22 de septiembre de 2026 - 09:54

El Mar de Aral se secó y dejó un desierto: Kazajistán recuperó una parte con agua y Uzbekistán plantó millones de árboles contra el polvo

Las tormentas de polvo generan pérdidas de 44,2 millones de dólares anuales en Karakalpakistán mientras se busca contener el daño ambiental en el lecho seco.

El Mar de Aral, que alguna vez fue el cuarto lago más grande del planeta, quedó reducido a un desierto de 60.000 kilómetros cuadrados debido al desvío de sus ríos para el riego agrícola soviético. Frente a esta catástrofe ambiental, Kazajistán y Uzbekistán impulsan estrategias de recuperación radicalmente distintas para la región.

Durante la década de 1960, las autoridades soviéticas canalizaron las aguas de los ríos Amu Daria y Sir Daria para regar cultivos de algodón. La falta de caudal provocó que el lago perdiera la mayor parte de su volumen, dividiéndose hacia el año 2000 en cuencas aisladas y dejando barcos pesqueros encallados en la arena.

¿Cómo intentan Kazajistán y Uzbekistán recuperar el Mar de Aral?

La respuesta de ambos países muestra dos visiones sobre la restauración ambiental. Kazajistán construyó en 2005 la presa Kok-Aral, de casi trece kilómetros de longitud, para retener el agua en la cuenca norte y permitir la recuperación del ecosistema acuático. Por su parte, Uzbekistán optó por plantar 4,2 millones de acres de vegetación resistente sobre el lecho expuesto para contener las severas tormentas de polvo.

El impacto del secado va más allá del paisaje desértico. El viento arrastra partículas contaminadas con sal y residuos agrícolas desde el fondo seco del lago hacia zonas habitadas y campos de cultivo. Según estimaciones del Banco Mundial, las tormentas de arena y polvo generan pérdidas anuales de 44,2 millones de dólares solo en la región de Karakalpakistán.

¿Qué riesgos deja el lecho seco del Mar de Aral?

El retroceso del agua dejó expuesta la antigua isla de Vozrozhdeniye, un sitio utilizado por la Unión Soviética para pruebas de armas biológicas que albergaba depósitos de ántrax y peste. La desaparición del canal que la separaba del continente en 2001 motivó acuerdos bilaterales para neutralizar las esporas residuales y desmantelar instalaciones de laboratorio.

La reforestación del lecho marino presenta complejos retos técnicos. El investigador forestal Turaxon Ziyotov señaló que "condiciones más húmedas podrían producir tasas de supervivencia de entre el 50% y el 70%, mientras que las bajas precipitaciones podrían reducir esa cifra a alrededor del 30%". La experiencia demuestra que recuperar el entorno no exige reconstruir exactamente lo que se perdió, sino hacer habitables y seguras las nuevas tierras secas.

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