En medio del Atlántico Norte existe una vasta extensión de agua de tres millones de kilómetros cuadrados que desafía la definición tradicional de mar. El Mar de los Sargazos carece por completo de costas continentales, playas o puertos, y sus límites invisibles están determinados de manera exclusiva por el movimiento de cuatro corrientes oceánicas interconectadas.
Ubicado a 950 kilómetros al este de Florida, teniendo a las islas Bermuda como el punto terrestre más cercano en su extremo occidental, este territorio marino mide unos 1.100 kilómetros de ancho por 3.200 kilómetros de largo. Su perímetro continuo lo conforman la Corriente del Golfo al oeste, la del Atlántico Norte al norte, la de Canarias al este y la Corriente Ecuatorial del Atlántico Norte al sur.
¿Qué hace único al Mar de los Sargazos?
Este aislamiento hidrológico le otorga propiedades físicas singulares dentro del océano. Con una profundidad media de 5.000 metros y temperaturas en la superficie que oscilan entre los 18 y los 28 grados Celsius, sus aguas destacan por una transparencia excepcional que permite alcanzar una visibilidad de hasta 61 metros de profundidad.
En la superficie prospera la Sargassum, un alga flotante de color marrón dorado que le da nombre a este mar. Al no estar sujeta al lecho marino, esta planta forma espesas esteras flotantes que constituyen un hábitat vital en mar abierto. Allí encuentran refugio y alimento peces pequeños, cangrejos, camarones y crías de tortugas marinas. Además, la zona funciona como el sitio de reproducción inicial para las anguilas europeas y americanas antes de emprender su migración hacia aguas dulces distantes.
¿Por qué temían los navegantes al Mar de los Sargazos?
Durante siglos, las condiciones meteorológicas del área y la calma constante de sus corrientes representaron un riesgo para la navegación a vela. Los marineros temían quedar inmovilizados por la falta de viento y morir de inanición en alta mar. En su viaje de 1492, Cristóbal Colón y su tripulación experimentaron ese temor al atravesar estas aguas serenas rodeadas de vegetación flotante.
La perspectiva actual es muy distinta para el turismo y el transporte marítimo. Los transatlánticos modernos navegan con suavidad sobre este mar sin fronteras visibles ni puertos de entrada. Aunque resulta imposible considerarlo un destino turístico convencional, miles de pasajeros en vuelos o embarcaciones cruzan diariamente sus límites invisibles sin percatarse del ecosistema protegido que se despliega bajo la superficie.