Millones de turistas visitan cada año la Estatua de la Libertad y suben hasta su corona, pero nadie ha logrado pisar el balcón de la antorcha en los últimos 110 años. El acceso por escalera permanece clausurado desde 1916 tras un masivo acto de sabotaje militar en suelo estadounidense que destruyó un depósito cercano.
En la madrugada del 30 de julio de 1916, agentes del Imperio Alemán provocaron un incendio en la terminal de municiones Black Tom, ubicada en el puerto de Nueva York a solo 800 metros del monumento. A las 2:08 a.m., cerca de dos millones de libras de pólvora y explosivos destinados a Gran Bretaña y Francia detonaron en un estallido equivalente a un sismo de magnitud 5, que se sintió a decenas de kilómetros.
La detonación de Black Tom y la metralla que afectó el brazo
La onda expansiva provocó destrozos masivos en Manhattan, destruyó ventanas y lanzó fragmentos de acero contra la piel de cobre del monumento. El impacto se concentró en el brazo derecho levantado, una zona frágil cuya estructura interna ya presentaba una leve desalineación desde su ensamblaje original en 1886. La reparación de los daños se evaluó en unos 100.000 dólares de la época, una cifra superior a los dos millones de dólares actuales.
Ante el riesgo estructural, las autoridades cerraron de inmediato la escalera de 12 metros que conduce al mirador superior. A lo largo de un siglo, el monumento atravesó remodelaciones profundas en 1938 y durante su centenario en la década de 1980. Asimismo, superó cierres prolongados tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, la antorcha jamás volvió a abrirse al público.
Reparaciones, indemnizaciones millonarias y la antorcha actual
Durante la restauración de 1984, la pieza metálica original fue retirada y trasladada al museo ubicado en la base de la isla, donde los visitantes pueden observarla de cerca. En su lugar se instaló una réplica cubierta con pan de oro. En la actualidad, solo el personal del Servicio de Parques Nacionales sube por la estructura interna para realizar el mantenimiento de los proyectores de iluminación.
El proceso legal por el ataque fue uno de los más largos de la historia diplomática. Alemania fue declarada responsable en 1939 y acordó en 1953 el pago de una indemnización de 50 millones de dólares. Los últimos desembolsos se completaron recién en 1979, 63 años después de las detonaciones. Hoy, la tranquilidad de la bahía oculta una huella histórica silenciosa: el balcón más famoso del mundo permanece vacío como testimonio de un sabotaje bélico.