14 de agosto de 2026 - 22:15

Una pareja vive hace 30 años en una casa en el desierto y crearon un oasis con energía solar y agua de lluvia

David y Pearl Omick construyeron su pequeña casa en el desierto en solo tres semanas y la rodearon de sistemas para producir agua, energía y alimentos.

A primera vista, la vivienda de David y Pearl Omick parece pequeña para convertirse en un hogar permanente. Tiene apenas 128 pies cuadrados, unos 12 m² y está en pleno desierto de Sonora, en Estados Unidos. Sin embargo, la pareja consiguió vivir allí casi 30 años y convertir el terreno en algo muy distinto de lo que encontraron al llegar.

La clave no estuvo en agrandar la casa. Hicieron exactamente lo contrario. Mantuvieron una estructura mínima y llevaron buena parte de la vida cotidiana hacia el exterior, donde instalaron sistemas para aprovechar el sol, recoger agua de lluvia, cultivar alimentos y reducir al máximo los gastos y la dependencia de servicios externos.

La pareja comenzó a experimentar con este tipo de soluciones a principios de la década de 1990.

La pareja comenzó a experimentar con este tipo de soluciones a principios de la década de 1990.

Una casa diminuta que construyeron en solo tres semanas

David y Pearl levantaron la vivienda en apenas tres semanas, con una inversión aproximada de 6.000 dólares estadounidenses en aquel momento. El resultado fue una estructura portátil de unos 2,4 metros de ancho por 4,9 metros de largo, pensada desde el comienzo para ser económica, sencilla y fácil de trasladar.

Durante las décadas siguientes, la pareja llegó a mover la estructura varias veces. Una de las ideas centrales del proyecto era poder cambiar de lugar sin dejar una gran huella sobre el terreno. En lugar de construir una vivienda cada vez más grande y permanente, optaron por conservar una estructura básica y adaptar el espacio que la rodeaba.

La casa, entonces, no debía contener toda la vida de sus habitantes. Solo necesitaba proteger aquello que realmente lo requería.

Qué contiene el interior de la casa

  • La cocina, por ejemplo, no depende exclusivamente del pequeño interior. La pareja utiliza un horno solar y dispone de un fregadero exterior para lavar los platos.
  • También cuenta con una ducha al aire libre y una especie de despensa construida a partir de un barril para almacenar alimentos.
  • Ese diseño puede parecer extraño para alguien acostumbrado a una vivienda convencional, pero tiene sentido dentro del proyecto. En un clima donde gran parte de la vida puede desarrollarse fuera de las paredes, ampliar el edificio no necesariamente aporta una solución mejor.

David y Pearl fueron resolviendo cada necesidad por separado. En lugar de instalar todo dentro de una casa cada vez más grande, aprovecharon el terreno como una extensión de esos 12 m².

Cómo transformaron el desierto en un pequeño oasis

  • Alrededor de la casa, David y Pearl desarrollaron un sistema que combina varias soluciones sencillas. Una de las piezas principales es la energía solar, que permite generar electricidad sin depender de una conexión convencional a la red.
  • También instalaron un sistema para recoger agua de lluvia, además de un calentador de agua solar. El conjunto se completa con bancales elevados destinados al cultivo y estructuras para hacer compost con residuos orgánicos.
  • La idea no es que cada sistema funcione de manera aislada. El agua, la energía, los alimentos y los residuos forman parte de una misma estrategia para aprovechar al máximo los recursos disponibles.
  • El pequeño huerto, por ejemplo, permite producir algunos alimentos en el mismo terreno. El compost devuelve materia orgánica al suelo y ayuda a mantener la zona de cultivo. El agua de lluvia se convierte en un recurso que puede almacenarse en lugar de depender exclusivamente de fuentes externas.

Una forma de vivir que nació de probar soluciones durante décadas

La vivienda de David y Pearl no apareció como un proyecto terminado desde el primer día. Buena parte de lo que funciona actualmente fue resultado de años de pruebas, modificaciones y aprendizaje.

La estructura inicial era simple y económica. Con el tiempo, la pareja fue incorporando los elementos necesarios para resolver problemas concretos: cómo conseguir agua, cómo producir energía, cómo cultivar, cómo cocinar y cómo aprovechar los residuos.

Ese proceso también evitó que la vivienda se convirtiera en una acumulación de objetos o instalaciones innecesarias. Cada incorporación tenía una función concreta y debía encajar dentro de una forma de vida que ya estaba pensada para consumir poco.

El proyecto logró gastar poco, utilizar materiales accesibles, aprovechar recursos naturales y mantener la posibilidad de cambiar de lugar.

El proyecto logró gastar poco, utilizar materiales accesibles, aprovechar recursos naturales y mantener la posibilidad de cambiar de lugar.

La historia de David y Pearl Omick demuestra que una vivienda pequeña puede funcionar de una manera muy distinta a la esperada. En 12 m² concentraron lo indispensable y utilizaron el exterior para completar el resto.

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