12 de agosto de 2026 - 18:25

Científicos hallan 200.000 barriles de residuos radiactivos en el fondo del océano Atlántico

Científicos realizaron una investigación en aguas profundas que permitió localizar miles de barriles y detectar señales de sustancias radiactivas en el océano.

El fondo del Atlántico Norte conserva una parte de una de las prácticas más controvertidas del pasado: el vertido de residuos radiactivos en aguas internacionales. Las expediciones más recientes por unos científicos permitieron cartografiar miles de barriles a gran profundidad y observar su estado después de décadas bajo el agua.

Los científicos buscan ahora determinar qué sucede alrededor de estos recipientes y si las sustancias procedentes de los residuos están afectando al ecosistema marino. Las primeras observaciones revelaron señales que requieren un análisis más detallado.

La presencia de vida marina sobre los barriles también será analizada para determinar si los organismos están acumulando sustancias procedentes de los residuos.

La presencia de vida marina sobre los barriles también será analizada para determinar si los organismos están acumulando sustancias procedentes de los residuos.

Dónde están los barriles y cómo fueron encontrados

La zona investigada se encuentra aproximadamente a 1.200 kilómetros al oeste de La Rochelle, Francia, en el Atlántico Norte. Allí fueron depositados residuos radiactivos entre las décadas de 1970 y 1980, en una región de aguas internacionales que alcanza profundidades superiores a 4.700 metros.

Las estimaciones hablan de más de 200.000 barriles distribuidos sobre una superficie aproximada de 14.500 kilómetros cuadrados. Aunque algunas fotografías tomadas durante la década de 1980 ya habían registrado estos objetos, durante mucho tiempo no existió un mapa preciso que permitiera conocer su distribución.

  • El proyecto NODSSUM realizó nuevas expediciones durante 2025 y 2026 para estudiar el área. En la primera etapa, los investigadores utilizaron UlyX, un robot submarino autónomo capaz de descender a más de seis mil metros de profundidad.
  • El equipo hizo recorridos a unos 70 metros sobre el lecho marino y empleó un sonar de alta resolución para identificar los objetos. En una superficie de aproximadamente 165 kilómetros cuadrados localizaron 3.500 barriles, una zona que representa menos del 2% del área total donde se produjeron los vertidos.
  • Los objetos aparecían distribuidos siguiendo las rutas utilizadas por los barcos que transportaban los residuos. Después, UlyX se acercó entre ocho y diez metros del fondo para obtener fotografías detalladas de unos 50 barriles.
Las muestras obtenidas permitirán comparar las zonas directamente afectadas con sectores donde no existen recipientes.

Las muestras obtenidas permitirán comparar las zonas directamente afectadas con sectores donde no existen recipientes.

Barriles deteriorados y señales de contaminación

La segunda expedición permitió observar directamente varios de los recipientes mediante el submarino tripulado Nautile. Las imágenes mostraron que algunos barriles presentan un deterioro considerable después de décadas en el fondo del océano.

En determinados casos, los investigadores observaron material que parecía salir de los recipientes y extenderse sobre el sedimento. Los barriles también estaban cubiertos por organismos marinos, entre ellos anémonas, esponjas y cangrejos.

  • Los científicos recogieron 400 kilogramos de muestras de suelo, agua y organismos en cinco sectores próximos a los barriles. También tomaron muestras en áreas alejadas para establecer comparaciones y determinar si existían diferencias asociadas con la presencia de los residuos.
  • Los análisis detectaron indicios de sustancias radiactivas relacionadas con actividades humanas. Entre ellas aparecen cobalto-60 y niobio-94, además de cesio-137 y americio-241. Los investigadores también encontraron radionúclidos de origen humano en sedimentos recogidos lejos de los recipientes.
  • Las concentraciones registradas fueron superiores a las esperadas para determinadas zonas de aguas profundas. Sin embargo, los investigadores continúan analizando las muestras para establecer con mayor precisión el origen, distribución y posible impacto de estos elementos.

Qué buscan descubrir los científicos

El objetivo de NODSSUM no consiste en retirar los barriles del océano, sino en comprender qué ocurre con ellos y con el ecosistema que los rodea. Sacar miles de recipientes desde profundidades extremas implicaría una operación de enorme complejidad y también podría generar nuevos riesgos.

Por eso, una parte fundamental del proyecto consiste en estudiar la evolución de los materiales, los sedimentos y los organismos que viven cerca de los barriles. El estado de los recipientes puede aportar información sobre cómo se degradan después de permanecer durante décadas en condiciones de presión, oscuridad y bajas temperaturas.

Las próximas investigaciones serán importantes para establecer hasta dónde se ha extendido la contaminación y qué impacto tiene sobre el fondo marino. Después de más de medio siglo, los barriles siguen formando parte de un experimento involuntario a escala oceánica cuyo comportamiento los científicos recién ahora pueden observar con mayor precisión.

LAS MAS LEIDAS