28 de diciembre de 2014 - 00:00

Nada de paz, nada de amor

Francisco Pérez termina 2014 con la amarga sensación de haber iniciado su declive político. A menos de un año de la entrega del mando a su sucesor, el gobernador ya experimenta eso que los analistas especifican como la licuación del poder.

Una lenta e inexorable pérdida de voz de mando cuyos efectos más concretos se traducen en el cuestionamiento al líder, en un contexto de dificultades financieras y sus derivados problemas de gestión.


Cuando la lealtad es sólo un relato
La forzada confirmación, alumbrada ayer tras  el cónclave en Casa de Gobierno, donde quedó en claro que al menos siete comunas conducidas por el peronismo desengancharán sus comicios de los provinciales y los nacionales, es un duro cachetazo al plan imaginado por Pérez, a la sazón, también jefe político del PJ en la provincia.

Maipú, Las Heras, San Rafael, Guaymallén, Luján, Malargüe y Tupungato son departamentos con realidades distintas pero con urgencias similares.

Los tres primeros albergan los intereses de precandidatos a gobernador como Adolfo Bermejo, Rubén Miranda y Omar Félix quienes, a través de delfines consolidados u oportunas rotaciones como suponen Alejandro Bermejo, Carlos Ciurca y Emir Félix, tienen todo para ganar sus terruños.

Mientras, hay otros del batallón desdoblador que buscarán ratificar sus gestiones sin ningún arrastre ni ayuda externa, lo que pone en riesgo el poder de Carlos López Puelles y Luis Lobos, principalmente, cuyas administraciones son objeto de serios cuestionamientos.

Finalmente, de las comunas mencionadas, las que conducen Juan Agulles y Joaquín Rodríguez son las que parecen tener un contexto más manejable.

En todo caso, la decisión, apuntalada como en un scrum por los intendentes y con el guiño del vice Ciurca, es una reacción lógica e inteligente desde lo pragmático, pero seguramente fuente de más complicaciones para el oficialismo específicamente en la pelea por la Gobernación en 2015, y directamente lapidaria para las aspiraciones y proyecciones nacionales del gobernador.

La dirigencia del justicialismo entiende que hoy Pérez (a quien respetan en su investidura y valoran su capacidad de trabajo) es un dirigente contradictorio y antojadizo, cuya imagen pública sólo parece transmitir sus traspiés y desbordes emocionales.

Por otra parte, perciben que el escenario nacional, como ya fue en 2013 aunque agravado, tampoco permite mayores márgenes de maniobra, y que todo ese combo casi los “obliga” a tener que desdoblar las elecciones si desean mantener sus territorios, pero también las expectativas del peronismo después de 2015.

No es sólo un capricho personal o mero instinto de supervivencia la decisión a la que podrían sumarse en breve otras comunas peronistas como San Martín, Lavalle, Santa Rosa, Tunuyán y General Alvear, aún remisas.

Está también -dicen- la posibilidad de asegurar por cuatro años más la mayor cantidad de municipios para el PJ, preparándose incluso para el peor escenario: perder la provincia.

Es en estos momentos en los que en el entorno de Pérez se lamentan haber llegado al sillón de San Martín casi sin construcción política propia, bendecido por el dedo todopoderoso de Juan Carlos Mazzón y la anuencia de las principales figuras del PJ. Pero si de algo también están convencidos en el oficialismo es que ya es tarde para lamentos.

La virulenta rebelión de intendentes peronistas concretada ayer, de la tropa propia que se cansó de ser ejecutor de una estrategia política que al menos en los años en los que Pérez ha estado al frente del gobierno ha resultado deficitaria, es crucial para entender la magnitud del debate interno que carcome las estructuras del PJ.

Un partido que ostenta a la lealtad como un emblema incombustible, pero que -pruebas al canto- no parece haber sido puesta en práctica con el compañero Pérez. ¿Tampoco con Daniel Scioli? Ayer por la tarde desde La Plata ya se quejaban por la decisión mayoritaria del PJ de Mendoza de no poner todo su poderío al servicio de la “ola naranja”.


Tú ejecutas, yo presupuesto
Durante la semana que pasó, Pérez también cosechó la siembra de su incomprensible negación a establecer acuerdos razonables o posibles con la oposición (como si acaso la experiencia de este año que termina no hubiera sido suficiente para saber que de ninguna manera, por imperio de la distribución legislativa, podía imponer una pauta de gastos -mucho menos una nueva autorización de endeudamiento- sin el aval del radicalismo).

Es sorprendente cómo el gobierno de Pérez siempre termina condicionado y enredado con los propios escenarios que desde sus entrañas se encarga de fomentar y construir.

Le pasó con la minería a la que primero convirtió en tabú y luego quiso presentar como la solución mágica ante la crisis. Pero también con su obstinación por desconocer el poderío de la oposición. O más incomprensible aún, el veto al financiamiento de las PASO tras haber impulsado la ley provincial a imagen y semejanza de la legislación nacional.

Durante gran parte de este año, los funcionarios de Pérez buscaron agudizar la interna del radicalismo y, hasta con sorna, imploraban que la UCR celebrara su congreso partidario para que de allí surgiera un líder claro que pudiera ser un interlocutor válido ante el Gobierno.

Ese congreso finalmente impuso, como se preveía, la figura de Alfredo Cornejo cuya muestra de su ascendencia pudo verse en la casi insólita aprobación en la Cámara de Diputados de la versión opositora del Presupuesto que había enviado el Ejecutivo.

La atípica sesión de Diputados del lunes pasado que desató la penúltima rabieta de Pérez (la última es la constatación ayer de que efectivamente los caciques del PJ se cortarán solos) aún no ha sido del todo analizada. Tanta búsqueda de acuerdos y tantas promesas de no repetir lo sucedido en este año que agoniza tampoco dio resultados.

El apuro o la impericia hizo que se llegara a la sesión especial sin acuerdos sólidos que tambalearon e hicieron desbarrancar al justicialismo al abandonar el recinto con la intención de hacer “caer” el encuentro, pero que -especialmente- otorgaron a la UCR una media sanción del paquete fiscal con el que esperan, fortalecidos, lo que decida ahora el Senado.

Sin embargo, cuesta creer que nadie en el oficialismo se haya percatado que con la presencia de la diputada massista Evangelina Godoy, la UCR no sólo tenía quórum, sino también ganaba la partida en la Cámara baja. Resulta ingenuo pensar que tan grueso detalle no haya sido advertido.

Mucho más cuando el controvertido artículo 1 del Presupuesto “radical” contiene el financiamiento de las PASO que el propio peronismo -siempre en privado- se negaba a ratificar con el decreto del veto pergeñado en Casa de Gobierno y que contradecía el espíritu de la ley que esos mismos diputados habían votado.

Con la mira ahora puesta en el Senado, allí la tríada de leyes que conforman Avalúo, Impositiva y Presupuesto 2015, se volvería a trabar sin plazos como hace un año. Especialmente, la pauta de gastos para el año próximo esperaría mejores vientos.

Tal como en enero de 2014, sería el mismo oficialismo con Ciurca a la cabeza, el que tomaría la decisión de decir nuevamente a Pérez que tampoco su último Presupuesto saldrá en tiempo y forma.

Por Luis Abrego - [email protected]

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