China inició en 1978 uno de los mayores experimentos de reforestación del planeta. La denominada “Gran Muralla Verde” buscaba contener el avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán mediante una extensa barrera de vegetación que atravesara el norte del país.
Casi cinco décadas después, la superficie arbolada aumentó de manera extraordinaria, pero los científicos empezaron a mirar algo más que la cantidad de árboles.
El problema es que un bosque natural y una plantación de árboles no son ecológicamente equivalentes. Un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment encontró que, mientras las plantaciones crecieron en China entre 1990 y 2020, los bosques naturales se volvieron progresivamente más fragmentados.
China ganó árboles, pero perdió parte de sus bosques naturales
Entre 1990 y 2020, China perdió aproximadamente 219.100 kilómetros cuadrados de bosque natural, mientras incorporó unos 447.500 kilómetros cuadrados de bosques plantados. A simple vista, el balance de cobertura arbórea puede parecer favorable; al separar ambas categorías, el panorama cambia.
Los investigadores comprobaron que la fragmentación de los bosques naturales aumentó, mientras que en los bosques plantados y en el conjunto de todas las superficies forestales los indicadores agregados parecían mejorar. Esta diferencia puede ocultar el deterioro de ecosistemas nativos detrás de una expansión general del color verde en los mapas.
Más de la mitad de las nuevas plantaciones analizadas se instalaron sobre bordes de bosques naturales y otra proporción apareció muy cerca de ellos. En determinadas zonas, esto creó nuevos límites, huecos y divisiones dentro de masas forestales que antes estaban conectadas.
Por qué plantar un árbol no siempre equivale a recuperar un bosque
Un bosque natural posee árboles de distintas edades y especies, sotobosque, microorganismos, fauna y relaciones ecológicas desarrolladas durante décadas o siglos. Una plantación comercial puede estar integrada, en cambio, por una o dos especies repetidas y manejadas para producir madera, caucho, té u otros bienes.
El estudio detectó casos especialmente relevantes en el sur de Yunnan y el centro de Hainan, donde la expansión de plantaciones de caucho, té y eucalipto coincidió con la sustitución o fragmentación de áreas naturales. Los autores advierten que la ubicación y composición de los nuevos árboles importa tanto como la cantidad plantada.
Esto no significa que todos los programas chinos hayan sido perjudiciales. El Programa de Protección de Bosques Naturales, lanzado en 2000, mostró el efecto contrario: las áreas alcanzadas por esa política presentaron menores aumentos de fragmentación que las regiones sin la misma protección.
Qué pasó con la llamada “Gran Muralla Verde”
El programa iniciado en 1978 persigue un objetivo diferente y se concentra fundamentalmente en el norte árido de China. El proyecto creó un corredor forestal de miles de kilómetros destinado a reducir erosión, recuperar tierras degradadas y contener tormentas de arena.