert Ricklefs, un ornitólogo de la Universidad de Missouri-St. Louis y coautor del documento de investigación.

Tema acalorado

No obstante, persisten dudas sobre cuánto están relacionados los costos de energía de las aves con el vuelo y nado ineficiente, y en cuánto se relacionan con permanecer tibios.

“El problema aquí es que los cormoranes y los araos pierden calor en formas muy distintas”, dice el ornitólogo Rory Wilson, de la Universidad de Swansea, Reino Unido.

“Los araos cargan mucho aire en sus plumas y emergen secos de las zambullidas, mientras que las plumas de los cormoranes se empapan”, señala. Wilson subraya que los cormoranes de hecho pudieran ser voladores razonablemente eficientes pero en este estudio parecen ineficientes porque están usando mucha energía para manejar un aire frío que choca contra sus cuerpos húmedos.

Otros coinciden con el equipo de Elliot. “Es muy bueno ver tan claro que el vuelo se sacrifica para mejorar la habilidad de nado”, dice James Lovvorn, ornitólogo de la Universidad del Sur de Illinois, en Carbondale. “Ahora, lo que realmente necesitamos es un experimento que específicamente considere los costos de mantenerse caliente”, agrega.

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