A lo largo de meses de acres negociaciones con acreedores, el gobierno de izquierda en Grecia se ha presentado como la víctima de un elitista orden político y financiero atenido a los sumamente ricos de Europa, notablemente los alemanes.
A lo largo de meses de acres negociaciones con acreedores, el gobierno de izquierda en Grecia se ha presentado como la víctima de un elitista orden político y financiero atenido a los sumamente ricos de Europa, notablemente los alemanes.
Sin embargo, algunos de los oponentes más determinados de darle cierta flexibilidad al primer ministro Alexis Tsipras y su partido Syriza han sido las naciones más privadas de Europa, como Bulgaria, el miembro más pobre de la Unión Europea, y estados del Báltico arruinados tras décadas de penuria impuesta por los soviéticos.
“Somos mucho más pobres que los griegos pero hemos llevado a cabo reformas”, dijo Rosen Plevneliev, el presidente de Bulgaria, vecino norteño de Grecia, en una entrevista. “Cuando hay un problema, es necesario abordarlo y no mandarlo a Bruselas o alguien más”, dijo, burlándose de las quejas de Syriza en el sentido que Europa había decepcionado a Grecia.
El partido Syriza, tendiente a la izquierda, ha ganado aplausos de una diversidad de grupos de izquierda en Europa, pequeños en su mayoría, por ir en contra de lo que condenan como la tiranía de mercados impulsados por la codicia y tecnócratas elitistas. El partido también ha sido vitoreado por insurgentes de la derecha como Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, quienes se regocijan ante las complicaciones de Grecia y consideran que son prueba de que el orden establecido de Europa se está desmoronando.
The Daily Telegraph, diario conservador de Gran Bretaña que asume una perspectiva sombría de la Unión Europea, publicó un comentario el pasado fin de semana en el que lamentó las “creencias marxistas” de Tsipras pero aplaudió su negativa “a ser arrollado por los actuales poderes corporativistas de la UE”.
Sin embargo, la brecha entre la propia imagen de Syriza como el defensor de los infortunados y la realidad de que los países europeos en peores condiciones han demostrado poca o ninguna simpatía han expuesto un defecto fundamental en el centro de una estrategia de negociación condenada al fracaso, la cual ha empujado a Grecia al extremo de un abismo.
De igual forma, ha profundizado la furia en Bruselas, oficinas centrales del brazo ejecutivo de la Unión Europea, y en Berlín ante repetidas acusaciones de Tsipras en el sentido que los acreedores están intentando “chantajear” a Grecia y poner de cabeza la decisión democrática tomada por electores griegos en enero, cuando eligieron al Syriza, que llevó una campaña con promesas de ponerle fin a años de agobiante austeridad.
Tsipras regresó a su línea de ataque en un mensaje por televisión en la noche del domingo, en el cual anunció que los bancos griegos no abrirían el lunes. Pitorreándose del Banco Central Europeo por haberse negado a incrementar la ayuda de emergencia para bancos griegos, dijo que la acción del banco “no tuvo más propósito que chantajear la voluntad del pueblo griego”.
Sin embargo, visto desde Bulgaria y otros países más pobres en Europa, el sufrimiento de Grecia tras cinco años de dolorosa austeridad solo genera cortantes comparaciones.
Cuando el ministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, en una ronda temprana de negociaciones en Bruselas, se quejó de que las pensiones griegas ya no podían sufrir más recortes, su colega de Lituania le recordó secamente que los pensionados lituanos sobrevivían con mucho menos.
“Grecia no es percibido como si estuviera sufriendo mucho”, dijo Ognyan Georgiev, uno de los editores en Kapital, diario búlgaro de negocios. “Para nosotros, se ve muy atractivo. Ellos tienen el mar, ellos tienen grandes pensiones, y ellos tienen una vida que parece mejor que la que nosotros tenemos”.
Alemania, la mayor economía de Europa y el mayor acreedor de Grecia, indudablemente ha desempeñado un papel prominente en la resistencia a las demandas de Syriza por una aguda reducción de la austeridad, pero se le han sumado en esto, con unos cuantos matices de tono, todos los otros miembros de la Unión Europea.
Raoul Ruparel, codirector de Open Europe, grupo de investigación en Londres, dijo que Syriza, aunque hace bien en concentrarse en la importancia de la decisión democrática del pueblo, había pasado por alto el hecho de que todos los gobiernos en Europa deben responder a los electores. “La democracia es el punto crucial, pero esto significa no solo los electores griegos sino aquellos a lo largo de Europa”, dijo.
En una entrevista con la estación de televisión pública de Alemania ZDF el sábado 21 de junio, el ministro de finanzas de Alemania, Wolfgang Schauble, hizo énfasis en que el referendo de hoy al que convocó Syriza sobre si se aceptan las propuestas de rescate les da una voz a los electores griegos, pero no será obligatorio para el contribuyente fiscal en Alemania y otras partes.
Después de hacer alarde en febrero de que “ya no tenemos a este grupo unificado en contra de Grecia”, Varoufakis, el ministro de Finanzas de Grecia, reconoció en un mensaje de abril por Twitter que Grecia había quedado sin amigos. Citó un comentario del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en 1936: “Ellos son unánimes en su odio hacia mí; y doy la bienvenida a su odio”.
En Bulgaria, incluso políticos que vitorearon cuando Syriza llegó al poder en enero y que buscaron impulsar su propia suerte imitando sus peroratas en contra de la ortodoxia “neoliberal”, ya guardaron silencio ahora o buscaron distanciarse del experimento griego.
Velizar Enchev, miembro del Parlamento de Bulgaria que anunció en abril que se separaría de una alianza nacionalista para formar una Primavera Búlgara, con el modelo de Syriza, ahora dice que su empresa conjunta había sido malentendida y que a él realmente nunca le había gustado tanto Syriza.
En un mensaje en Bruselas la semana pasada antes del comienzo de una reunión cumbre de la Unión Europea, el primer ministro de Bulgaria, Boiko Borisov, se quejó diciendo que estaba harto de tanto tiempo dedicado a la necesidad griega de fondos de rescate para pagar sus cuentas cuando otros países tienen tantos problemas propios.
“Nosotros, de igual forma, queremos dar más dinero para salarios y pensiones, pero estamos manteniendo esta disciplina financiera”, dijo Borisov; “yo me opongo categóricamente a cualquier demora y compromiso” para Grecia.